Navidad y Política. Lucas 1-2 y su crítica a la

«Edad de Oro» romana.

Stefan Schreiber

             El texto trata de las relaciones humanas que el cristianismo establece para hacer posible la paz en la sociedad de entonces. La fe debe incidir en la gente para que el gran don de Dios se haga presente en un mundo transido por la violencia. Uno de los retos que tuvo la comunidad cristiana primitiva fue su asentamiento y relaciones en el mundo judío y en el pagano. Pero los dos ámbitos culturales y religiosos estaban bajo el dominio político, económico y social del Imperio Romano. Con la perspectiva de la paz del Imperio se analizan los dos primeros capítulos del Evangelio de Lucas; en ellos se muestra la posición cristiana ante el Imperio y el sentido que para los cristianos de la comunidad de Lucas tiene la paz.

El texto comienza  con una breve exposición de la estructura narrativa y la configuración de los capítulos 1 y 2 lucanos según la historia de las formas. Se indican las influencias de los mundos judío y romano en los lectores del Evangelio de Lucas, que reciben los anuncios a Zacarías y a María, los nacimientos de Juan y Jesús y los acontecimientos posteriores que relatan su recepción judía con dichas estructuras religiosas. En el capítulo siguiente se expone la Edad de Oro y su incidencia política en tiempos de Jesús. Todas la exposición se funda en una serie de textos fuentes que se ofrecen en la segunda parte del libro (135-205). Así, el lector puede informarse de los pasajes básicos de la literatura romana que analiza el profesor Schreiber. Es cierto que existe una prehistoria mítica en la que se defiende que el hombre vive en armonía con la  naturaleza. Pero después se sufre un siglo de guerras y violencias en el Imperio. Pasado  éste viene la época de Augusto y el establecimiento del Principado. El gobierno de Augusto responde a las ansias de salvación y paz del pueblo; de ahí que no sea extraño que se inicie con él una nueva época dorada del Imperio. Los escritos que relatan la vida de Augusto, el sidus Iulium —cometa del año 44 a.C.—, los Juegos Seculares del 17 a.C., etc., hacen que Horacio y Virgilio proclamen esta época como un tiempo de paz: entendida como ausencia de guerras contra otros pueblos, desaparición de las tensiones civiles y posesión pacífica de los bienes propios; tiempo de justicia: garantía del orden jurídico para sociedad y las personas, lo que entraña la concordia social; y tiempo de soberanía universal: dominio sobre todos los pueblos, avalado por los dioses y con carácter eterno. Es la aurea aetas. He aquí el texto de Calpurnio: «Tú también, César, ya seas el propio Júpiter, presente bajo otro aspecto, ya uno de los olímpicos, oculto bajo engañosa imagen mortal (pues dios eres), a este mundo, te lo ruego, a estos pueblos, te lo ruego, rígelos eternamente» (73.187).

Con este trasfondo se estudian los textos de Lucas, que se inician con el anuncio de un nuevo reinado para Israel y para todo el universo, cuya característica principal será la paz, que dará origen a una alegría generalizada y cuyos principios vitales será la santidad y la justicia. Todo ello hará posible la salvación para Israel y para todas las naciones con el perdón de los pecados y la ausencia de enemigos. Es Dios quien legitima esto, pues el que se anuncia es el «Hijo del Altísimo», «Hijo de Dios». Incluso con la presencia de pastores  —alusión a los cantos bucólicos de la época de Nerón— «parece que Lucas dejara resplandecer por un momento la imagen idílica de la Edad de Oro que se manifiesta en la sencillez nostálgica y la piedad prístina» (82). Ciertos aspectos del relato lucano indican la enseñanza a los cristianos de la trascendencia universal del nacimiento de Jesús: se inicia un nuevo reinado avalado por la bendición y los parabienes divinos. Pero la presentación de Lucas de Jesús es un contraste al Emperador romano y, más aún, una alternativa y una seria crítica a la paz romana, que mirada desde Jesús, es ciertamente «ficticia». Jesús nace en una familia pobre, en un lugar pobre mandado por el soberano de entonces para ser censados y pagar los impuestos; el nuevo reinado, querido y programado por Dios, se coloca al margen del poder real. La atención la centran dos madres judías, unos pastores, dos ancianos. Dios se revela como misericordioso, según la mejor tradición israelita y culmina una historia con Israel iniciada en Egipto, en el Sinaí y en Palestina. Lucas, por tanto, hace una severa crítica al poder político desde el inicio de la vida de Jesús, y no hay que esperar, como Marcos, que proclame la novedad de su anuncio, su «evangelio», al comienzo de su vida pública. Por último, analiza el texto las diversas opiniones de los exegetas sobre la intencionalidad lucana de los dos capítulos: si es una crítica abierta al Imperio,  o es un mensaje exclusivo para la comunidad a la que pertenece Lucas, dejando aparte la política imperial, o, simplemente, ganarse los favores del Estado para que protegiese el cristianismo como lo hacía con los judíos. Con todo, el prof.  Schreiber apuesta por la tesis de que el nacimiento de Jesús es una seria alternativa  al modelo político romano avalada también por los Hechos de los Apóstoles. Aunque, ciertamente, ello no suponga para los cristianos entrar en un movimiento revolucionario que pretendiese socavar los poderes del Estado romano. Jesús es el nuevo soberano universal nombrado y enviado por Dios para los tiempos finales de la historia.

Ediciones Sígueme, Salamanca 2018, 236 pp., 13,5 x 21 cm.

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