ESCUCHAMOS EL CLAMOR DE LA TIERRA Y DE LOS POBRES

Espíritu de Asís 2020

REFLEXIÓN COMUNITARIA

           Hace ya muchos años, en 1996, el teólogo Leonardo Boff escribió un libro con el título Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres. Ha llovido mucho desde entonces. Y ahora podemos reflexionar cuál ha sido nuestro camino para escuchar ese doble grito. Porque, claro está, por religiosos y por franciscanos/as estamos doblemente concernidos.

En nuestro tiempo, el papa Francisco ha aunado esos dos gritos, el de la tierra y el de los pobres, con esa nueva expresión: “ecología integral”. La entiende así: la ecología integral es aquella que une el cuidado de la tierra al cuidado de los pobres. No son, pues, dos realidades separadas: el maltrato a la tierra supone el maltrato a los pobres. Son dos gritos que se entrelazan y dos llamadas que han de ser escuchadas al mismo tiempo.

La Vida Religiosa ha avanzado mucho en estos últimos años en información sobre los problemas de los pobres, tanto nivel local como global. Los medios de comunicación nos ponen delante, en tiempo real, las situaciones de los más desfavorecidos con un realismo que no tiene escapatoria. Pero aun con tanta información nos cuesta idear maneras de solidaridad y amparo para con los más débiles por más que siempre haya hermanos y hermanas totalmente entregados a la causa de los empobrecidos.

Efectivamente, más allá de la dificultad de su vida más envejecida que en otras épocas, la preocupación por los pobres ha florecido en múltiples iniciativas de colaboración al desarrollo. Casi todas nuestras Congregaciones tienen alguna ONG que se dedica a ello con laicos cercanos y el apoyo decidido desde el punto de vista económico por parte nuestra. Es, sin duda, una manera eficaz de salir al encuentro del grito de los empobrecidos.

También ha ido creciendo en nuestras casas la sensibilidad ecológica, sobre todo tras la publicación, ahora hace cinco años, de la encíclica Laudato Si’. Hemos ido llevando al terreno doméstico la preocupación por el planeta. E, incluso, conocemos muchas actividades que apuntan a preocupaciones ecológicas de índole global como el cuidado de los mares, la desforestación o la preocupación por la calidad del aire.

¿Qué más podemos hacer? La “conversión ecológica” a la que nos empuja el papa Francisco es un proceso largo, de por vida. No se ciñe a un solo momento ni a unas pocas acciones. Es un verdadero trabajo de conversión. Por ello, quizá habría que comenzar por pedir perdón a la hermana tierra y a los pobres. Perdón, sobre todo, por el olvido, por la indiferencia que es la causa de todas las disfunciones. Perdón por no sentirnos concernidos, por creer que eso de la ecología no iba con nosotros y que nada teníamos que ver con la desgracia de los pobres.

Además, y en esa línea, tendríamos que informarnos lo más posible de las grandes pobrezas y de las pobrezas cercanas. ¿Qué sabemos de la pobreza en España? ¿Hemos leído algún resumen del último informe Foessa? ¿Nos parece increíble que haya en España casi dos millones de niños en riesgo de pobreza? Y a nivel mundial lo mismo: ¿Qué sabemos de los rohinya a quien el papa Francisco pidió perdón? ¿Qué creemos que está pasando en el Kivu?

Y lo mismo con la tierra y sus avatares. ¿Qué idea tenemos de los transgénicos? ¿Qué repercusiones tienen los pesticidas en nuestra salud?  ¿Cuánto contaminamos con nuestros coches y aviones? Y más en general: ¿Qué sabemos de la deforestación económica, de las actividades extractivistas o de la agricultura industrial para beneficio de las grandes multinacionales?

Es un mundo abrumador. Primero, pues, informarse lo mejor posible. Y luego, comenzar por rezar. La oración ayuda y sensibiliza. Que de una u otra manera, todas estas preguntas encuentren en nuestra oración litúrgica y personal un eco. ¿Por qué suenan tan poco estos temas en nuestras preces y oraciones? Hagámosles un sitio y veremos cómo todo ese mundo se nos hace más cercano e, incluso, mejora nuestra oración.

Y luego mantengamos el apoyo y el ánimo a los hermanos/as y laicos que trabajan en nuestras ONG. Una palabra de ánimo vale su peso en oro tengámoslo por cierto. Y, finalmente, si nuestros medios nos lo permiten, seamos generosos siempre en palabras y en obras con quienes más sufren el peso de la vida. Eso nos llevará de la mano a poder sentir en el corazón el dolor mismo de la tierra.

Para pensar o compartir en comunidad:

 

  1. REZAR: ¿Cómo podemos incluir en nuestra oración personal y litúrgica el clamor de los pobres y el clamor de la tierra?
  2. INTERESARSE: ¿Nos interesamos por la suerte de los pobres cercanos? ¿Tenemos alguna actividad social?
  3. APOYAR: ¿Podemos apoyar en algo a grupos que trabajan por la justicia como los “círculos del silencio” o similares?

 

 

II

ORACIÓN COMUNITARIA

 

  1. Canto inicial:

 

Aunque yo dominara las lenguas arcanas
y el lenguaje del cielo supiera expresar,
solamente sería una hueca campana
si me falta el amor.

SI ME FALTA EL AMOR
NO ME SIRVE DE NADA
SI ME FALTA EL AMOR
NADA SOY (BIS TODO)

  1. Oración (todos)

 

Dios de amor,
muéstranos nuestro lugar en este mundo
como instrumentos de tu cariño
por todos los seres de esta tierra,
porque ninguno de ellos está olvidado ante ti.
Ilumina a los dueños del poder y del dinero
para que se guarden del pecado de la indiferencia,
amen el bien común, promuevan a los débiles,
y cuiden este mundo que habitamos.
Los pobres y la tierra están clamando:
Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz,
para proteger toda vida,
para preparar un futuro mejor,
para que venga tu Reino
de justicia, de paz, de amor y de hermosura.
Alabado seas.
Amén.

 

  1. Lectura bíblica: Mc 10,46-52

  

«Y llegaron a Jericó. Cuando iba saliendo de Jericó con sus discípulos y una considerable multitud, el hijo de Timeo, Bartimeo, un ciego mendigo, estaba sentado junto al camino.Al oír que era Jesús Nazareno, se puso a gritar: – ¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí! Muchos le conminaban a que guardase silencio, pero él gritaba mucho más: – ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se detuvo y dijo: – Llamadlo. Llamaron al ciego diciéndole: – ¡Ánimo, levántate, que te llama!  Él, tirando a un lado el manto, se puso en pie de un brinco y se acercó a Jesús. 51 Reaccionó Jesús preguntándole:  – ¿Qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: – Rabbuní, que recobre la vista. Jesús le dijo: – Márchate, tu fe te ha salvado. Inmediatamente recobró la vista y lo seguía en el camino».

  1. Compartir

 

  1. Oración sálmica: Sal 34 (dos grupos)

 

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen
y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.

10 Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
11 los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.

 

  1. Padre nuestro de la madre tierra (dos grupos)

 

Padre nuestro, que estás en la tierra, en los valles, los bosques, el desierto y la ciudad… y también en nosotros y en el interior de todo lo creado.

Santificada sea tu creación, a la que sigues dando vida, aliento y energía. Santificada en el soplo del aire y el rumor de las aguas, en la fecundidad de la tierra, la belleza de los valles y los montes, en la existencia de todos los vivientes.

Venga a nosotros tu sabiduría para cuidar y desarrollar la belleza que nos has dado, que está en la flor y el arco iris, en el agua y en la fértil madre tierra.

Hágase tu voluntad, tu deseo de ver felices a todos los hijos e hijas, que seamos personas buena que, a tu imagen y semejanza, asumamos el reto de proteger el proceso vital de tu creación.

Danos hoy el verdor de cada día, en el prado y en el monte, en el jardín y en la tierra que agoniza.

Perdona… nuestra irresponsabilidad al no cuidar lo que nos has dado, nuestro afán de acaparar sin compartir, nuestra explotación de la naturaleza, nuestra falta de cuidado por otras especies y de solidaridad con las futuras generaciones.

No nos dejes caer en la desertización que niega tu obra y aniquila la vida, de ignorar a los hermanos y hermanas, de olvidar o descartar a los pobres, de convertir el cuidado de la Creación en abuso y explotación.

Y líbranos del conformismo, para que se transformen nuestros corazones, para que te alabemos cuidando la vida de cada ser y la armonía del universo.

 

  1. Oración final (todos)

 

Dios de amor,
que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.
Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.

Por Jesús, nuestro Señor. Amén.

  1. Bendición de san Francisco

 

  1. Canto final:

 

CON VOSOTROS ESTÁ

Y NO LE CONOCÉIS.

CON VOSOTROS ESTÁ,

SU NOMBRE ES EL SEÑOR. (BIS)

Su nombre es el Señor y pasa hambre,

clama por la boca del hambriento,

y muchos que lo ven pasan de largo

a caso por llegar temprano al templo.

Su nombre es el Señor y sed soporta,

está en quien de justicia va sediento,

y muchos que lo ven pasan de largo

a veces ocupados en sus rezos.

 

¿Te gusta el Blog?

Comparte con tus amigos para dar a conocer Familia Franciscana.