II DOMINGO DE ADVIENTO

P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta

                Dios todopoderoso, rico en misericordia, no permitas que, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, lo impidan los afanes terrenales, para que, aprendiendo la sabiduría celestial, podamos participar plenamente de su gloria. Él que vive  y reina por los siglos de los siglos.

            Dios, que es todopoderoso,  “todo bien, sumo bien, bien total, el solo bueno” (San Francisco de Asís), es rico en misericordia. Podemos decir que en relación con nosotros, su misericordia es su nota sobresaliente. Apoyados en ella, nuestro corazón se siente seguro para salir confiados y con ánimo alegre al encuentro del Señor Jesús. Sin embargo,  “los afanes de este mundo”, la excesiva preocupación por las cosas materiales, pueden disminuir nuestro ánimo en el camino hacia Cristo y  hacernos olvidar el fin de nuestro camino. Caminamos hacia Cristo  y debemos caminar sin miedo, con ánimo alegre, porque Dios Padre es quien nos guía. Para no errar en el camino Dios Padre nos da la ayuda del Espíritu Santo, su Sabiduría divina, quien nos indica cuál sea el fin de nuestro camino: “participar plenamente del esplendor de la vida y gloria de Cristo”, de su bienaventuranza, de su felicidad, de su paz y amor, en comunión con todos nuestros hermanos, los santos.

Mientras caminas, nunca caminas solo,
te acompaña tu Dios,
que te ha trazado el camino
y te guía hacia su hogar.

Oración sobre las ofrendas
Que los ruegos y ofrendas de nuestra pobreza te conmuevan, Señor, y al vernos desvalidos y sin méritos propios acude, compasivo, en nuestra ayuda.Por Jesucristo nuestro Señor.

Dios mira con cariño la pobreza, la ama. No teníamos otra que ofrecerle cuando vino a nosotros que un vulgar pesebre, de utilidad para los animales. Lo aceptó con agrado. Ahora, en el momento de presentar nuestro pan y vino, le pedimos que los mire con agrado. Nuestras manos son tan pobres como el pesebre de Belén, sin embargo, Señor, acude en nuestra ayuda, pues nuestra pobreza alegra tu corazón y con mirada compasiva contemplas nuestro servicio.

Dichosos nosotros si la pobreza de Jesús
es nuestra fortaleza,
porque “ella vence la codicia y la avaricia
y las preocupaciones de este mundo” (san Francisco de Asís)

Oración después de la comunión
Saciados con el alimento espiritual, te pedimos, Señor, que, por la participación en este sacramento, nos enseñes a sopesar con sabiduría los bienes de la tierra y amar intensamente los del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Situémonos: Hemos recibido el alimento espiritual y… después de unos minutos de silencio interior durante el cual le hemos dado gracias a la Santísima Trinidad por el don recibido, nos atrevemos a pedirle que nos enseñe cómo poner en una misma balanza los bienes de la tierra y los bienes del cielo, no para despreciar los de aquí, que Él nos ha dado y que necesitamos, sino para que, valorando justamente los dos, amemos los del cielo que hemos recibido, de tal manera que los bienes de la tierra sean usados según la sabiduría de Dios.

El Señor tu Dios hará oír su voz en tu corazón,
que, compasivo, llenará de paz y alegría.

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