Francisco de Asís y la salvación

Francisco Martínez Fresneda

 

Francisco Henares Díaz, Instituto Teológico de Murcia OFM

Los que hacemos recensiones guardamos una tentación. Esta: en la contraportada de un libro (además de una mini biografía del autor) aparece una síntesis de la obra, y o no la miras o dices para ti mismo: la haré yo por mi cuenta. Posiblemente yo hago las dos cosas por vicio. En esta obra, lo primero que veo es cuán fornidos son todos los tres capítulos. Fornidos, porque hay aquí mucha teología, hay un escriño de biblia del Nuevo Testamento, hay un Francisco de Asís que alumbra, y hay un tocar tierra para aplicarse en la vida actual. Y bien hermanadas todas tres partes. Lo demuestra con la primera, que toma las aguas desde muy alto (“El Universo”, lo titula el A/). Adviene Israel y el cristianismo, y el ser humano rodeado por el Universo. De corrida, el Poverello nos sale a la palestra con el “Cántico del Hermano Sol”, cual si fuera un baño de galaxias y loas de mapamundi. Y en fin, tenemos casi diez páginas recorriendo “pautas actuales”. Más adelante veremos otras. Una pauta anterior nos pone en aviso: un signo es distinto de un símbolo (Pseudo Dionisio dixit), es un “vestigio de Dios”. Todo esto enfocando al dicho Cántico de las Criaturas, la antropología a la puerta, y las mil preguntas de hoy día (pautas). Con este deje: cuanto más conozcamos universos “más conscientes seremos de nuestra pequeñez”. O esto otro: los cambios inmediatos, los ritmos, los sonidos excesivos, recursos que se agotan, y etc., etc. Y entonces los lectores gozamos con decir: ¿Quién ha dicho que la teología es un tostón, cuando antes de todo es sanidad? La segunda parte la acomoda Fresneda con intención en la Historia de la salvación. El ser humano como imagen de Dios, las estructuras del mal, las consecuencias, etc. La Teodicea antigua nos sumergía en graves cuestionamientos. Aquí, el Cristo imagen de Dios nos acerca a la luz. Dios en la historia nos ha sido dado por el Padre en el Hijo, con la fecundidad del Espíritu Santo. Ahí saldrá sin falta a nuestros pasos la Palabra, que es Cristo, Palabra encarnada. Y entregados todos a la fraternidad, la de la reconciliación como sanidad. Fresneda entronca ahora un ancho camino de la mano del Pobrecillo de Asís. Vive éste con la evidencia de una creación hermosa, porque el Creador nos imprimió su imagen (todas las gracias, toda gloria, de quien es “todo Bien, el Solo que es bueno”). Recordemos: RegNB, 17, 17-18). Esa humanidad filial y fraterna, reconciliada, se halla gracias a Fresneda por los azudes que son la dos reglas, la Leyenda Mayor (San Buenaventura), la Primera de Celano, y por muchos textos franciscanos. Alabemos esos sustentos que por cierto son crecida consulta en los últimos años. He ahí los escritos del Padre San Francisco que durante años quizás no tuvieron la importancia que tenían. Aquí hay unos fragmentos con la experiencia del sufrimiento (dinero, el mal, la enfermedad, las tribulaciones, vivencias muy del Poverello). Vivir las tribulaciones: “seremos bienaventurados si las sostenemos en paz, porque por Altísimo serán coronados”, dice Francisco. De la tercera parte gozamos de otro encauzamiento de Francisco, que es el “hombre nuevo”. Se inviste éste de la irrupción de Dios, y la de Dios en Cristo, y el Espíritu, el futuro de la salvación. Tampoco faltan ahí las dos páginas del hombre nuevo, es decir, el Espíritu Santo. Nuestro A/ está alerta. Propone la Carta a los Efesios (3, 14-19): “os llenaréis por completo de la plenitud de Dios”. Hombre nuevo por la cantidad de dones que recogemos, y porque reúne a los cristianos con paz y libertad. El don máximo es estar incorporado al cuerpo de Cristo, glorioso de vida eterna. Este capítulo (el hombre nuevo) guarda unas disposiciones, relevantes por completo: por un lado, nuestro A/ (cual si fuera inicio de una tesis) presenta el “Estado de la cuestión”. Ahí priva un ser individual que va camino de la filiación personal, pero porque se tiene constancia de la irrupción de Dios. Si al final “todo es gracia” se debe a que al principio todo fue irrupción divina. Por tanto, la “configuración con Cristo” es futuro de salvación. Francisco nos guía por esos caminos. Son la sequela cristi, tan de Francisco, tan humilde, tan fehaciente. Con razón nuestras madres, terciarias franciscanas cantaban “Vamos tras él”. Nos recuerda nuestro A/ la convivencia de Francisco de Asís (definitiva para su vida) con los leprosos, los más pobres, puesto que engancharse a éstos, y abandonar señoríos fue irrupción. El relato nunca pasará de moda. Por eso, Fresneda al final alude a más pautas actuales. Y es que el ser humano se sabe más persona cuando se independiza de familia, mercantilismo, política, razón, libertad. Acabemos: atención a nuestra cultura occidental como un máximo cuando quizás usamos el más repleto individualismo, subjetivismo, hedonismo, etc. “Lo que nos queda por vivir”, decía un bolero de nuestra juventud. Todo depende de qué y cual sea el vivir. Francisco lo tuvo claro, pero le costó un potosí. Es nuestro guía. Vamos tras él. Demos gracias a este vivo y profundo libro.

Ediciones Franciscanas Oñati 2020, 250 pp., 21 x 13´5 cm.

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