Jesús. La enciclopedia. 

Doré, Joseph (Dir.)—Christine Pedotti (Coor.),

II

El libro II tiene tres partes: Los hechos y los gestos. La Enseñanza. Los interrogantes sobre la identidad de Jesús. Se inicia situando la vida de Jesús en el marco más cercano a él. Sería una tercera reducción de las dos anteriores: el Imperio y Palestina con relación al Imperio. Cuando nos fijamos en los personajes que se cruzan con Jesús, se nos ofrece de qué se trata cuando inicia su recorrido por Galilea: del campo, del mar, de la familia, de las duras condiciones del trabajo, etc. Se describe la vida del campesinado en Galilea, de la pesca en el lago de Tiberíades, del comercio en Jerusalén, de los rebaños y las vides; del contraste entre Galilea y Judea; de las corrientes espirituales del pueblo de Dios que señala Flavio Josefo: fariseos, esenios, saduceos, pensamiento profético, además de los samaritanos y de los judíos que viven en la diáspora.

En este mundo comienza Jesús su predicación del Reino. Pero como judío no lo hace solo. Los Evangelios ofrecen tres perspectivas diferentes de cómo Jesús se rodea de un grupo de hombres y mujeres, que más tarde se llamarán discípulos, y de 72 se reducirán a 12, a 3, a 1. Marcos y Mateo colocan a Jesús en Cafarnaún, donde tiene su casa. Allí, junto al lago, llama a dos parejas de hermanos para que le sigan, lo que supone un cambio radical de vida. Aunque no sepan el recorrido del camino al que le invita Jesús. Lucas relata la llamada de Pedro en el párrafo de la pesca milagrosa; al final incorpora a Santiago y Juan; los hace pescadores de hombres. El Evangelio de Juan ofrece otro contexto de las elección. Jesús, en la orilla del río Jordán, y siguiendo las indicaciones del Bautista, se le unen dos de sus discípulos; después se suman Simón, Felipe y Natanael. Se dan la mano el uno al otro para encontrarse con Jesús «el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo», al decir de su Maestro. Lo que se subraya aquí es la fe en Jesús y de anunciarlo a todo el pueblo. Y los Evangelios, cada uno según su estilo y objetivos, describen las características del grupo que rodea a Jesús: no comprenden quién es Jesús y confiesan su identidad filial, se asustan y se alegran al verlo, entienden o no sus enseñanzas, se entregan a su Maestro o desconfían de él,  les cuesta vivir defendiendo la paz y excluyendo la violencia, comparten el pan y el vino, y muy lentamente van asimilando que Jesús pertenece al Padre. Los discípulos provienen de oficios distintos y de condiciones sociales y religiosas muy diferentes. Deben pasar de entender al Mesías como todopoderoso a admitirlo como un servidor que es capaz de dar la vida por todos los hombres.

Y entre los seguidores de Jesús también se cuentan «…algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades…» (Lc 8,2-3). Desde la presentación de niño en el templo con la anciana Ana hasta el día de la resurrección con María Magdalena, Jesús se relaciona con tal cantidad de mujeres, que las hace partícipes de sus enseñanzas, de los beneficios de la presencia del Reino en las curaciones y en la recuperación de la libertad por la posesión diabólica, en la capacidad para aprender y enseñar, etc. Y aunque se extrañen sus discípulos, se relaciona con ellas con la mayor normalidad (cf Jn 4,27). Quizás sea tal actitud la que refleja que todos somos hermanos suyos e hijos de un mismo Padre, donde no hay dignidades diferentes, sino condiciones humanas complementarias. Así lo afirma en la defensa del matrimonio (cfMt 19,3-6).

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