JUAN DUNS ESCOTO (1265-1308)

El beato Juan nace en la ciudad de Duns (Escocia. Reino Unido), en torno al año 1265. Hacia el año 1280 Escoto ingresa en la Orden de los Frailes Menores por su tío paterno, fray Elías Duns, vicario de la Vicaría franciscana de Escocia. Después de cursar los estudios preceptivos, es ordenado sacerdote el 17 de marzo de 1291. Estudia en el Estudio Teológico de los Franciscanos de París. Enseña en París, Cambridge, Oxford y Colonia. Rehúsa firmar el libelo de Felipe IV, rey de Francia, contra el Papa Bonifacio VIII. Es expulsado de París por un año. Es firme defensor de la autoridad del Papa, de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y de la Encarnación del Verbo como misión de amor del Padre a sus hijos. Se traslada al Estudio de la Orden en Colonia, donde fallece repentinamente el 8 de noviembre de 1308. El papa Juan Pablo II lo beatifica el 20 de marzo de 1993.

     La disputa sobre la Inmaculada Concepción

           K. Esser OFM     

Durante la tercera estancia de Duns Escoto en París (1304-1307) hemos de situar la famosa disputa sobre la Inmaculada Concepción. Y quizás nuestro Beato sea más conocido por esta doctrina que por otras, dado que él comenzó una controversia que se prolongó a lo largo de varios siglos. La cuestión era ésta: si la Madre de Dios tuvo el pecado original y luego fue purificada del mismo, o si fue desde el principio pura y sin mancha, es decir, «concebida inmaculada». La corriente general (con San Bernardo, Santo Tomás y San Buenaventura) decía que fue purificada del pecado original después de haberlo contraído; Duns Escoto era heredero de una larga tradición inglesa que defendía la Inmaculada Concepción.

Esta disputa está envuelta en muchos datos problemáticos. No obstante, podemos aceptarla como un hecho histórico, especialmente después de los valiosos descubrimientos del padre Carlos Balic, gran escotista, consistentes en dos preciosos manuscritos que confirman un relato de Landulfo Caracciolo, insigne alumno de Duns Escoto.21

Luego, a lo largo del tiempo se fue adornando con elementos legendarios la esencia de esta disputa. Suele decirse con frecuencia que, de camino hacia la Universidad, el Beato Duns Escoto encontró una estatua de la Virgen y que rezó ante ella de esta manera: Dignare me laudare te, Virgo sacrata; da mihi virtutem contra hostes tuos, «Te alabaré, oh Virgen sacrosanta; dame valor contra tus enemigos». La leyenda añade que la Virgen, ante la súplica de su hijo, se inclinó para darle ánimo. Se cuenta que, ya metido en la disputa, Escoto escuchó doscientos argumentos contra la doctrina de la Inmaculada, argumentos que él repitió de memoria y en el mismo orden en que se habían aducido, refutando con maestría todas las objeciones expuestas, y que los adversarios se convencieron. Se ha subrayado, a este respecto, su humildad y su modestia, ya que Duns Escoto buscaba siempre la verdad, y refutaba las opiniones contrarias sin ofender a nadie y sin mentar siquiera por su nombre a los adversarios ausentes.

Después de la disputa, Escoto fue llamado Doctor sutil, y se dice que los primeros en ello serían los dos delegados del Papa que habrían participado en la sesión universitaria, cosa que es del todo incierta. También fue llamado Doctor mariano, cosa que ciertamente le agradaría más. En suma, luchó por el honor de la Madre de Dios como más tarde lo harían sus sucesores en una controversia sin tregua. Con razón el francés Felipe Labbé le llama «Mártir de la Virgen inmaculadamente concebida, haciendo referencia a los méritos contraídos por él en vida y a las calumnias de que fue objeto después de su muerte».22

Poco a poco la doctrina sobre la Inmaculada Concepción se fue abriendo paso. Más tarde, la Universidad de París exigía de los estudiantes y doctorandos el reconocimiento de la misma. Y esto parece un buen testimonio indirecto de la disputa, como un eco de la misma.

Probablemente, la disputa no fue tan solemne como a veces se dice, pero hay que contar con la leyenda que no ha cesado de crecer después. Sin embargo, la doctrina de Duns Escoto fue como un fermento constante que, mantenido por sus seguidores, perduró hasta la proclamación solemne del dogma de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre de 1854 por el Papa Pío IX.

 

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