JESÚS. LA ENCICLOPEDIA

III

Hoy nadie duda que Jesús cura enfermos —sacramento del pecado—y libera del poder diabólico. Los Evangelios narran una serie de actos de poder de Jesús, que los realiza en nombre de Dios. Si con «el dedo de Dios» vence la potencia del mal, quiere decir que el Reino está actuando con su presencia en Galilea (cf Lc 11,20). Pero es una presencia que arranca de un amor misericordioso de Dios que hace a la gente tomar conciencia del mal y del pecado. Jesús no se impone con el poder físico contra el mal, propone una presencia divina que cura, sana, libera, etc. Juan los llama signos que expresan la curación física, moral y espiritual.

La parte II del libro II se centra en las enseñanzas de Jesús: las parábolas del Reino, la bienaventuranzas, misericordia y justicia, el poder y el escándalo.- Jesús se encuentra con una tensión religiosa y social  evidente. Los celosos y los círculos apocalípticos contestan al poder romano y su dominio sobre el pueblo elegido. Sin embargo, Jesús no es violento con sus enseñanzas, que buscan un encuentro con Dios que transforme la vida, alejándola del poder o el triunfalismo. Tampoco Jesús contempla la realidad presente como un dominio absoluto del mal. El Reino es ciertamente un futuro para Israel, porque la historia está en manos de Dios y de Él depende su término, pero el Reino está tan cercano que se hace presente en la historia en la misión de Jesús, con sus actos de curación y liberación del mal. El Reino implica una dinámica que explicita en las curaciones, en el perdón de los pecados y en la comunión de la mesa que tiene en su ministerio, y con sus discípulos en la Última Cena y como resucitado.- Las bienaventuranzas tienen un núcleo común en las narraciones de Lucas y Mateo, documento Q, procedente de Isaías y citado por Jesús en la sinagoga de Nazaret (cf Is 61,1-2; Lc 4,18-19). Serían tres: los pobres, los hambrientos y los afligidos. Y un párrafo largo sobre la incomprensión y persecución que sufrirán sus discípulos, y que Jesús recompensará con creces.- La justicia y la misericordia en Lucas tiene mucha importancia. Dios distingue la justicia y la misericordia, porque sería una traición a uno de los objetivos de la vida humana el que Dios no haga justicia. «Dios no puede confundir misericordia con falta de discernimiento. Sería despreciar el ardiente deseo de justicia que hay en las personas y en las sociedades [… Por eso] el servicio del pobre sirve de medida a la justicia. Los gestos de bondad puestos como criterio del juicio son en el fondo bastantes sencillos. Dicho de otra manera: la justicia de Dios se define como misericordia» (397). Por eso en el juicio final viene dado por la relación que hayamos establecido con  los que son nada en la historia (cf 1Cor 1,28).- Jesús también niega la actitud y los hechos de poder fundados en el dinero, en la política y, sobre todo, en la religión, como practican escribas, fariseos, sumos sacerdotes, etc., y convierten a la población en esclavos, personas sin libertad. Jesús se define y actúa como el que «sirve», porque es la única actitud y tarea que trasmite la relación gratuita y libre de Dios que salva (cf Mc 10,35-45).

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