XII Domingo T.O.

 

 P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta
CONCÉDENOS, SEÑOR Y DIOS NUESTRO, VIVIR SIEMPRE EN EL AMOR Y RESPETO A TU SANTO NOMBRE, YA QUE EN TU PROVIDENCIA NUNCA ABANDONAS A QUIENES ESTABLECES EN EL SÓLIDO FUNDAMENTO DE TU AMOR.

Nos olvidamos muy frecuentemente del segundo mandamiento de la ley de Dios: «No tomarás el Nombre del Señor en vano» (Éx 20,7), porque el Nombre del Señor es santo y, por lo tanto, el cristiano , que ha sido bautizado en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, no debe olvidar ni tomar a la ligera ese Nombre que fue pronunciado sobre él, siendo consagrado a la Santísima Trinidad.
El cristiano, a partir del bautismo, pertenece a Dios, cuyo Nombre debe respetar. «Concédenos tener siempre respeto y amor a tu santo nombre»: cualquier clase de blasfemia se opone directamente al segundo mandamiento. Por eso le pedimos al Señor que, ya que estamos fundamentados en su amor, nos conceda la gracia de tener la valentía necesaria de no ceder nunca por temor a los impulsos o provocaciones contra el respeto y amor que le debemos al santo Nombre de Dios.

El Espíritu de la Verdad da testimonio de Jesús
y nosotros, que somos cristianos,
también debemos dar testimonio
(cf 1Jn 5,12).

Oración sobre las ofrendas
RECIBE, SEÑOR, ESTE SACRIFICIO DE RECONCILIACIÓN Y ALABANZA, Y CONCÉDENOS QUE, PURIFICADOS POR SU PODER, SEA DE TU AGRADO EL AFECTO DE NUESTRO CORAZÓN.

La Eucaristía de hoy se inicia afirmando que Dios es nuestra fuerza, nuestra seguridad, nuestra salvación y nuestro guía (antífona de entrada). Con esta confianza que nace de la fe, le pedimos a Dios que acepte el sacrificio de reconciliación y alabanza que le ofrecemos, en el cual somos reconciliados y purificados en Él y, así, nuestro obsequio le será agradable. Entonces nuestra alabanza, unida a la de Jesucristo, cuya Eucaristía celebramos, es alabanza perfecta, eficaz por sí misma, porque en ella no buscamos nuestra gloria, sino la gloria de Dios.

Haz, Señor, que el amor y respeto a su santo nombre
sea el fundamento de nuestra vida cristiana.
(Cf 2Tim 4,2)

Oración después de la comunión
RENOVADOS CON EL SAGRADO CUERPO Y SANGRE DE TU HIJO, IMPLORAMOS, SEÑOR, TU CLEMENCIA; HAZ QUE EN LA PLENITUD DE LA REDENCIÓN ALCANCEMOS LO QUE CELEBRAMOS EN CADA EUCARISTÍA.

La recepción de la Eucaristía, lo que llamamos comulgar, no debe ser una costumbre rutinaria. Ciertamente, cuando asistimos a la Santa Misa, deberíamos comulgar. Pero ya san Pablo, en el primer siglo de la Iglesia, advierte a los cristianos de Corinto, que se examinen atentamente a fin de no participar de la Mesa del Señor indignamente, no fuese que en lugar de ser renovados por el Cuerpo Santo y la Sangre preciosa de Cristo, les sirviese de condenación (cf 1Cor 11,26-32). Para provecho nuestro nos confiamos a la bondad del Señor, porque estamos seguros que si somos fieles y constantes, se nos dará lo que el sacramento contiene.

Míranos, Señor, esperamos de ti,
por la Eucaristía recibida, la salvación,

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