La Tecnocracia

José Manuel Caamaño, (ed.),

Por Bernardo Pérez Andreo

El transhumanismo, el posthumanismo y la tecnocracia son tres dimensiones de una misma realidad que en el siglo XXI se está configurando como los instrumentos utilizados por el poder para el control social e individual, de modo que merece la pena parar a pensar qué mundo se está construyendo. El volumen presente intenta hacerlo desde una de las perspectivas posibles: cómo el divorcio entre las dos culturas, la ciencia y las artes, y la entronización de una aplicación tecnológica sin ningún tipo de control ético o político democrático, nos conduce directamente, como ya denunciara el Papa Francisco en Laudato Si’ a una cultura del control social desde las instancias económicas de poder. La ténica, lejos de ser una ayuda al ser humano, se convierte en su tirano, cuando está puesta al servicio de estructuras económicas que han visto cómo la tasa de ganancia de las inversiones desciende y cómo los recursos naturales se revelan escasos en un mundo decididamente finito. Como muy bien lo expone en su intervención el editor de la obra: «el paradigma tecnocrático únicamente describe una situación en la que precisamente se distorsiona el sentido de la técnica para utilizarlo no tanto al servicio del ser humano o de sus propios bienes internos como de otros intereses espurios, frecuentemente ideológicos aunque camuflados de neutralidad, en los cuales suelen primar factores como la mera utilidad, la eficacia, la funcionalidad o el poder» (p. 35).

Se hace necesaria, por tanto, la denuncia de un sistema que se torna radicalmente inhumano al perder de vista la función social y humana de la técnica. El presidente del Pontificio Consejo de la Cultura, el Cardenal Ravasi, realiza el prólogo de la obra con una magisterialidad que va más allá de la meramente eclesial. Recuerda el Cardenal que el bien común solo se puede proteger mediante la unión interdisciplinar y transdisciplinar de todo lo que ha permitido y sigue permitiendo la existencia de la humanidad en un mundo cada vez más interconectado. Por esto mismo, trae a colación la frase de Ricoeur: asistimos a una hipertrofia de medios tecnológicos y a una atrofia de fines. Nuestra misión será poner las cosas en su lugar y volver a poner los fines en su lugar, siendo los medios eso mismo, los instrumentos para obtener los fines. Aquí es donde tiene todo su sentido el epílogo que aporta Adela Cortina, buscando la necesario cooperación entre tecnociencia y humanidades hacia una sociedad cosmopolita. De esta manera, será posible conocer reflexivamente la historia, despertar el espíritu crítico, ayudar a forjar la propia conciencia, fomentar la imaginación creadora, cuidar la naturaleza y hacer, en fin, que las ciencias y las técnicas, junto a las tecnologías, aporten a la humanidad lo que esta necesita para vivir en un mundo verdaderamente humano, en regímenes democráticos auténticos capaces de frenar las ideologías perniciosas que se extienden por el mundo.

Además de lo ya reseñado, el volumen cuenta con cuatro aportaciones desde diversas perspectivas que nos pueden dar mucha luz en este propósito de poner en relación la tecnología y las humanidades. Jacek Poznanski en La tecnocracia frente a los límites de la razón moderna, nos propone una interrelación entre ciencia y razón. La ciencia, también la tecnociencia, es un proyecto integrado por valores. La tecnocracia no tiene justificación racional, pues la tecnociencia ha de someterse a los valores que la sociedad, democráticamente, decida. Por su parte, Sara Lumbreras, de ICADE, aporta la visión de La ingeniería ante la tecnocracia, pues daría la impresión de que la ingeniería tiene una autonomía absoluta en el paradigma tecnocrático. No es así. La buena ingeniería, como la llama, no es reduccionista. Los grupos de trabajo lo hacen de manera convergente, aportando diversos enfoques desde realidades multidisciplinares. La ingeniaría, así considerada, aplicaría dos principios básicos: el de prudencia, evitar correr riesgos, y el de subsidiariedad, que cada grupo de expertos decida en su campo. Con estos criterios sí será posible una ingeniería no sometida al paradigma tecnocrático.

Carlos Blanco, también profesor de ICADE, realiza una aportación desde la perspeciva de La integración del saber ante el especialismo. La sociedad posmoderna ha derivado en un atomismo del conocimiento de tal envergadura que el Saber ya no tiene lugar, desplazado por saberes muy pequeños y particulares. La propuesta es pasar de lo analítico a lo sintético, de modo que todos los saberes logrados en los últimos siglos se integren en un conocimiento superior, regido por lo que nos hace humanos, la aplicación de valores a la vida. Y por último, el Rector de la Universidad Pontificia de Comillas, Julio L. Martínez, realiza el aporte más extenso de este volumen. Inter(trans)disciplinariedad y ética viene a resumir en el título la propuesta que subyace a esta obra conjunta. La interdisciplinariedad, unida a la transdiciplinariedad, es decir, la compenetración de todas las disciplinas, cada una en su nivel y desde sus propios presupuestos, deben ser capaces de integrarse en un nivel superior que es donde está la ética, vale decir, los valores humanos. Para poner la ciencia y la técnica al servicio del progreso humano se hace necesario un humanismo que cultive la dimensión ética de la vida y de la profesión, un horizonte del saber donde los logros científicos estén acompañados por los genuinos valores humanos. Se trata, al decir de Julio Martínez, de elaborar un humanismo pleno, en la línea de Populorum Progressio. O, en palabras de Fides et Ratio, de tener presente siempre el «horizonte sapiencial en el cual los logros científicos y tecnológicos están acompañado por valores filosóficos y éticos, que son manifestación característica e imprescindible de la persona humana».

Es necesario pensar siempre de nuevo la relación entre la ciencia, la técnica y la ética, aunque se hará imprescindible también incluir la política, pues las decisiones que se toman en los lugares de poder económico en la era neoliberal deberán ser contrapesados por decisiones políticas democráticas. Este volumen es una buena propuesta en la línea de la reflexión ética ante el paradigma tecnocrático.

Caamaño, José Manuel (ed.), La Tecnocracia, Sal Terrae, Santander 2018, 143 pp, 14 x 12,5 cm.

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