La verdadera alegría. Una página de historia franciscana. 

José Antonio Guerra

 

Francisco Martínez Fresneda

En La verdadera alegría San Francisco expone la vocación de los Hermanos Menores, discierne lo que pertenece a las grandes órdenes religiosas de entonces, que no es propio del carisma franciscano, y transmite su experiencia personal de la llamada de Dios en Cristo reflejado en las dos Reglas y el Testamento. Para explicar el relato, J.A. Guerra lo divide en tres partes. La primera contiene la autenticidad y la historia del texto. La segunda es una amplia contextualización del relato, sin la cual no se puede entender; la última explica detalladamente la enseñanza de San Francisco, dividido en tres partes.
El dictado de San Francisco a Fr León está en una compilación que contiene varios episodios de la vida del Seráfico; el códice pertenece a la Biblioteca Nacional Central de Florencia fechado en la primera mitad del siglo XIV. Nada tienen que ver con este relato la transmisión del mismo en Actus beati Francisci (Actus 7) y en las Florecillas (8). La enseñanza de Francisco se remonta a los años 1223/1224.
La segunda parte expone por qué San Francisco compone el texto de La verdadera alegría. Se inicia el problema en la Orden con el Concilio Lateranense IV, celebrado en noviembre del 1215, que prohíbe nuevas y diversas órdenes religiosas. Las que se creen nuevas deben acogerse a las reglas de las órdenes que ya están aprobadas por la Iglesia. Sin embargo el íter que recorre San Francisco proviene de la aprobación verbal de Inocencio III que ratifica en el año 1223 Honorio III en la Regla Bulada. De tal manera esto es así, que Francisco y sus hermanos viven con la seguridad de que el Papa les ha aprobado, les ratifica y seguirá defendiéndolos con el sentido de vida que desde el inicio vive y les presenta Francisco. Aprovechando un viaje de Francisco a Tierra Santa un grupo de hermanos se reúnen para reformar la Orden a tenor de las disposiciones del Concilio. Es darle a la Orden una orientación más monástica, acentuando la formación para los que desean ser hermanos, llevar una vida más claustral y acentuar las devociones religiosas tradicionales en la Iglesia. Enterado Francisco regresa de Tierra Santa, convoca un Capítulo General en Asís, renuncia a dirigir la Orden –ahora la gobierna Pedro Cattani- y se ratifica en las líneas maestras que ha seguido hasta ahora. Habida cuenta de las dos Reglas y del Testamento, Francisco vive la fe y la Orden como una revelación divina. Es Dios quien origina la Orden y la hace visible siguiendo a Cristo pobre y crucificado, tal y como aparece en el Evangelio. No hay más. Esta es la Regla y Vida de los Hermanos Menores que es aprobada y ratificada por los Papas. Y como la experimenta Francisco.
Con estos principios básicos y circunstancias históricas se entiende La verdadera alegría. Se divide en tres partes muy diferenciadas. En la primera ratifica el fundamento de la Orden en Dios y en el Evangelio y, por tanto, no pueden considerarse como columnas de los Hermanos Menores ni los sabios, ni la jerarquía eclesiástica, ni los que extienden la fe por el mundo. Tampoco es verdadera alegría si a Francisco no se le reconoce como hermano menor cuando pulsa la puerta de la Porciúncula después de haber recorrido el camino desde Perusa con nieve, frío y sangre originada por los roces de la túnica. Francisco al andar golpea las piernas con el agua congelada adherida a la túnica. Que el fraile no le abra la puerta de la Porciúncula no es un hecho físico, sino humano y creyente: a Francisco no se le reconoce como fundador y como hermano menor, porque la Orden vive desde otros principios y bases culturales, precisamente siguiendo al Concilio Lateranense. Y termina diciendo San Francisco a Fr. León: .Tener paciencia se relaciona con el sufrimiento que origina el viaje, cuando no le abren la puerta y no son identificados como hermanos. La Orden es una realidad muy diferente a como la fundó Francisco. Paciencia y cruz son correlativos. En sentido positivo paciencia se une a los valores de fortaleza, templanza, entereza, etc. Y no turbarse es no perder la paz y la serenidad, excluyendo el miedo y la ausencia del Señor y del Evangelio en la vida personal y comunitaria. La alegría vivida desde estos parámetros es la verdadera virtud que significa la obediencia a la voluntad divina (SalV 14) que conduce a la salvación.
J.A. Guerra ha escrito un ensayo en el que ha demostrado de una forma detallada y clara que el texto está en el fundamento de la experiencia de fe de Francisco: Dios es el que revela su voluntad en la vida de Jesús relatada en el Evangelio; es el que le ha dado a los hermanos, formando una fraternidad de fe, y el que los acogerá en su seno después de morir.

Ed. Arantzazu. Oñati 2021, 364 pp., 14 x 21,5 cm.

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