SAN BUENAVENTURA

1.- Doctrina sobre Jesucristo
an Buenaventura es un auténtico hijo de San Francisco. En su filosofía y teología expresa el amor ardiente que el Poverello sentía por Jesucristo, canalizándolas, fundamentalmente, mediante el pensamiento de san Agustín.
Él piensa que todas las cosas hay que estudiarlas a la luz de Dios, ser infinito y perfecto, el modelo supremo del cual todas las criaturas son copias. La Trinidad es la realidad originaria de la cual proviene toda la creación. Ella es la eternidad, la sabiduría, la felicidad, y éstas se reducen a la sabiduría en la cual se da la mente que crea, el Padre, el Verbo engendrado, el Hijo, y el Amor, el Espíritu Santo.
Pero este ejemplarismo se convierte en cristocentrismo en cuanto Jesús, Dios hecho carne, hace visible y palpable el arquetipo divino y restaura la imagen de Dios que había sido empañada por el pecado en el hombre.
San Buenaventura contempla a Jesús desde tres perspectivas. Él es la Palabra de Dios que ha puesto su morada entre nosotros (Jn 1, 14). Es esa Palabra humilde, hecha carne, pero potente en cuanto salva al hombre del mal y lo conduce de las tinieblas a la luz de la gracia y a la esperanza de una plenitud de vida futura. Él conduce a la perfección a la entera creación que Dios había iniciado al crear el mundo. Pero además, Jesús es esa Palabra que habla al alma directamente para que conozca la verdad por medio de la fe y el amor. La presencia de Jesús en la creación, no solamente es externa y objetiva, sino interna y personal, que hace posible la unión mística con Dios.
Jesús es el modelo que hace visible a Dios en la criatura. Toda su vida es un ejemplo a imitar. Desde la pasión, que nos muestra que cuando se sufre por amor, es capaz de salvar antes que desesperarse, hasta la resurrección que nos indica que nuestra vida terminará en la nueva criatura que Dios ha comenzado en la tierra cuando se dan obras de amor.
Por último Jesús es el centro de todo el universo creado y el universo de Dios. Siendo Dios y Hombre, hace que en El se puedan relacionar la divinidad en la humanidad de una forma verídica. También quiere San Buenaventura dar a entender que Jesús es la medida, el lazo que todo lo abraza y todo lo conserva dentro de la creación. Es el punto de unión y el trasfondo último de la multiplicidad que existe en la realidad.

2.- Sobre el hombre
El hombre es imagen de Dios, y éste al ser concebido como relación, el Dr. Seráfico también entiende a la persona como ser relacionado, es decir, como estar abierto a, orientado hacia otras realidades distintas de ella y que la hacen intercambiarse y adentrarse en el mundo de Dios, uniéndose a quien es la fuente de la felicidad, de los demás hombres, creando la fraternidad, y de la naturaleza creada, asumiéndola como perteneciente a su ser natural, no como algo extraño. El hombre, pues, está viviendo en medio de las cosas y de los demás con una relación de mutua influencia en la que se da un enriquecimiento por el intercambio de valores creando la dimensión comunitaria, que existe en el mismo Dios Trino.
También el hombre está abierto a Dios, a la trascendencia, en cuanto es imagen de El. Y encuentra a ese Dios cuando ama y conoce. En la actividad del amor, cuando descansa en la fe, la persona se adentra en el mundo divino disfrutando de la presencia de Dios, que a estos niveles es pura gratuidad.
El hombre además es imagen de Dios y, por tanto, participa del ser divino en una historia en la que se da la desemejanza por el pecado y la reconstrucción cuando, unido a Cristo, sigue su conducta e imita sus dimensiones fundamentales, como es el amor y el conocimiento, al estilo de Jesús.
En un mundo como el actual, en el que ya no sólo la Humanidad se ha distanciado de Dios, sino también intenta explicar la naturaleza al margen del acto de amor divino que la creó, San Buenaventura nos hace ver la realidad de una manera en la que se dan la mano Dios, el Hombre y la Naturaleza, para mayor y mejor felicidad humana. De forma que la existencia terrestre no se hace parcial y pobre, sino cuando se abre al infinito de Dios le amplía los horizontes de la vida y le confiere unas dimensiones de amor, que el hombre por sí mismo no puede imaginar.

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