XVI DOMINGO T.O.

 P. Ruiz Verdú OFM

                Oración colecta

                Señor nuestro, mira con bondad a tus servidores y multiplica en nosotros los dones de tu gracia, para que, fervorosos en la fe, la esperanza y la caridad, perseveremos con asidua vigilancia en el cumplimiento de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo.

             Resumimos en esta oración los deseos expresados al inicio de la celebración de la Eucaristía cuando ante Dios hemos reconocido nuestros pecados y le hemos pedido perdón:  «muéstrate propicio con tus siervos, Señor»; míranos con misericordia y no apartes de nosotros tu bondad. Tú que eres compasivo, dígnate multiplicar los dones de tu gracia que nos vas concediendo a través de la vida. Esos dones que acrecientan en nuestros corazones la fe que nos ilumina, la esperanza que nos da fuerza para permanecer fieles en medio de las dificultades que envuelven  nuestra vida y la caridad que embellece nuestro vivir; pues amando damos testimonio auténtico de la fe y la esperanza que anidan en nuestros corazones.

«Tú, Señor, juzgas con moderación
y nos gobiernas con gran indulgencia.
Obrando así nos enseñas
que el justo debe ser humano
y nos das la dulce esperanza
de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento» (Sab 12,19)

                Oración sobre las ofrendas
                Padre Santo, por el sacrificio único de tu Hijo llevaste a la perfección las ofrendas de la antigua Ley; te pedimos que recibas la oblación de tus fieles y la santifiques como lo hiciste con la ofrenda de Abel, para que los dones presentados en honor de tu nombre sirvan para la salvación de todos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Muchos sacrificios se realizaban en la antigua alianza, pero ninguno de ellos alcanzaba la perfección deseada por Dios, aunque todos ellos prefiguraban el sacrificio de la cruz. Pero el querer de Dios era que hubiese un solo sacrificio, perfecto y con validez eterna, sin necesidad de esperar una nueva alianza. Este es el sacrificio que celebramos en cada Eucaristía, que Cristo realizó en su Última Cena con sus discípulos. En los tiempos primeros, Dios bendijo los dones que le ofreció Abel; le fueron agradables. Ahora, recordando nosotros la bendición por Dios de los dones que le ofreció Abel, le pedimos que nuestra oblación sea alabanza de su gloria y así beneficie a la salvación de todos.

Te dice el Señor Jesús: «Estoy a la puerta llamando,
si oyes mi llamada y me abres,
entraré y cenaremos juntos» (Ap 3,20)
 
 

                Oración después de la comunión
                Padre, ayuda con bondad a tu pueblo, que has alimentado con los sacramentos celestiales; concédele apartarse del pecado y comenzar una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Hemos recibido al Señor… Y en este momento le pedimos que su presencia sea ayuda y protección para vivir plena y conscientemente el paso que nos ayudaron a dar cuando fuimos bautizados. El pecado quedó en el agua, la gracia, regalo del amor de Dios, se adhirió a nosotros. A partir de entonces, esta es la vida que tenemos que vivir: la nueva vida, la vida de Dios.  Estamos siendo atraídos frecuentemente por la antigua vida que nos lleva al pecado; necesitamos  la fuerza de Dios, ser socorridos por El. Y esto lo tenemos en el sacramento con el que hemos sido alimentados: Cristo Jesús.

«Dios ha querido dar a los suyos
la gloria y riqueza» de Cristo (Col 1,27)

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