XXXII Domingo T. O

Oración después de la comunión
Alimentados con el don sagrado, te damos gracias, Señor, invocando tu misericordia, para que, mediante la acción de tu Espíritu, permanezca la gracia de la verdad en quienes penetró la fuerza del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
P. Ruiz Verdú OFM
Como somos olvidadizos, se nos recuerda que el pan recibido es el más grande y excelente regalo que Dios Padre nos hace, porque es su Hijo, y no posee otro mejor. ¿Podemos darle gracias según Dios se merece…? Dada nuestra pobreza, no material, sino espiritual, estamos muy lejos de ello; sin embargo, debemos agradecer el don recibido. Convencidos de esto, invocamos su misericordia: que ella actúe en nosotros mediante la acción del Espíritu. Esta acción del Espíritu tiene una finalidad muy concreta: que la gracia de la verdad esté siempre en nosotros, que nuestra vida no sea una respuesta doble  – sí y no – al querer de Dios. El Espíritu nos facilita el vivir firmes en la fe que actúa por la caridad. ¡Vive la verdad que viene de Dios!
“En el fondo de tu ser coloca, antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios” (P. Teilhard de Chardin)

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