SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

Octava de la Navidad del Señor

Oración colecta
Dios y Señor nuestro, por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación; concédenos experimentar la intercesión de aquélla de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

El día primero del año civil la Iglesia dirige su mirada a la Madre de Jesús, la que de modo virginal lo dio a luz. Con esto nos manifiesta su deseo de que todos los cristianos pongamos bajo la mirada de María, nuestra Madre, el año que comenzamos.
En la oración colecta recordamos, y así se lo manifestamos a Dios, que los bienes de la salvación que Él nos ha otorgado nos han venido por la maternidad virginal de María.
Puesto el motivo de nuestra oración, le pedimos a nuestro Dios y Señor que experimentemos la intercesión de María. Se trata de sentir profundamente en nuestro interior la experiencia de la presencia de la Madre de Jesús en nosotros y con nosotros, de sentirnos conducidos por ella y protegidos de los atractivos del mal.
Otra razón más que motiva nuestro atrevimiento ante Dios: María nos ha dado al Hijo de Dios hecho hombre y por este misterio está ella tan unida a Dios que todo lo que le pedimos pasa por ella y es presentado por Jesús al Padre. Dios Padre nos lo concede.

María,
Queremos caminos blancos
de paz y felicidad,
donde las armas no suenen.
¡El Señor nos bendiga y nos guarde!

Oración sobre las ofrendas
Dios nuestro, que con tu bondad comienzas y perfeccionas toda obra buena, concede que, así como nos alegramos en la fiesta de Santa María, Madre de Dios, al celebrar la aurora de la salvación, podamos también gozar de la plenitud de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

“Todo es gracia” que generosamente Dios nos regala. Para nosotros, hijos de Dios, debe ser motivo de alegría saber y creer que todo bien en nosotros viene de Dios y que llevamos a plenitud  porque Él lo lleva en nosotros y con nosotros a su cumplimiento. En Santa María Madre de Dios, Dios comenzó en ella la salvación, gloria para nosotros, y nos alegramos, porque, así como en María llevó a plenitud la salvación, también esperamos alcanzarla nosotros para gloria de Dios.

¿Madre
Eres la buena semilla,
el calor en la nevada, sombra en la tarde estío,
el agua de la segada
(P. Ruiz Verdú OFM)

Oración después de la comunión
Señor y Dios nuestro, hemos recibido con alegría los sacramentos celestiales; te pedimos que nos ayuden a alcanzar la vida eterna a cuantos nos gloriamos de proclamar a María, siempre Virgen, Madre de tu Hijo y Madre de la Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

¡María!
¡Tú esperabas!
El sol que da luz al sol,
el que el pecado hace la gracia,
el que fruto a la tierra
y belleza a la rosada.
(P. Ruiz Verdú OFM)

 

II DOMINGO DE NAVIDAD

Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que iluminas a quienes creen en ti, llena la tierra de tu gloria
y manifiéstate a todos los pueblos por la claridad de tu luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Miramos al Dios Creador y, desde Dios, miramos al hombre creado a imagen y semejanza de Dios. Esta maravilla ha nacido de la bondad y misericordia divinas. Dios es amor y por amor hemos sido creados. Y en el amor de Dios hemos sido cimentados. En su amor está nuestra seguridad y nuestra felicidad. Esta es la maravilla primera de Dios a favor del hombre: creados a su imagen y semejanza por amor.A esta obra de Dios, el hombre y la mujer respondieron dándole la espalda: no quisieron saber nada de este cariño de Dios. Pero Dios no los abandonó. Y a la primera maravilla añadió la segunda, más admirable aún: la encarnación de su Hijo en nuestra carne mortal: Jesucristo. Hizo a su Hijo nuestro hermano y redentor; lo hizo en todo semejante a nosotros, menos en el pecado.Pues bien: si Jesucristo compartió nuestra condición de hombre mortal, nosotros le pedimos a Dios que se digne concedernos la gracia de compartir la vida divina que nos trae su Hijo.

Un Niño nos ha nacido,
un Hijo se nos ha dado;
tendrá por nombre:
“Ángel del Gran Consejo”

Oración sobre las ofrendas
Padre, santifica estas ofrendas por el nacimiento de tu Hijo único, que nos muestra el camino de la verdad y nos promete la vida del reino celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jesús ha nacido para nosotros. Él, que es el camino seguro para llegar al Padre, nos muestra cuál sea el contenido de este camino. Y nos dice: “Yo soy el camino”. El contenido de este camino es el mismo Jesús, su vida, su amor. Y en el pan y vino que presentamos unimos nuestro pobre amor y nuestra débil voluntad. Entonces Jesús, cuando haga suyos el pan y el vino dándonos en ellos su vida y su amor, nos anticipa el reino celestial.

«Dios nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo,
para que fuésemos santos e intachables
ante él por el amor»
(Efesios,1,4)

Oración después de la comunión
Señor y Dios nuestro, te pedimos humildemente que la fuerza de esta eucaristía nos purifique de nuestros pecados y dé cumplimiento a nuestros más nobles deseos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

¡Navidad! Dios misericordioso, compadecido de nosotros, ha hecho visible, enviándonos a su Hijo, la misericordia tantas veces anunciada por los profetas y realizada frecuentemente en la historia de Israel. ¡Dios es fiel y cumple sus promesas! Quiere comunicarnos su vida divina; y en su Hijo nos la da. Es nuestro deber actuar según lo que somos: hijos de Dios. Jesús dijo: “el que me come (por la fe y la comunión) tiene vida eterna”. Esto es lo que le pedimos después de recibirlo: “que nos haga partícipes del don de su inmortalidad”.
Un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado:
la Palabra se hizo carne
y acampó entre nosotros.
Y hemos contemplado su gloria.

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