La espiritualidad cristiana  se basa en la Biblia

 

Dra. Pilar Sánchez Álvarez

La espiritualidad cristiana, aparte de cumplir con todos los rasgos de las espiritualidades, es única, es diferente a todas, porque presenta una gran novedad respecto a todas las existentes. De la clasificación de espiritualidades sin relación con Dios y las que sí la tienen, la cristiana tiene la singularidad siguiente: Dios se ha hecho hombre. Es la única espiritualidad en que Dios es cercano al hombre porque al encarnarse Jesucristo se ha convertido en Padre y Hermano de toda la humanidad.

Esta espiritualidad cristiana, es la misma vida real del hombre mirada desde Dios, desde una visión trascendente, siendo el centro, el fundamento, el descubrimiento, la adhesión y el seguimiento de Cristo, verdadero hombre y verdadero Dios; ella hace al hombre trascender hasta Dios, siendo el camino para alcanzarlo Jesucristo.

Lo central de esta espiritualidad se juega en la vida, sobre todo en la vida de los pobres, y en el seguimiento de Jesús que, a veces, no deja de presentar aspectos conflictivos. Todo esto se encuentra muy lejos de una espiritualidad que se contempla a sí misma y preocupada por unos criterios de perfección que no son los del evangelio .

Cuando en el Concilio Vaticano II,  analizando la necesidad de dar respuesta al mundo actual e intentando intensificar la unidad entre la fe y la vida del cristiano, se propuso una renovación de la espiritualidad cristiana. Una renovación de la espiritualidad para transformar el mundo en el que el hombre vive y se inserta. Pablo Martí revisando los documentos del Concilio afirma :

La persona cristiana se comprende desde le misterio de Jesucristo y el misterio de la Trinidad en la Iglesia y en el mundo. A partir del misterio de Cristo la espiritualidad cristiana se ilumina en tres puntos nucleares: en la comunión con Dios (Dei Verbum y Sacrosanctum Concilium); en la llamada universal a la santidad y a la misión apostólica (Lumen Gentium y Apostolicam Actuositatem); en la espiritualidad vivida en el mundo y para la transformación del mundo (Gaudium et Spes).

Es importante insistir en que la experiencia del encuentro con Dios conlleva una salida del sujeto, un descentramiento de sí mismo, que lo desinstala de su tendencia a convertirse en centro de todo, en medida de todas las cosas, y le da la posibilidad de abrirse al otro como otro, en actitud de respeto y amor .

Es decir, el cristiano partiendo de la divina revelación, de la tradición, de la liturgia, la antropología teológica, siguiendo la llamada a ser santo y su actuación en el mundo,  no puede desligar su vida cotidiana de la espiritualidad porque es un ser espiritual .

Y el centro de toda la esta espiritualidad es Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Es asumir personalmente el estilo de vida propuesto por Jesús dejándose guiar por el Espíritu Santo y vivirla de una manera concreta por cada creyente .

Es una relación personal e inmediata con Dios, una persona que ha ‘experimentado’ algo, porque la espiritualidad del futuro no se apoyará ya en una convicción unánime, evidente y pública, ni en un ambiente religioso generalizado, previos en la experiencia y a la decisión personales como ha sucedido en varias etapas del cristianismo, sino que se apoyará en la experiencia ;  es una espiritualidad vivida en lo cotidiano, en los actos de cada día, en la propia existencia, implicándose personalmente en ella: una fe encendida en el amor y, por consiguiente, dotada de ojos, manos y pies; capaz de conocer, de transformar la realidad y de convertirse en un principio de acción ; con una nueva ascética de libertad, de libertad responsable ante el deber, porque se puede ser sin miedo un hombre de la cultura actual y a la vez un cristiano católico, vivir en un mundo pluralista sin volverse relativista;  es decir el mensaje evangélico de tal modo que no sea incomprensible por adelantado para los que están fuera .

Una gran variedad de espiritualidades se ofrecen a nuestros contemporáneos como otras tantas posibilidades de realización del ideal de vida al que aspiran para responder al enigma de su existencia y a sus anhelos más profundos. Primero en virtud del pluralismo religioso que impone a todos los humanos la situación de globalización y el acceso a la conciencia planetaria; y, después, por la extensión de espiritualidades laicas que disputan a las religiones la función de ofertas de felicidad y donación de sentido .

También existen múltiples espiritualidades cristianas, espiritualidad ortodoxa, protestante, católica…Y también dentro de cada una de estas religiones existen diversidad de opciones. Es la diversidad en la unidad:

La espiritualidad cristiana se refiere a una forma de vida guiada por el Espíritu de Cristo. Es, en su sentido más preciso, presencia, camino y dominio del Espíritu, que conduce a vivir el evangelio del amor, el seguimiento de Jesús, el compromiso por el Reino. Se entiende, pues, como la presencia del Espíritu de Cristo en la vida de las personas, de las comunidades y de las instituciones que quieren ser cristianas. Se trata de una forma y de un estilo de vida inspirados y guiados por Dios, motivados y arraigados en Jesús, a la vida más personal e íntima que se desarrolla interiormente a través de la relación que Dios, por su Espíritu, suscita y establece en nosotros. Necesariamente la espiritualidad cristiana está informada e inspirada por la fe. Pero en modo alguno puede hablarse de una única espiritualidad cristiana. Hay una raíz común y unos elementos identificadores, pero las expresiones concretas pueden ser muchas. Por eso, se habla de un «pluralismo de espiritualidades », porque no existe una sola forma histórica de expresar toda la riqueza de la vida de Dios en Cristo y porque, además, la misma espiritualidad cristiana necesita acomodarse a los profundos cambios de la historia. De hecho, en la vida cristiana han florecido un amplio y rico conjunto de espiritualidades: agustiniana, benedictina, dominicana, franciscana, ignaciana, carmelitana, etc .

La espiritualidad en la Biblia

El término espiritualidad proviene del latín spiritu, pneuma en griego, ruaj en hebreo, arman en sáncrito,  espíritu en castellano, el cual se refiere a soplo, aliento, aire, derivado de la palabra soplar o respirar, perteneciente a la familia espirar.

La palabra espíritu aparece en la Biblia en Gn 1, 2: “el Espíritu de Dios aleteaba por encima de las aguas” y también en Gn, 7: “Entonces Yahveh Dios formó con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente”. Soplo, ruaj, identificado como  aire, viento, fuerza aplicada a la persona, fuerza que da vida. Este texto se remonta al periodo del destierro en Babilonia (siglo VI antes de Cristo), cuando la fe de Israel había llegado a la concepción monoteísta de Dios.

Israel, al tomar conciencia, gracias a la luz de la revelación, del poder creador del único Dios, llegó a intuir que Dios creó el universo con la fuerza de su Palabra .En sentido religioso es fuerza creadora a la vez que salvadora, porque ese espíritu acompaña a su pueblo y lo alienta, lo conserva, lo salva, es un espíritu poderoso que cambia las cosas de este mundo, que transforma al hombre entero .

Este ruaj, este espíritu, presenta ya un significado espiritual, un carácter divino; es en principio algo misterioso, espiritual y material al mismo tiempo, cósmico y divino; en ese sentido, puede presentarse como expresión de la unidad más honda que vincula a Dios y al mundo.

En el Antiguo Testamento ya el Espíritu Santo presenta dos rasgos significativos: su trascendencia y por eso se le llama santo y su fuerza dinámica, poderosa e irresistible presente en la historia del hombre. Viento y aliento aparecen por un lado como obra de un Dios trascendente y por otro como su presencia concreta en el mundo.  San Pablo en la Carta a los Romanos en el capítulo octavo afirma categóricamente que la vida del cristiano es el Espíritu, que por Él los hace hijos de Dios, destinados a la gloria por su plan de salvación. El Espíritu  aparece como una realidad íntima a Dios, que obra en la intimidad del hombre y como fuerza que santifica.

  1. a) ¿Cómo conoce el hombre a ese Dios que los hace hijos y los destina a la gloria?

Porque Dios se ha dado a conocer libremente, se ha revelado a los hombres. Esta revelación ha sido el fundamento de la fe de la Biblia, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento. El Evangelio como norma y criterio de toda espiritualidad .

En la ponencia dada por Vicente Valenzuela Osorio en las jornadas Amerindia en 2019, al hablar de la revelación cristiana expone la idea esencial de esta en algunos teológos:

Algunos autores han propuesto que lo propio de la revelación cristiana es: Cristo como salvador absoluto y universal (K. Rahner), Cristo como plenitud de lo humano y lo divino (V. Balthasar), el Espíritu de Cristo (Y. Congar), el amor en las relaciones de justicia y de fraternidad (G. Giraldi), el optar por los pobres y fracasados y la experiencia del Abbá ( T. Queiruga), una cristología matizada por lo trinitario (J. Dupuis), Dios como divinidad kenótica (González de Cardedal), la gratuidad revelada en la Trinidad (X. Pikazza), la persona de Jesús en una dinámica de kenosis de Dios (M. Gronchi), la kenosis que se realiza por el amor en la opción por los pobres, lo afro-indígena y el feminismo (Cl). Oliveira), y la tensión histórica del amor y la fe (W. Kasper) . Sin embargo, leer la persona de Jesús y cuanto acontece en ella, desde la situación de pobreza de multitudes de seres humanos y de la vulnerabilidad de todos los seres vivientes, y de la vida en general, implica hacer un giro más contundente: asumir la mundanidad y el horizonte del vivir como lo específico de la revelación y, estrictamente, del cristianismo . Implica asumir que el mundo en su cotidianidad es la fuente de la experiencia de Dios (J. Sobrino), y no apelar a una causa primera que informa la realidad (Cl. Boff apelaría a una causa crística que informa la realidad) . El giro es pasar de una especificidad cristiana referida a Jesús, a una especificidad referida a la vida.

Siguiendo la idea de la kenosis, González de Cardedal comenta lo fundamental de su concepción al escribir :

La revelación es, por consiguiente la manifestación y el don que el Eterno hace de sí mismo a los hombres para hacerles partícipes de su propia vida, mediante la solidaridad de destino con nuestra vida y nuestra muerte, siendo hombre en Jesús y dándose a la historia y a la conciencia humana para que cada hombre le pueda descubrir y responder, mediante el Espíritu Santo, que es el espíritu de Jesús, que es Dios mismo interiorizado a nuestro propio espíritu, pasando de la historia particular a la inmanencia universal, desbordando el allí y el entonces de Jesús, para que cada hombre pueda verse en él desde si mismo y desde el tiempo y lugar en que es y existe.

  1. b) Espiritualidad cristiana y el Espíritu Santo

Hablar de Dios en el hombre es hablar del Espíritu Santo, porque es Él quien alienta toda la existencia del hombre. No se puede hablar de una genuina espiritualidad cristiana sin hablar previamente del Espíritu Santo.

Una de las verdades creídas por los cristianos es la inhabitación trinitaria, es decir, la presencia de la Santísima Trinidad en el alma del que está en gracia de Dios. En las Sagradas Escrituras el testimonio es constante , así como en el Magisterio, y en la Tradición .  Esta inhabitación es un hecho ontológico y psicológico.

De ahí que, siendo el Espíritu una realidad dinámica y renovadora, es progresiva, es el dinamismo trascendente del amor divino que se comunica al hombre, es el nucleo permanente y transcultural de la espiritualidad biblica .

La espiritualidad que se deriva del impulso del amor que infunde el Espíritu “no es simplemente interiorización, sino un camino de verdadera libertad que pasa por el corazón del hombre y que se dirige a la realidad integral del hombre y de su hisotria personal y comunitaria” .

  1. c) Escuelas de espiritualidad

A lo largo de la historia han surgido distintas escuelas de espiritualidad cristiana: la tomista con una espiritualidad directa buscando los valores trascendente y orientando su vida hacia ellos; la agustiniana que usa la imaginación creativa para acercar las escrituras al mundo actual para experimentar una relación personal con Dios y suelen utilizar los cuatro pasos de la lectio divina; la franciscana quien conduce al servicio a los demás, siendo su centro la Encarnación de Dios en Jesús de Nazaret, meditando sobre toda la creación; la ignaciana o ascética,  similar a la oración israelita, que se integran en la escena para extrae alguna enseñanza práctica, es una espiritualidad dirigida a superar lo que se opone a la voluntad de Dios; la carmelitana que utiliza la oración y la contemplación para llegar a Dios, que busca el triunfo del amor y de la caridad total donde el hombre casi desaparece reducido a la nada mientras que Dios se revela como el todo .

¿Qué es lo común a todas las espiritualidades cristianas? “La vida en el Espíritu mediante la escucha del mismo Evangelio, la participación en la misma Eucaristía, el compartir la misma vida sacramental y la misma misión de la Iglesia” .

Esto es lo esencial. La diferencia está en las formas de apostolado o de estilos de vida porque toda la espiritualidad cristiana tiene su fundamento en la Biblia.

 

 

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