XXVII DOMINGO T.O.

P. RUIZ VERDÚ OFM

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso sobrepasas los méritos y los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia perdonando lo que inquieta nuestra conciencia y concediéndonos aún aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo.

 Frecuentemente en las oraciones acudimos al poder y eternidad de Dios para que nos conceda lo que le pedimos. Es como un eco de las oraciones de la liturgia del Viernes Santo. A su poder, que es eterno y misericordioso, y por lo tanto no falla. No es caprichoso, vengativo, sino que desborda en amor, por lo que recordamos hoy la abundancia de su amor, que supera con creces nuestros méritos y nuestros deseos de bien, de paz y de amor. Todo en Dios es realizado por amor, su grandeza se manifiesta en su amor, cuyo ejemplo más palpable es Jesús, que lo entregó a la muerte para nuestra salvación. En Jesús, Dios Padre nos manifiesta entrañablemente su amor.

Y le pedimos que derrame sobre nosotros su misericordia, porque la necesitamos, ya que nuestra conciencia no está exenta de culpa y por nosotros solos no la podemos limpiar; y, además, por si  hay cosas que no nos atrevemos a recordarle a Dios para que nos las conceda porque nos parecen muy exigentes, en la oración de hoy se lo pedimos de manera como de paso, como no queriendo decírselo. Y le decimos finalmente que estas peticiones las hacemos no en nuestro nombre, sino en el nombre de Jesucristo su Hijo.

En tu poder, Señor, está todo. / Tú eres dueño del universo.
Tu Espíritu inspira nuestra oración y nos ayuda a pedir lo que más nos conviene.

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, la oblación instituida por ti y, por estos sagrados misterios que celebramos,danos la gracia de tu redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 Ofrecemos a Dios el sacrificio que Él mismo ha establecido: el de Jesús. Por tanto, estamos seguros de que será aceptado. Pero algo se nos exige: al de Cristo, debemos unir nuestros sufrimientos, pequeños o grandes, fáciles de soportar o pesados. Con Cristo son más llevaderos y están enriquecidos con sus méritos y soportados con más paciencia. Si por el bautismo fuimos unidos a su muerte, también hemos sido unidos a su victoria. Y si Cristo Jesús soportó, mirando a su Padre, tanto dolor, también nosotros podemos soportarlos poniendo nuestra mirada en Jesús. Así Dios Padre perfecciona en nosotros su obra santificadora.

“Bueno es el Señor para el que espera en él,
para el alma que le busca.” (Libro de las Lamentaciones)

“El Señor nos bendiga
todos los días de nuestra vida”

 

Oración después de la comunión
Dios todopoderoso, sácianos con el sacramento del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo, para que nos transformemos en aquello que hemos recibido. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Hemos estado presentes en la celebración de la Eucaristía junto con nuestros hermanos asistentes a la misma. Todos hemos participado del mismo pan, que, por las palabras de Cristo pronunciadas sobre él, es su Cuerpo y su Sangre: el mismo Jesús. Dios Padre nos lo ha dado, para que alimentados de su Hijo, tengamos la vida eterna que su Hijo ha prometido a los que le comen. En la oración nos dirigimos  a Dios Padre, pidiéndole que el sacramento recibido nos sacie siempre, si interrupción, viviendo aquella vida que se apoya en la fe y vive de la fe, la cual no permite que nuestro corazón se endurezca, sino que con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros, vivamos del amor que el Padre ha infundido en nuestra vida. Así nos iremos trasformando en Cristo Jesús: Quien me ama, vive en mí y yo en él.Los discípulos le dicen a Jesús: “Auméntanos la fe”.

“No te inquietes por las dificultades de la vida,
por tus altibajos, por tus decepciones,
por el porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere” (Teilhard de Chardin)

 

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