XXV DOMINGO T.O.
 

P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta
Dios nuestro, que estableciste el fundamento de la ley divina en el amor a ti y al prójimo,
concédenos que, cumpliendo lo que mandas, merezcamos alcanzar la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oramos cuando ponemos en práctica los mandamientos del amor, los cuales debemos estar siempre dispuestos a cumplir. Es el momento en el que hacemos realidad la plenitud de la ley. Porque vivir lo que creemos es también oración, comunicación con Dios. Porque oramos para vivir como hijos de Dios y como hijos debemos hablar con nuestro Padre del cielo, que es todo bondad y cuida de cada uno de nosotros.
Dos son los mandamientos principales que incluyen todos los otros: amor a Dios y amor al prójimo. Esto nos lo recuerda la oración colecta y, partiendo de este recuerdo y afirmación, le pedimos al Señor que nos conceda la gracia de cumplir sus mandamientos, dándonos la fortaleza que nuestra debilidad necesita, a fin de merecer llegar a la vida eterna. ¡Todo es gracia de Dios!

Dios es nuestra salvación; Él nos escucha.
Es el Buen Pastor, que nos conoce y nos ama.

Oración sobre las ofrendas
Acepta con bondad, Señor, las ofrendas de tu pueblo, y, por medio de este sacramento celestial, haz que se haga vida en nosotros cuanto proclamamos por la fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.

La fe debe acompañarnos cuando nos acercamos a la iglesia para asistir a la celebración de la Santa Misa. Sin la fe, ¿de qué nos aprovecha? Por eso, la petición que al Señor le dirigimos en esta oración para que acepte las ofrendas de su pueblo, las nuestras, sólo conseguirá lo que pide si van acompañadas de la fe, la cual es verdadera en la medida que actúa en favor de los demás. Y ¿qué es lo que creemos por la fe? Entonces debemos preguntarnos frecuentemente de qué manera influye en nuestra vida diaria la fe que decimos tener. No vale decir: “soy católico, aunque no practico”. Es un modo de engañarse a sí mismo.
Señor, tú eres nuestra salvación;
escúchanos siempre que te invoquemos.

Oración después de la comunión
Te pedimos, Padre, que acompañes siempre con tu auxilio a los que alimentas con tus sacramentos, para que en estos misterios recibamos los frutos de la redención y la conversión de nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

¿Cómo está nuestra vida en relación con Dios? Lo que pedimos en esta oración es que, por la comunión, recibamos los frutos de la redención: el perdón de los pecados y la filiación divina y, también, la conversión de nuestra vida. Es decir: si no vamos por el camino acertado, cambiar de rumbo y meternos en el camino de Cristo: el Evangelio

“Cuando al hombre se le pone como medida de todas las cosas,
se le convierte en esclavo de su propia finitud”
(san Juan Pablo II)

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