XXX Domingo T.O

Oración después de la comunión

Que tus sacramentos, Señor, efectúen en nosotros lo que expresan, para que obtengamos en la realidad lo que celebramos ahora realmente. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Hemos recibido la sagrada comunión, al mismo Cristo Jesús. ¿Qué expresa? ¿A qué en realidad estamos obligados? ¿Qué exigencias o qué frutos de salvación debemos dar para que no recibamos la comunión en vano? La frecuente comunión -por una parte saludable- puede convertirse en rutina, si no estamos atentos y no avivamos la fe. Caminar con Jesús, tener conciencia de nuestra dignidad de hijos de Dios alimentados gratuitamente por Dios Padre, que nos da en alimento a su Hijo, es fruto de la comunión. Ésta rehace nuestras fuerzas espirituales y hasta físicas, si dejamos que el amor sincero crezca. Trabajar empujados por el amor es garantía de éxito seguro en el futuro cielo.

“Tú, Señor, eres nuestra esperanza,

tú eres nuestra fe,

tú eres nuestra caridad,

tú eres toda nuestra dulzura,

tú eres nuestra vida eterna”.

    (San Francisco de Asís: Alabanzas al Dios Altísimo)

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