SANTOS PEDRO Y PABLO

La solemnidad de san Pedro y san Pablo nos permite contemplar la estrecha amistad que se establece entre Jesucristo y estos dos hombres elegidos para misiones muy importantes. En la primera lectura, tomada de los hechos de los apóstoles, Pedro recibe la visita en la cárcel de una ángel enviado por Dios que lo invita a ponerse en pie y seguirlo. Pedro deberá reemprender su misión al frente de la Iglesia naciente(1L). Pablo, en la carta a Timoteo hace un recuerdo emocionado de su entrega a Cristo: “he combatido el buen combate”. Sabe que Dios lo escogió desde el seno de su madre para revelarle a Cristo y para llamarlo a anunciarlo a todos los pueblos. Ahora al final de su carrera, reconoce con gratitud que Cristo lo ayudó y le dio fuerzas (2L). En Pedro y en Pablo aquello que más resalta es su íntima amistad con el maestro. Ambos tuvieron experiencia del amor de Dios en Cristo Jesús. Esa experiencia los acompañó durante toda su vida y les dio una viva conciencia de su misión. Tiene, pues, razón Pedro al concluir con emoción : “Señor, Tú sabes todo, Tú sabes que yo te amo” (EV).

1.- Historia. Pedro nace en Betsaida (cf. Jn 1,42-44), situada junto al lago de Galilea. Es hijo de Jonás (cf. Mt 16,17). Vive en Cafarnaún con su suegra (cf. Mc 1,29-31). Es pescador con su hermano Andrés. Ambos son llamados por Jesús cuando comienza a predicar la inminente presencia del Reino de Dios: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres» (Mc 1,17). Es el primero que confiesa a Jesús como Mesías (cf. Mc 8,29), perteneciendo a su círculo íntimo con Juan y Santiago. Los tres presencian la transfiguración y están, aunque dormidos, en el huerto de los olivos cuando Jesús sufre una tentación satánica (cf. Mc 9,1; 14,33). Jesús nombra a Pedro el responsable y servidor del grupo de los Doce (cf. Mt 16,13-19). Pedro promete defender a Jesús contra sus enemigos, le sigue en su proceso y niega conocerlo tres veces, incluso jurando (cf. Mc 14,66-72). Pero es capaz de llorar, cuando Jesús le mira con amor a la salida de la casa de Anás (cf. Lc 22,61-62). Arrepentido, le profesa su amor otras tres veces (cf. Jn 21,15-17). Se encuentra con Jesús resucitado y transmite a todos dicha experiencia: «Y tú […] fortalece a tus hermanos» (Lc 22,32). Transmite la Resurrección con valor en Palestina y más allá de sus fronteras. Es perseguido (cf. Hech 5,41; etc.). Según la tradición, muere en Roma entorno al año 64? ó 67? (cf. Jn 21,18)

2.- Historia. Pablo nace en Tarso (Hech 9,11; 21,39; 22,3), capital de la provincia romana de Cilicia. Es de raza y religión hebrea, pertenece a la tribu de Benjamín (cf. Rom 11,1; Filp 3,5). Estudia en Jerusalén, discípulo de Gamaliel y de la secta de los fariseos (cf. Hech 22,3; 26,5). Está presente en la lapidación de Esteban (cf. Hech 7,58) y persigue a los cristianos (cf. Hech 22,4). En el camino de Damasco tiene un encuentro con Jesús resucitado (cf. Hech 9,1-9; 22,6-9; 26,13-8; 1Cor 9,1; 15,8), que le transforma interiormente. Visita a Pedro y Santiago en Jerusalén, contrasta su doctrina con ellos y viaja por el Imperio para predicar la fe en Cristo Jesús. Pablo traslada su defensa radical de la ley judía como fuente de salvación a la pasión, muerte y resurrección de Jesús: es un único acontecimiento, convertido en ley, que hace posible que seamos redimidos. La vida de Pablo termina con su apresamiento en Jerusalén no obstante Santiago le aconsejara una conducta devota y pacífica en su estancia en Jerusalén. No aguantó mucho con esta compostura. Es acusado de criticar a la ley e introducir a paganos en el templo. Se defiende en el Sanedrín, hace que se peleen fariseos y saduceos. Está dos años en la cárcel en Cesarea Marítima. Por apelar al Cesar, como ciudadano romano, viaja a Roma donde vive durante dos años en régimen de custodia, no en la cárcel. Es ajusticiado entorno al año 64? ó 67? (cf. Hech 21,27-28,31),
3.- Mensajes. Jesús manda a sus discípulos a predicar y dar la salvación a todos los pueblos (cf. Mt 28,19), pero no los envía de una forma aislada, sino que con la experiencia de su convivencia y de su resurrección, forman una familia cuya fuente de unión y máxima responsabilidad la tiene Pedro. Es una familia donde algunos cristianos tienen la gracia del gobierno, que presiden y coordinan la caridad de las comunidades cristianas (cf. 1Cor 12,28; 1Tes 5,12), y otros obedecen desde su libertad (cf. 1Pe 2,13.16; 5,5). El ministerio de Pedro, como el primero del Colegio Apostólico, canaliza e identifica el amor cristiano en cuanto la presencia del Espíritu en la Iglesia.- Pablo instituye la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo como la obra divina de la salvación. La muerte de Jesús no es una muerte humillante, sino curativa y salvadora. Porque, si el hombre es incapaz de salvarse por sus fuerzas y por la fuerza de la ley ―en cuanto su yo pueda sustituir a Dios (cf. Rom 5,12-20; 1 Cor 15,45-49)―, Jesucristo crucificado se le presenta como el que revela a Dios (cf. 1Cor 1,21-24; Flp 2,611), por eso es el Hijo de Dios (cf. Rom 1,4; Gál 1,16); un Dios que pasa de ser justo a ser justificador, que por amor gratuito salva a los pecadores en su Hijo (cf. Rom 3,21-22; Gál 2,21). De esta forma el servicio de Jesús que le lleva a entregarse hasta muerte en cruz es la nueva forma de relacionarse con Dios (cf. Rom 5,12-20).

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