N.S. JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

Oración después de la comunión

Después de recibir el alimento de la inmortalidad, te pedimos, Señor, que quienes nos gloriamos de obedecer los mandatos de Cristo, Rey del Universo, podamos vivir eternamente con él en el reino del cielo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

P. Ruiz Verdú OFM

El alimento que hemos recibido nos da la vida eterna, según Jesús nos lo enseñó: “el que come este pan vivirá eternamente”. Él nos exige vivir según sus mandatos, no impuestos como los de los jefes de las naciones, sino aceptados libremente con un corazón agradecido, porque los mandatos de Cristo nos dan la verdadera libertad, necesaria para heredar la vida eterna. En el Reino de Cristo no hay esclavos, sino hijos, porque Jesús nos ha hecho libres y sólo el hijo se queda para siempre en la casa del Padre (cf. Jn 8,34-36). Por lo que la comunión que recibimos, siendo Cristo Jesús, nos va purificando de los pecados y nos prepara para vivir eternamente en el reino del cielo.

“Venga a nosotros tu reino:

para que reines en nosotros por la gracia,

y nos hagas llegar a tu reino,

donde está la visión manifiesta de ti,

el amor perfecto a ti,

la unión bienaventurada contigo,

   la fruición de ti por siempre”

(san Francisco de Asís: Paráfrasis del Padre nuestro)

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