Francisco de Asís y la salvación

Francisco Martínez Fresneda

            El libro que presentamos relaciona la cuatro afirmaciones básicas del Padrenuestro con la estructura del Cántico del Hermano Sol, afirmaciones sobre la salvación que abarca a la creación, a la persona individual y a la colectividad humana: 1.- Dios es quien crea, recrea y salva y, por consiguiente, a Él se dirigen la oración de Jesús y el Cántico de Francisco (Lc 11,2; Mt 6,9-10; Cant 1-4). 2.-  El pan dice relación a los cuatro elementos que hacen posible la vida según las culturas de todos los pueblos: sol, aire, tierra y agua (Lc 11,2; Mt 6,11; Cant 5-23). 3.- El perdón debe presidir siempre la convivencia humana para que sea pacífica y defienda y desarrolle la vida (Lc 11,4; Mt 6,12; Cant  24-25). 4.- Descubrir y anular del poder diabólico que transmiten las culturas y que destruye y mata la vida (Lc 11,4; Mt 6,13; Cant 26-30).

El Padrenuestro y el Cántico incluyen, por consiguiente,  toda la salvación cristiana, que tiene su origen y raíz en Dios Padre. La madre tierra debe aportar el pan necesario, es decir: la alimentación, el trabajo, la formación y la salud prometidos por Dios para la vida continúe adelante: «Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto» (Rom 8,19-22). El perdón, nacido de la bondad misericordiosa del Señor, lo vehicula el creyente para que se puedan establecer las relaciones humanas en la defensa de la dignidad para todos los pueblos y alcanzar  la justicia, la libertad, la convivencia democrática, etc. «Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete»» (Mt 15,21-22).  También hay que atender los ataques que provienen de la naturaleza creada, de las enfermedades, de la potencia del mal, la violencia humana, etc. que muchas veces superan nuestra capacidad de defensa y de control. Pero Pablo defiende que si no nos separamos del Señor «vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor» (Rom 8,37-39).

Francisco de Asís es una historia concreta que relata lo que es y significa la salvación de Jesucristo. Es cierto que pertenece a un mundo diferente del nuestro, pero al vivir y seguir a Cristo de una forma plena, nos da las claves para abrirnos y aceptar en la actualidad la salvación que nace de Dios Padre. Y encuadramos su vida de amor en el mundo que hemos creado los hombres por nuestra libertad desde las dimensiones del poder, de la vanidad y del dinero, que socava los cimientos de la creación, la historia y la persona. Pero es en esta historia donde iniciamos la experiencia de la salvación de Dios en Cristo. De ahí que la vida de Francisco sea tan importante para los cristianos de todos los tiempos.

Somos conscientes que la experiencia de fe de Francisco de Asís comienza y termina en Dios. La experiencia de fe en Dios revela a Francisco que Dios es Amor como una contraposición a sus ideales egoístas y a los ideales interesados del mundo. Francisco ve en Jesús el único camino que le ofrece la auténtica experiencia salvadora de Dios. La vida del Hijo de Dios simboliza la presencia de Dios en su creación. Jesús es la Palabra por la que Dios se revela a sí mismo como Amor a los hombres y revela su salvación. La centralidad de Jesucristo hace que la existencia de Francisco manifieste el verdadero origen, sentido y finalidad de toda vida creada. Entonces, Francisco comprende el horizonte definitivo de la historia humana con el seguimiento de Jesús, porque, a la vez, dicho seguimiento incluye el encuentro salvador de Dios con los hombres.

Jesús impide a Francisco salirse de la historia, ya que la fe cristiana supone la revelación de Dios en la vida de Jesús y, con ello, no puede dirigirse a mundos interiores personales o a mundos exteriores de gloria divina, que minusvaloren el contexto social donde se ofrece Dios para los cristianos. Francisco une la experiencia de fe a la conversión, y nace así el hombre «nuevo», novedad antropológica y creyente al situar la experiencia de Dios dentro de las relaciones comunitarias a fin de verificar y cuidar el desarrollo progresivo sobre su maduración personal y repercusión en la fraternidad y en el pueblo.

 

 

Editorial Franciscana Arantzazu, 250 pp., 13,5 x 21 cm.

 

 

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