VI Domingo T.O.

 P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta
Dios nuestro, que te complaces en habitar en los corazones rectos y sencillos, concédenos la gracia de vivir de tal manera que encuentres en nosotros una morada digna de tu agrado. Por nuestro Señor Jesucristo.

Dice Jesús: “El que me ama, guardará mis mandamientos y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él”. Porque Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo se complace en habitar en los limpios y sinceros de corazón.
Ciertamente sabemos que el cansancio, la desgana, la flojedad de la voluntad, el ambiente y muchas otras circunstancias influyen en nuestra vida cristiana. No estamos exentos de tentaciones y mantener la vida de la gracia de Dios conlleva esfuerzo. Por eso le pedimos al Señor que nos conceda vivir la vida que él nos regaló cuando fuimos bautizados: su vida de amor. Esta vida de amor a él y al prójimo hará que merezcamos tenerle siempre con nosotros. Pero fijémonos bien: para que esto se haga realidad en nosotros es necesario que trabajemos por vivir dos virtudes: la limpieza y la sinceridad de corazón. Ante Dios nos valen dobleces ni tampoco un corazón y una mente hipócrita. «Él, la fuente de la vida, nos concederá vivir su gracia si se la pedimos sinceramente». Así sea.

Oración sobre las ofrendas
Que esta ofrenda nos purifique y renueve, Señor, y sea causa de recompensa eterna
para quienes cumplen tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor

Dos cosas pedimos a Dios al presentar nuestra ofrenda: que nos purifique y no renueve. Al comenzar la celebración de la Santa Misa hemos pedido la purificación de nuestros pecados. Y cuanto más cerca está la presencia de Cristo sobre el altar, de nuevo le pedimos que nos limpie y nos renueve, nos haga como nuevos, como recién nacidos en la fuente bautismal. Sin embargo, esto sólo es posible para aquellos que están dispuestos a cumplir la voluntad de Dios. La comunión es un deseo y un propósito de vivir como hijos de Dios.

«Loado seas, mi Señor, por nuestra
hermana la madre tierra,
que nos sustenta y gobierna
y produce distintos frutos
con flores de colores y hierbas»
(San Francisco, Cántico 9)

Oración después de la comunión
Saciados con el pan del cielo, te pedimos, Padre, la gracia de desear siempre este alimento que nos da la vida verdadera. Por Jesucristo, nuestro Señor.

«Saciados con el pan del cielo». ¿Cuál es el pan del cielo que ahora se nos han dado? Cristo Jesús, que en la Última Cena dijo a sus discípulos: el que me ama guardará mis mandamientos y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él (Jn 14.23). Porque amamos a Cristo Jesús nos hemos acercado a recibirlo en la comunión. Y en esta situación de  gozo por las delicias de Dios presentes en nosotros,  nos hemos atrevido a pedirle que nos ayude a buscar y llevar a la práctica todo aquello que nos asegura la vida verdadera: la que Dios nos da en continuo regalo.

«Dichoso quien ha puesto su confianza en el Señor
y sigue sus caminos»,
porque dará fruto en todo tiempo
(Sal 1,1; cf Jer 17,8)

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