SAN BUENAVENTURA

 

  1. Vida

Juan Fidanza, que así se llamaba su padre, médico de profesión, es el nombre original de San Buenaventura. Nació en Bagnoregio, un pequeña ciudad vecina de Orvieto en la antigua Tuscia Romana, actual Italia central, en el año 1221. Ingresó en la Orden Franciscana en 1243, después de terminar sus estudios en la Facultad de Artes en París. Bajo la guía de Alejandro de Hales, Juan de la Rupella y Odón Rigaldo, alcanza el grado de Bachiller en Teología, comentando la Suma de las Sentencias de Pedro Lom-bardo, que era el libro de texto en aquel entonces en la Facultad de Teología de la capital del Sena. En el año 1253 alcanza el grado de Maestro. Sin embargo, poco después, en el año 1257 fue elegido Ministro General de la Orden Franciscana, teniendo que abandonar la enseñanza.

El generalato de San Buenaventura fue largo. Estuvo en esta responsabilidad desde 1257 al 1274, si bien dejó de lado la docencia, como hemos dicho, enseñó de forma esporádica, no obstante las múltiples ocupaciones y viajes que, como general, tenía que realizar. En París dictó las Colaciones a los diez mandamientos (1267), las Colaciones a los Siete dones  del Espíritu Santo (1268), y las Colaciones al Hexaemeron (1273), además de escribir numerosas obras de carácter teológico y místico. Fue nombrado cardenal en 1273. Participó en el Concilio de Lyon en 1274, falleciendo el 15 de julio del mismo año.

Las Crónicas del Concilio relatan su muerte de esta manera, que, a la vez, son una semblanza de su rica personalidad: «Muy de mañana murió el Hermano, de gloriosa memoria, Buenaventura, obispo de Albano, hombre de ciencia y elocuencia eminentes. Hombre notable por su santidad, su vida, su conducta y sus costumbres; bueno, afable, piadoso y misericordioso, lleno de virtudes, amado de Dios y de los hombres. Fue enterrado, en este domingo, en la iglesia de los Hermanos Menores de Lyon. El Señor Papa asistió a los funerales con todos los cardenales y casi todos los prelados que estaban en el concilio y toda la curia. El Hermano Pedro de Tarantasia, cardenal obispo de Ostia, celebró la misa y predicó. Dios le había dado, efectivamente, tanta gracia, que cualquiera que le viera se sentía movido inmediatamente en su corazón a amarlo».

Fue canonizado el 14 de abril de 1482 por el papa Sixto IV y declarado doctor de la Iglesia el 14 de marzo de 1587 por Sixto V.

            2.- Ministerio

Además de la enseñanza San Buenaventura se entregó por completo a organizar la Orden de los Menores, que había alcanzado un número de religiosos excesivo, más de 30.000 Hermanos divididos en 32 Provincias, por lo que las estructuras que había creado San Francisco eran insuficientes para gobernarlos.

Estaban divididos en la interpretación de la Regla, y nuestro santo y teólogo era consciente que nada fácil le iba a resultar el gobierno, pues, tanto los que pedían una mayor disciplina y seguir el Evangelio a la letra como los que demandaban una adaptación de la Orden a las nuevas exigencias sociales, les asistían la razón.

Lo primero que hace San Buenaventura es exhortar a los Ministros que sean exigentes en la admisión de los novicios: más vale menos hermanos y mejores en virtud. La Orden ha crecido muy rápidamente sin tener una organización adecuada para ello. Por eso en 1260, en el Capítulo General que se celebra en Narbona, presenta 250 estatutos, recogidos de Capítulos anteriores, y reunidos en 12 capítulos, elaborando unas Constituciones que darían la estructura jurídica adecuada para que los Franciscanos sirvieran mejor a la Iglesia y al mundo dentro de un mínimo orden y preparación adecuadas.

Escribió dos vidas de San Francisco, que el Capítulo de Pisa celebrado en 1263 las aprobó como las biografías oficiales del Poverello. Después recorrió España, Alemania e Italia, organizando la Orden y aplicando las Constituciones de Narbona. Y aún tuvo tiempo para defender a los Mendicantes contra Gerardo de Abbeville en su famosa Apología de los pobres. En pleno Concilio de Lyon, ya nombrado Cardenal, el 20 de mayo de 1274, antes de morir, el capítulo de la Orden eligió su sucesor en la persona de Jerónimo de Ascoli. Diecisiete años, pues, gobernó la Orden, dándole una estructura seria y adaptándola al servicio de la Iglesia.

 

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