XXVIII DOMINGO T.O.

P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta
Dios todopoderoso, que tu gracia siempre nos preceda y acompañe, y nos ayude en la práctica constante de las buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo.

 Necesitamos en toda ocasión la ayuda de la gracia de Dios para obrar el bien. Ya nos lo dijo Jesús en su Última Cena, en el Cenáculo: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5) que os lleve a la vida eterna. Por eso le pedimos en la oración a Dios, nuestro Padre, que antes de cualquier trabajo  su gracia “nos preceda”, que su ayuda esté ya en nosotros y que durante todo nuestro obrar esa misma gracia nos “acompañe” y “nos sostenga”. Todo esto lo podemos resumir pidiéndole que su amor esté siempre con nosotros y nuestro amor en Él antes de actuar, en el trabajo y después del trabajo. Así, nuestras obras serán de su agrado y también de nuestro agrado. Porque hechas por Él en nosotros y por nosotros en Él, toda nuestra vida, con sus altibajos, le será agradable y alcanzaremos por Jesús la vida eterna.
De Dios esperamos nuestra salvación. Él nos fortalece.
“A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos. Amén.”

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, las oraciones de tus fieles junto con estas ofrendas; haz que este sacrificio, celebrado con amor, nos lleve a la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Hoy unimos en la oración nuestras súplicas y nuestras ofrendas. Las ofrendas nos han sido dadas por Dios; las súplicas salen de nuestros labios que deben expresar los sentimientos de amor y gratitud de nuestro corazón. Unir ambas cosas: los dones de Dios y nuestro esfuerzo de atención. Nuestro Señor desea verse acompañado de sus fieles. La ofrenda, como ofrenda de Cristo Jesús, es siempre aceptada por Dios Padre; como ofrenda nuestra necesita nuestra activa participación. No es suficiente estar en la Eucaristía; debemos participar.

«Cuando Cristo se manifieste seremos semejantes a él,
porque le veremos tal cual es» (1Jn 3,2)

Oración después de la comunión
Padre, humildemente te pedimos que así como nos alimentas con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos hagas partícipes de la naturaleza divina. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración de petición dirigida a Dios Padre, que tiene dos aspectos: uno temporal, de ahora, de la vida presente: participación de la vida de Cristo, que nos haga más semejantes a él, pues hemos sido alimentados de su Cuerpo y Sangre; y el otro aspecto se refiere a la participación en la vida eterna futura, cuando se haya hecho visible la participación eterna de la vida en Cristo. En este momento de unión con Cristo, de diálogo silencioso con él, podemos recordar que “seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es”. Ahora “lo vemos” con la luz de la fe; en la gloria de Dios con los ojos del Espíritu. Todos los regalos, materiales y espirituales, que Dios nos da, tienen como finalidad poder llegar a esa plenitud de visión y de amor que él nos ha prometido. La Eucaristía es anticipo en la fe. Por eso, nos hemos atrevido a pedirlo humildemente: el siervo ruega a su majestad.

“Es doctrina segura:
Si morimos con él, viviremos con él.
Si perseveramos, reinaremos con él” (2Tim 11-12)
“Lo que tú quieras, Jesús,
pero contigo”

¿Te gusta el Blog?

Comparte con tus amigos para dar a conocer Familia Franciscana.