El cristianismo primitivo como religión popular

 

          

     Paulo Nogueira

El texto trata de estudiar el trasfondo cultural del cristianismo antiguo en los diferentes aspectos que ofrece toda cultura. Sabemos del paso del cristianismo primitivo del mundo del campesinado al mundo urbano; de las severas críticas que hace en sus escritos a las instituciones políticas y económicas de entonces, buscando caminos alternativos por la experiencia religiosa y creyente. Pero conocemos muy poco de las comunidades cristianas de los dos primeros siglos: sus contextos culturales, prácticas religiosas previas a su conversión cristiana, vida de familia, trabajo, responsabilidades sociales, etc. Dejando aparte la doctrina y los ritos propios y aisladas de su contexto cultural de las comunidades primeras, el texto estudia su identidad por medio de las propias formas de expresión: personajes, tiempo, espacio, escenarios, etc. Y las fuentes son los Hechos de Pablo, e inserto en ellos los Hechos de Pablo y Tecla, los Hechos de Juan y los Hechos de Felipe.

Se comienza excluyendo la nomenclatura  escrita hasta ahora: cristianismo originario, protocristianismo, cristianismo primitivo, cristianismo antiguo, Nuevo Testamento, etc., nombres que responden a las perspectivas que toman las investigaciones: historia de la Iglesia, de la doctrina, de lo social, de lo geográfico, etc. Dejando aparte las fechas que se dan para el cristianismo primitivo y correspondientes a los escritos del Nuevo Testamento, Padres Apostólicos, Apócrifos del Nuevo Testamento y Actas de Mártires, Nogueira amplía el tiempo porque considera el cristianismo primitivo un movimiento religioso que se constituye por medio de un largo período de tiempo y proceso cultural identitario. Y subraya dos aspectos: estudiar los géneros literarios narrativos y de ficción correspondientes a la cultura mediterránea (novela griega, biografías antiguas o historia novelada) o las judías como el apocalipsis, midrás, colecciones de dichos proféticos, etc; se da prioridad  a la ficción y a la imaginación  más que a la doctrina. El segundo aspecto es ampliar la fecha tope, que escoge la publicación del Edicto de Milán en el 313.

Para identificar el cristianismo primitivo hay que adentrarse en la cultura popular del Mediterráneo.  Las élites suponen solo el 1% de los 60 millones de habitantes que tiene el Imperio Romano. Y es casi imposible adentrarse en el mundo de los privilegiados, ya que se requiere linaje, riqueza y educación. Pero también es verdad que, por debajo de las élites, no todo el mundo era igual. Desde el rico comerciante hasta el esclavo de la agricultura hay muchas capas donde la disponibilidad económica y el acervo cultural es una evidencia. Y para adentrarse en este mundo se ha investigado la Historia de la vida de privada de Ph. Ariès y G. Duby, o sobre la cultura popular están los escritos de  A. Gurevich, al que se unen para el tiempo que nos ocupa las publicaciones de J. Toner y R. Knapp. La cultura popular que elabora textos, rituales, sistemas de gestos, referencias morales, etc., con la que da sentido a ciertos grupos sociales, se entiende «como un conjunto de prácticas y representaciones de orden religioso de los grupos pertenecientes a los estratos bajos de la sociedad, por medio del cual dichos grupos administran las tensiones sociales (rivalidades, violencia, asimetría social) y la escasez de recursos para su supervivencia» (58). Nogueira aporta estos presupuestos para aproximarse a esta cultura popular: la cultura popular ni es coherente ni tiene carácter sistemático; goza de una amplia  masa de gente porque traspasa las barreras de la lengua y de los grupos étnicos que forman la sociedad del Imperio; hay que centrarse  en localidades muy concretas, porque sus prácticas y representaciones se relacionan con determinados grupos, tradiciones, et.; la cultura popular también es un espacio de poder económico, religioso y político; en fin, la cultura popular coexiste con la convicción que tienen los grupos de poseer la verdad religiosa y la salvación definitiva.

El texto termina con las aportaciones que la cultura popular cristiana  ofrece en los textos antes reseñados y en los aspectos de folklore y oralidad; con las representaciones públicas ficticias relacionadas con la identidad religiosa, y, por último, con el uso cristiano  de las narraciones míticas paganas (77-154). Nogueira es consciente que se puede seguir profundizando el cristianismo primitivo en otros temas que se dan en la cultura popular en su dimensión sapiente, como los proverbios, las fábulas, a lo que se añaden las prácticas mágicas, amuletos, horóscopos, etc.

   Ediciones Sígueme, Salamanca 2019, 156 pp., 12 x 19 cm.

 

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