La novedad de Jesús. Aportación y legado

Xabier Pikaza

por Bernardo Pérez Andreo

Las obras de madurez son aquellas en las que el autor destila su mejor esencia, como sucede en esta obra de Pikaza. Aquí nos encontramos con el concentrado más puro de muchos años de investigación sobre Jesús y sobre la Iglesia. El lector avisado podrá percibir tras esta obra el resto de la producción inmensa de este autor, que se ha prodigado en los últimos años tanto en impresión de libros como en su blog en internet, ayudando a personas y comunidades a pensar y reflexionar sobre la fe que han recibido y que intentan vivir en medio de un mundo necesitado de interpretación. Interpretar la fe y vivirla en medio del mundo, son los dos propósitos que están detrás de esta grandiosa obra. Y decimos grandiosa, no ya por las casi 500 páginas que ocupa (el autor ha escrito obras de más de 1000), sino por la capacidad de síntesis que se aprecia en la misma.

Pikaza, en La novedad de Jesús, va al grano, al núcleo que sustancia la propuesta de Jesús, a su novedad para el mundo ayer y hoy. Su interés es ofrecer, y así lo afirma al comienzo, “un Manual de Acción Cristiana” para los grupos que quieran vivir la experiencia de Jesús de Nazaret. Este propósito puede resultar al mundo de la Academia un tanto espurio: “dónde va un autor serio proponiendo manuales catequéticos”, afirmarán en su fuero interno. Pero, esa misma fue la intención del autor del Evangelio de Marcos, ofrecer un Manual para iniciar a la vida desde Jesús. Pikaza es gran conocedor de los evangelios, sus imponentes comentarios a Marcos y Mateo están ahí para demostrarlo, y este conocimiento, destilado finamente, sin alharacas exegéticas ni pomposas descripciones, es ofrecido como vida que se extiende en cada una de sus páginas; al leerlas se tiene la impresión de cierta urgencia, como que el tiempo apremia para poder exprimir en experiencia cuanto atesora la belleza del Evangelio de Jesús.

La mitad de la obra está compuesta por dos capítulos: el capítulo II. Jesús. Testigo de Dios, y el capítulo III. Embajadores de Jesús. Testigos del Evangelio. Aquí está el meollo del libro. Dios requiere de testigos, así lo vemos en todo el Antiguo Testamento, al que el autor dedica el capítulo I, porque es su manera de actuar en medio de las necesidades humanas. El principal de los testigos es Jesús de Nazaret, por eso se le dedican más de 150 páginas, donde se condensa prácticamente todo lo que a día de hoy sabemos sobre Jesús según las investigaciones de los últimos cincuenta años. Con gran austeridad nos desgrana los elementos fundamentales de lo que sería una cristología basada en la vida de Jesús, en su experiencia humana y creyente: Jesús, discípulo del Bautista, el Reino de Dios, las sanaciones y las comidas con los excluidos, la nueva familia del Reino, la autoridad de los otros, mujeres y niños, el servicio, el conflicto con las autoridades y la apertura a la Iglesia. Son las claves para entender la propuesta de vida en el seguimiento de Jesús que sus discípulos y discípulas continuaron como testigos del Evangelio. La experiencia vivida con Jesús se hace vida en comunidad y esta, con el tiempo, se transforma en textos que puedan pasar de generación en generación: Marcos, Mateo, Lucas-Hechos, Pablo y su escuela, la comunidad del Discípulo Amado, la Iglesia perseguida que testimonia Jesús: Hebreos, 1 Pedro y Apocalipsis. Por último, la construcción de la Iglesia de los obispos-diáconos y la difícil situación dentro del Imperio: Didajé, 1 Clemente, Ignacio de Antioquía, Justino e Ireneo.

El recorrido no es exhaustivo, pero sí va a los momentos esenciales que han constituido la Tradición cristiana. Retoma estos momentos para darles una unidad que solo la asiduidad con los textos y la Tradición puede ofrecer, asiduidad que el autor ha cultivado como esencia de su propia existencia. En esta obra, por tanto, tenemos al Pikaza más real, a la persona y al investigador, al creyente y al comprometido, en definitiva, al testigo de una tradición que nos ha legado a Jesús de Nazaret y su compromiso con el mundo desde el vínculo estrecho con su Padre. Pikaza es aquí un testigo más en la línea que nos une con el Dios que se manifestó a un arameo errante para hacer de él un pueblo que viviera el servicio como la verdadera religión.

Toda la obra mira hacia la actualidad, como bien lo expresa en el “epílogo, en pleno siglo XXI”. La construcción de una Iglesia jerárquica y burocrática es fruto de un devenir histórico contingente. Hemos llegado aquí, pero no es la única opción. Mirando hacia atrás, vemos que este tipo de Iglesia sacral y juridicista es algo secundario en la Tradición y que lo primero es una Iglesia del servicio y el amor fraterno, una Iglesia que testimonia a Jesús, donde la eucaristía es la expresión máxima del amor compartido entre todos los testigos de Jesús, donde él mismo se hace presente por estar en comunión. Por eso, “ha llegado el momento de explorar y expandir en esa línea un tipo de celebraciones que broten de la misma vida cristiana, no por autosuficiencia o protesta anarquista, por evasión sectaria o rechazo del sacerdocio, sino por fidelidad a Jesús y por amor a las iglesias concretas, con su sacerdocio común, que se despliega allí donde unos hombre y mujeres se descubren invitados y llamados a celebrar junto el don de Dios, integrados en la Gran Iglesia” (p. 483).

Pikaza nos invita a ser audaces, no por vanidad autosuficiente, sino por fidelidad y responsabilidad ante lo que hemos recibido. La “Gran Iglesia” es aquella que existe desde el justo Abel, que pasa por los profetas de Israel y tiene su culmen en Jesús de Nazaret, pero que continúa a través de los siglos en todos los testigos del Resucitado hasta nosotros hoy día. No podemos dejar que una formas anquilosadas apaguen el Espíritu que grita por dar testimonio.

Ediciones Feadulta, Toledo 2019, 490 pp, 21 x 14,5 cm.

¿Te gusta el Blog?

Comparte con tus amigos para dar a conocer Familia Franciscana.