CÓMO ENCONTRAR AL NIÑO JESÚS

(para catequesis de niños)

 

Pedro Ruiz Verdú OFM

 

* Una vez… se reunieron varios niños y niñas para tratar de cómo encontrar al Niño Jesús. Les habían dicho que vivía muy lejos, pero que el camino para llegar a él estaba señalizado. Todas las señales estaban colocadas de revés. Pero para llegar hasta donde estaba el Niño Jesús había que seguir el orden numérico de las señales, por lo que tenían que buscar con mucha atención. Sólo la cuarta señal estaba colocada a la vista.

* Una persona que iba de camino, al ver a los niños reunidos, se acerca al grupo, se entera de lo que hablan y les dice que si quieren ver a Jesús tienen que llevarle un precioso juguete, el mejor de todos, pues Jesús había dicho que él es como una perla preciosa de gran valor. Tenía de tiempo para encontrarlo una hora. El que llegue después de la hora, aunque le lleve el mejor juguete, encontrará la puerta cerrada de la casa donde vive Jesús. Y les regaló a cada uno un reloj. El reloj marcaba las 11.00 h. A las 13.00 h. se cerraba la puerta.

* Eran diez niños, cinco niños y cinco niñas. Uno de ellos, llamado Ángel, les dice a sus compañeros: «¿Por qué no juntamos todo el dinero que llevamos en los bolsillos y le compramos el mejor juguete y se lo llevamos? Así todos veremos a Jesús». Aceptaron la propuesta. Todos metieron las manos en sus bolsillos. Pero Ángel no tenía dinero. Los demás niños se rieron de él.

A Ángel le dejaron solo; no quisieron admitirlo en su grupo, pues no había aportado dinero. Ángel era un niño travieso, chivato en clase, un poquito gordo, que se enfadaba pronto y peleón. Ángel marchó a su casa y no encontró ningún juguete digno de Jesús.

* Compraron dos juguetes; y preparados y en dos grupos iniciaron la marcha. Pronto encontraron  la señal número cero (0) que les llevaría al camino que conducía a Jesús. Así que pronto se situaron en el camino, y comenzaron todos a correr para no llegar tarde. Y contentos van en busca de Jesús, cada grupo con su juguete. Ángel iba sólo y sin juguete. Además, como no corría mucho, pronto se quedó atrás.

* Antes de la señal primera les salió al encuentro un borracho. Al principio les dio miedo. El borracho los entretiene diciéndoles insultos. Ellos se ríen, después se enfadan, le tiran una piedra y se marchan corriendo. Miran el reloj: faltaba una hora para que la puerta se cierre. Ven cerca una señal. Le dan la vuelta para saber qué número tenía. ¡Era la segunda! Entonces miran lo largo del camino para descubrir otras señales y así acertar.

* En esto que un niño se les acerca y les pregunta que es lo que buscan. Y el niño les pone como condición para dar con la señal que le ayuden a buscar el jersey que se le ha perdido , pues estaba jugando y no sabe dónde lo ha dejado. Pero, por si les engañaba, le dijeron que tenían mucha prisa y no podían entretenerse.   Así que, ¡adiós! Y se marcharon corriendo.

* En esto que vieron otra señal: ¡era la tercera! y junto a ella una mujer a quien se la había caído la cesta de la compra. «¿Le ayudamos?», dice uno del grupo. «No», contestaron todos, «porque mira la hora que es, -mirando su reloj-, y vamos a llegar todos tarde por culpa de esa mujer. Y tenemos que ver al Niño Jesús».  Y se marcharon, no sin coger antes unas manzanas del suelo para comérselas entre todos. Pasaron por delante de la señal y no la vi. Siguieron corrieron, y como tenían prisa, no descubrieron la cuarta y pasaron de lejos. Ésta precisamente era la que contenía el permiso de entrada.

* Por fin llegaron a la casa. La puerta estaba abierta. Un señor salió a recibirlos. Y al enterarse de que buscaban al Niño Jesús, les pidió se traían el permiso de entrada. Ellos creían que con solo llegar ya tendrían el permiso de entrada. Los niños le enseñaron el juguete que pensaban entregar al Niño Jesús. El señor se fijó detalladamente en el  juguete, y les  preguntó qué clase de juguete era. Cuando los niños se lo explicaron, lo vio tan feo, que no les dejó entrar.

* Como dijimos, Ángel iba sólo, y no tenía juguete, ni dinero para comprarlo. Así que tenia que buscar a alguien que le diese uno. ¿Y quién se lo iba a dar? Caminaba despacio, pensativo y triste. Y casi sin gana buscó y encontró pronto la señal número cero. Yendo ya seguro por el camino, pero sin juguete que llevar, ve a una anciana que está haciendo fuerzas para poder subir el carrito de la compra a la acera. «¡Pobre anciana, piensa, voy a ayudarle». Detrás de la anciana ve una señal, le da la vuelta y ¡era la primera! Iba bien. Pero cuando empieza a andar de nuevo, mira su reloj: ¡estaba parado!  Y aún estaba en la primera señal.

* Ángel empieza a correr. En esto, que oye una voz: «¿A dónde vas tan de prisa? ¿Por qué no me ayudas a recoger estos papeles?» Era un hombre mayor que, al tropezar, se le habían caído unos papeles.  – «Oye, ¿cómo te llamas? Ayúdame; hace viento y se me vuelan los papeles». Miró de nuevo su reloj. Y pensó: si no tengo juguete ni dinero para comprarlo, aunque llegue a tiempo no me van a dejar entrar. Así que ayudaré al hombre que me está llamando. El hombre agradecido, le entrega una cartulina. En ella estaba escrito: segunda señal para llegar a Jesús.

*… ¿Qué hora sería? Aunque iba por buen camino, ¿merecía la pena seguir? Él no tenía juguete. ¿Qué le iba a regalar al Niño Jesús? Un poquito aburrido, se puso a correr. Al menos lo iba a intentar. Ya había pasado dos señales.

* En la tercera señal se encontró con sus compañeros que volvían de la casa en la que les dijeron que encontrarían al Niño Jesús. Al verlo correr, se reían de él. Les preguntó la hora. Sólo faltaban 15 minutos. Había que correr. Pero sus compañeros le dijeron: «No es menester que corras, Ángel. Nosotros le hemos llevado un juguete  muy bonito, más bonito que el tuyo, que no tienes ninguno, y nos han dicho que era muy feo y que no servía para ver al Niño Jesús. Así que no lo hemos visto y no creemos que tú lo veas».

* Ángel no respondió. Se marchó corriendo, porque faltaba poco tiempo para cerrar la puerta. En esto que un pequeño pajarito había dejado el nido antes de tiempo. Y como hacía frío, se estaba muriendo. Ángel lo cogió y lo abrigó con sus manos. En esto que ve la cuarta señal. Se acerca, la mira, la levanta y ve un papel que tenía escrito: «Pase para poder entrar en la casa del Niño Jesús». Cogió el papel y se marchó. Había pasado las cuatro señales. Y además, tenía como juguete el pajarillo que acariciaba con sus manos.

* Ya quedaba poco tiempo para llegar a la casa. Ya la veían sus ojos. Y en eso, una señora se asoma a la puerta, y, observando que nadie se acercaba, fue a cerrarla. Ángel  hizo señas a la señora para que no cerrase la puerta, y comenzó a correr, pero con tan mala suerte que se cayó al suelo. El pajarillo voló, y ya no lo vio más.¡Éste era el juguete que quería darle al Niño Jesús! ¿A qué iba ya a la casa? Un poco triste por lo sucedido, miró a la casa con nostalgia y con pena.

* La dueña de la casa lo vio y le hizo señas para que se acercara. «¿Qué buscas?», le preguntó. No sabía Ángel qué responder, porque ahora buscaba dos cosas: al Niño Jesús y al pajarillo.

* «¿Es esto lo que buscas?». Era la voz de un niño  quien le preguntaba  El rostro de Ángel se llenó de alegría: el pajarillo estaba entre las manos del niño. Y éste le dijo: «¡Gracias por tu juguete!». Ángel quedó sorprendido.

* Ángel miró su reloj. Había comenzado a moverse y marcaba la hora exacta. ¡Había llegado a tiempo! Y antes de despedirse, la dueña de la casa le dijo: «vete y dile a tus compañeros que has visto al Niño Jesús y díselo con valentía, aunque ellos no te crean”. Y le regaló un juguete.

 Preguntas:     ¿Por qué los compañeros de Ángel no vieron a Jesús y Ángel sí lo vio? ¿Quién puede ser la dueña de la casa? ¿Por qué se paró el reloj de Ángel ? Para ver a Jesús no hace falta un reloj. Sus compañeros sólo buscaban a Jesús por interés y algunas veces; Ángel lo buscaba siempre, a todas horas.

 

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