El amigo de novio. Juan el Bautista: historia y teología.

Roberto Martínez Ribera OFMCap

         La obra parte de la historia de la investigación sobre Juan Bautista, quien bautiza a Jesús y comparte, seguramente, las primeras predicaciones sobre el Reino a un pueblo expectante de la inminente venida del Señor y utiliza las matrices del Bautista  sobre el juicio de salvación y condena inminentes de Dios. Se expone lo que aporta la investigación sobre Juan los autores que siguen la crítica de las formas, la crítica de la redacción y las perspectivas sociohistóricas de Backhaus, Webb, Meier y Taylor. Se destaca, pues, la situación de las comunidades y los matices de los evangelistas en el uso de las tradiciones y su redacción, así como sus orientaciones teológicas. Al menos en la primera parte de la predicación de Jesús, no se puede entender bien si no se sigue de cerca la vida y doctrina de Juan: su visión apocalíptica, el bautismo y el bautismo de Jesús, y cierta tensión, después de la resurrección, entre los discípulos de Juan y de Jesús. Con todo, la mayoría de los autores optan por una continuidad, más que ruptura, entre Juan y Jesús con ciertas diferencias, aunque hay exegetas que se aferran a las conclusiones que se siguieron en la segunda búsqueda del Jesús histórico iniciada por E. Käsemann. El libro sitúa al Bautista en el contexto social de Segundo Templo —judaísmo palestinense— y se centra en estos aspectos del profeta: su predicación, la relación con Jesús y su papel en el Evangelio de Juan, distribuidos en siete capítulos (44).

Se trata a continuación los orígenes de Juan. Solventada la crítica histórica, los cuatro capítulos de Mateo y Lucas incorporan la primitiva cristología de las comunidades cristianas. Lucas pone en paralelo los anuncios, los nacimientos, las circuncisiones, los nombres y dos himnos de acción de gracias para celebrar sus nacimientos. Une el relato de la infancia a los dos primeros capítulos de los Hechos, con una calidad literaria evidente. Mateo y Lucas, siguiendo a Ratzinger, «son historia interpretada y, a partir de la interpretación, escrita y concentrada» (57). No son relatos históricos, sino testimonios sobre la incidencia divina en la persona de Jesús. La presencia de Juan en las riberas del río Jordán, su vestimenta y comidas austeras, siguiendo a Elías. La predicación sigue este estilo: Dios viene y la vida debe cambiar radicalmente para que su recepción sea salvadora, y la relación con los demás debe mostrar una conversión donde destaque la misericordia. Juan predica el Reino: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos» (Mt 3,2), mensaje que, con sus variaciones, es el centro de la predicación de Jesús (cf Mt 4,23,9,35; 24,14). En este sentido, Lucas también recalca  la «buena nueva» del mensaje de Juan (cf Lc 3,18). Para ello bautiza, bautismo que es una signo externo del arrepentimiento interior y de conversión sincera. Y vendrá  uno más fuerte que él que perdonará los pecados porque derramará el Espíritu. Jesús entra en el círculo de seguidores de Juan en un sentido amplio, y después seguiría sus huellas, una vez convertido, con algunos de sus condiscípulos (167-180).

Los evangelios muestran a Jesús como un hábil observador: la viuda pobre, que echa en la alcancía del templo todo lo que tiene (cf Mc 12,41-44); a la naturaleza creada: las aves, los lirios (cf Mt 6,26) o cuando escribas y fariseos tratan de distinguirse sentándose en los primeros puestos en los actos sociales (cf Lc 14,7). Pero Jesús, además de observar, escucha: invita a abrir los oídos. Como buen semita se une a Dios a través del oído: la escucha de la Palabra (cf Mc 12,32-34; 4,9.23; etc.). Por último, Jesús se conduce en las relaciones sociales con discreción. Por eso exhorta a ocupar los últimos puestos cuando uno sea invitado a un banquete (Mc 12,38-39). Basta recordar el famoso capítulo 23 de Mateo contra el orgullo, la hipocresía y la fatuidad de los fariseos y escribas. Estas tres actitudes de Jesús, quizás, fueron las que le condujeron a relacionarse como discípulo lejano de Juan, admirarle y seguir sus huellas, al menos en la primera predicación del Reino entorno al lago de Galilea. Y, además, explicaría el conocimiento de Jesús de Juan y el desconocimiento de Juan de Jesús (226).

Es indudable la autoridad de Juan sobre el pueblo y las críticas a Herodes Antipas. Éste se había casado con Herodías, antes esposa de su hermanastro Herodes Filipo. Para poder casarse con ella, se separa de su esposa, hija de Aretas IV, rey de los nabateos, cuya capital era Petra. Aretas entabla una guerra con Herodes Antipas, y gracias Lucio Vitello, gobernador romano de Siria, se para lo que hubiera sido un desastre para Herodes. Juan sabe el acontecimiento y critica la conducta inmoral de Herodes y las desgracias que trae para el pueblo. Después vendrían los círculos de poder allegados a Herodes, la conveniencia de su encarcelamiento y la venganza de Herodías (cf Mc 6,17-29; Mt 14,1-12). La muerte del Bautista se relaciona con la posterior resurrección de Jesús y su continuidad en la historia gracias al Espíritu dado a un discipulado mucho más formado y unido que el de Juan. Las comunidades cristianas resorientan la relación de Juan con Jesús con la metáfora del «amigo del novio, que está al lado y le escucha» (cf Jn 3,22-30). Si bien tiene sus precedentes en el AT, los cuatro Evangelios llaman a Jesús el «novio». Se le dice «novio» porque familiares, amigos y conocidos se alegran de su presencia. Jesús mismo emplea imágenes sobre los banquetes de las bodas para enseñar la escatología judía y cristiana, igual que Pablo (cf Mt 22,1-14; 25,1-13; 2Cor 11,2; Ef 5,21-33; etc.). Juan escucha a Jesús y se alegra que crezca en la difusión del Reino en la intensidad de la espera de Dios. Y no obstante sea el profeta más grande de la historia de Israel, ahora es necesario que Jesús y los suyos crezcan y él disminuya (cf Jn 12,32). Y termina el Autor: «Si, para Jesus, Juan era «el mayor de los nacidos de mujer» (Mt 11,11; Lc 7,28), para la historia y la teología ser el «amigo del novio» era el mayor privilegio de Juan» (320). Es una obra bien estructurada, donde se recoge la bibliografía más importante editada sobre el Bautista y resalta con razón la íntima y determinante relación de Jesús con Juan.

 

Editorial Verbo Divino, Estella (Navarra) 2019, 381 pp., 16 x 24 cm.

 

 

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