XI Domingo T.O.

 

P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta
Dios nuestro, fuerza de los que esperan en ti, escucha con bondad nuestros súplicas, ya que sin tu ayuda nada puede la fragilidad humana, y concédenos la gracia de cumplir tus mandamientos para agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor Jesucristo

Oremos con profunda fe la oración colecta de este domingo, para que lo que oramos y pedimos penetre en nuestro corazón y se haga realidad en nuestra actuar.
Primero afirmamos que Dios es nuestra fuerza, ya que nuestra esperanza la tenemos puesta en Él. No obstante, conseguir lo que pedimos es obra de su bondad, porque sin Él no podemos hacer nada (Jn 15.5), por tanto, concédenos siempre la ayuda de tu gracia. Pues lo que queremos es poner en práctica el mandamiento del amor, amor en el deseo y amor en la acción.

«Todo lo que es verdadero, noble, justo,
puro, amable, laudable,
todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.
Y el Dios de la paz estará con vosotros».
(Flp 4,8.9)

Oración sobre las ofrendas
Señor, que nos alimentas con estos dones, y nos renuevas con tu sacramento, concédenos que nunca nos falte el sustento para el alma y para el cuerpo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Encima del altar colocamos pan y vino; alimentos necesarios para nuestro cuerpo. Pero Jesús, en la Última Cena, quiso servirse de ellos para alimentarnos espiritualmente, constituyéndolos en sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. Esto es lo que recordamos en la primera parte de la oración. Y a continuación le pedimos a Dios, apoyados en su bondad, que no nos falten nunca, pues los necesitamos tanto para el cuerpo como para nuestro bien espiritual, porque Cristo Jesús nos ha dicho: «el que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna» (Jn 6,54). Si guardamos los mandamientos de Dios,  seremos para Él un reino de sacerdotes y una nación santa (cf 1Pe 2,9). Jesús nos dice: «La mies es abundante, pero los obreros son pocos; rogad pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9,35-38)

Oración después de la comunión
Te pedimos, Padre, que así como la comunión que hemos recibido es signo de la unión de los creyentes en ti, también se realice la unidad en tu Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor.

Una oración con sabor ecuménico. Estamos obligados a desear ardientemente la unidad de todas las iglesias cristianas y rezar para que este deseo de Cristo se realice: «Padre santo, guárdalos en tu nombre, […] para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti […], como nosotros somos uno» (Jn 17,21). Cuando en procesión nos acercamos a comulgar estamos manifestando esta unidad de todos nosotros en Cristo. Signo externo de lo que debe distinguirnos: el amor que crea la unidad. Si unidos vamos a Cristo, debemos vivir unidos en el día a día. La unidad de todos se realiza en el quehacer diario, viendo en el otro un hermano que ha compartido con nosotros el Pan de la unidad.

«Dios nos amó y nos envió a su Hijo
para salvarnos de nuestros pecados» (Jn 3,17).

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