Belleza Escondida

 

  Ángeles Hernández-Gil

   Parece razonable el coqueteo que mantenemos con la primavera, nos regala días dedicados a la naturaleza, que aceptamos gustosos para no caer en la tentación de sentirnos dueños absolutos de nuestros actos. Un deber para con nuestro planeta tierra que, un día como hoy, en 1974, las Naciones Unidas designaron “Día Mundial del Medio Ambiente”: con objetivos ligados a la salud, bienestar y limpieza del aire que respiramos, en el mundo entero. Mientras, el calor va haciendo su entrada tímida, sin mucha fuerza todavía, una tregua al verano muy de agradecer.

Recurriendo a esos días especiales, lo murcianos celebramos “El día de la Región” el martes 9 de junio. Una región complicada, con un paisaje descarnado, desértico, demasiado hermoso y demasiado agradecido para el agua que recibe, y que yo nunca he sabido apreciarlo. No sabía si me gustaba o no, si me convencía la aspereza que se reflejaba en algunas zonas como síntoma de sequía: Era capaz de encandilarme con un paisaje verde con valles entre montañas, mientras veía correr un riachuelo de aguas cantarinas y transparentes: eso era lo que motivaba mi seducción por la naturaleza, y me cegaba la mirada en lo que tenía más cerca. Creía que todo lo de fuera, cuanto más arriba en el mapa mejor, podría calmar esa evocación, y me eclipsaba ante lo mío, lo que veía cada día. Eran tantas las emociones que pasaban por mi cabeza que pensaba que nunca podría encontrar esas maravillas en mi tierra. Me quedaba extasiada con la lluvia, la nieve, hasta con el cielo gris limpio y frío. Pero como era soñadora me inventaba ese tapiz verde con un río agitando las piedras en el fondo de su cauce delante de la acequia que pasaba por mi casa en el pueblo donde vivía. Desde niña me fascinaban otros lugares, lejanos inasequibles, con bosques frondosos y muchísima agua. Era como soñar el paraíso: imposible no ser feliz con esa naturaleza… Sin embargo, también soy profundamente mediterránea; me gusta el sol, el mar, nadar hasta casi perder el horizonte…

El descubrimiento de la región sucedió por el hecho de cambiar la mirada que siempre me había mantenido en la duda. Una mirada que surgió con un por qué como pregunta, y una respuesta muy clara. Rodeada de agricultores y biólogos en la familia, a la fuerza tendría que obtener la explicación más documentada, precisa, y también escueta: – “La Región de Murcia es bellísima, pero hay que saber apreciarla; su grandeza está precisamente en la misma dureza de su suelo”- Fue como un impacto; una sensación de ignorancia y de ingratitud por tantos años de indiferencia. Tenemos las tierras más agradecidas para la siembra, los cereales crecen altivos, al amparo del cielo, casi sin agua, la mayoría de las veces. Muchos agricultores han necesitado mirar al cielo con frecuencia. Los frutales más exquisitos se crían en secano. Murcia es tanto la Huerta de Europa como la zona con menos lluvia. La región está determinada por el mar y el interior. La costa es poderosa, agreste, sin pretensiones, el Mediterráneo luce el más intenso azul imaginado, que choca con las alturas de los montes escarpados, sedientos siempre. Los mejores fondos marinos de Europa están en Cabo de Palos; el lugar ideal para el buceo y la pesca submarina, aficionados de todo el mundo pueblan esos fondos en las pequeñas y pintorescas calas que rodean la costa.

España es el país con más biodiversidad de Europa, esto es cierto, por la mucha diferencia entre norte y sur. Porque alberga ecosistemas muy distintos, desde la zona que menos llueve (el sureste español), a la más húmeda como la franja cantábrica, rodeada de montañas. Esa misma diversidad se manifiesta en la región de Murcia; especies que proceden del norte de África se asientan en Calblanque: denominado Parque Natural con un impactante valor paisajístico, y donde se asientan casi unas 700 variedades de plantas protegidas, la mayor de Europa. La más importante es la Sabina mora, que solo crece en el norte se África y se instala en Calblanque como único lugar en el Continente. Y… prefiero pasar de largo por el Mar Menor: la mayor laguna salada de Europa, nuestra joya de la corona, está herido de muerte y no estoy preparada moralmente para hacer un comentario, aunque siempre con la esperanza de su regeneración…

Situada en una esquina del levante mediterráneo, la región se debate en solitario, entre la poderosa Valencia y la mítica Andalucía. Nuestra suerte está echada; hay que venir a conocerla. Las variedades de paisajes en el interior varían según la zona. El noroeste es mucho menos húmedo, puede nevar con facilidad, con temperaturas más bajas; allí donde el paisaje se llena de montes redondeados cuajados de pinos se le llama La Toscana… y en los caminos viñedos, almendros, olivos, pinos se mezclan en una panorámica teñida por una luz especialmente luminosa y clara. El Salto del Usero (declarado lugar protegido) y Ucenda, son reservas naturalessaltos de agua cristalina y piscinas dentro de la naturaleza donde bañarse siempre que se respete el entorno… Y muchos visitantes nacionales se llevan una sorpresa ante la calidad de todo lo que se encuentran. La gastronomía de mar y tierra ha dado estrellas michelín; pero en cualquier lugar se puede degustar la cocina mediterránea, con las verduras mejor cocinadas, los pescados y mariscos más sabrosos, arroces como el caldero, auténtico, hecho en la playa, las tapas… un sin fin de variaciones apetecibles, bien elaboradas… nuestros vinos, con denominación de origen, están preparados para competir con las mejores marcas.

Se me acaba el espacio, podría seguir y seguir. Sin salir de casa he comprobado en muchísimas ocasiones la admiración por todo lo que la Región de Murcia ofrece a quien ha decidido venir. Y siento que este artículo está sin acabar, con bastantes cosas por decir todavía. Pero con dignidad voy a recordar una frase llena de contenido para este momento: “Cuida el final como el principio y no habrá fracaso” Lao Tsé. Espero que haya sido así.

 

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