Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi)

 

P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta

Señor Jesucristo, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu Pasión, concédenos venerar de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que podamos experimentar siempre en nosotros los frutos de tu redención. Tú que eres Dios, y vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo en unidad por los siglos de los siglos.

Jesús es el pan bajado del cielo, y lo multiplica y lo da a todos los que tienen hambre. Jesús es el pan bajado del cielo, y da la vida de la salvación divina a los que estamos maniatados en la tupida red que establecen nuestros intereses y los intereses de todos los humanos. Si pasamos de adorarle en el tabernáculo a comulgarle, es decir, a identificar nuestras actitudes con las suyas, estamos cumpliendo la finalidad de la Encarnación: poder vivir aquí con los ojos de Dios, con la vida de Dios, para sembrar en nuestra vida la eternidad de Dios. El Señor nos ha dado a comer nada menos que a su Hijo; nos ha ofrecido su vida para que la nuestra se rehaga, se recree y busque unos objetivos que redunden en nuestra felicidad. No es cualquier comida o bebida que mantiene y alegra la vida, porque es la vida transida por el amor.

Altar de Dios: el centro de la vida

con el Señor en medio de su pueblo,

mesa del pan que a todos nos convida

a reunirnos en un mundo nuevo.

(LH Laudes)

Oración sobre las ofrendas

Señor, concede propicio a tu Iglesia los dones de la paz y de la unidad, místicamente representados en los dones que hemos ofrecido. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Con los ojos de nuestro rostro solo vemos pan y una copa que contiene un poco de vino. Si nos dejamos llevar por lo que vemos (pan y vino), san Pablo nos dirá que la persona carnal no entiende las cosas del Espíritu. Pero si nos dejamos conducir por la fe, entonces Jesús nos dice: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día» (Jn 6, 54). ¡Vida eterna!

Iluminados por la fe y unidos a la misma fe de la Iglesia, afirmamos que la Eucaristía es el gran don de la paz y de la unidad, que Dios nos ofrece diariamente para que, tanto individualmente como comunidad, unidos a Cristo Jesús, trabajemos por nuestra paz interior y de relación, y para que la sociedad crezca en armonía. Si vivimos de la fe, hagamos visibles los frutos de la fe.

Dice Jesús: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo;

el que coma de este pan vivirá para siempre» (Jn 6,51)

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor, saciarnos del gozo eterno de tu divinidad, anticipado en la recepción actual de tu precioso Cuerpo y Sangre. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Las oraciones, salvo excepciones, están dirigidas a Dios Padre, por Jesucristo. La de hoy  es una excepción. Invocamos a Cristo Jesús, a quien hemos recibido. A Él, que quiso vivir nuestra vida terrena con sus dificultades y cansancios, con sus angustias y dolores, y también con sus alegrías, le pedimos con humildad y confianza, que nos sacie del gozo eterno de su divinidad, de ese gozo que nos regaló en el bautismo y que ha ido creciendo gracias al sacramento de su Cuerpo y Sangre que hemos recibido.

«Es el Espíritu del Señor, que habita en sus fieles,

el que recibe el santísimo Cuerpo y Sangre del Señor.

Y todos los que no participan de este Espíritu y se atreven a  recibirlo,

comen y beben su condena»

(San Francisco de Asís, Adm.1, 12-13)

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