Carta del Ministro General Massimo Fusarelli OFM

Queridas Hermanas Concepcionistas.
¡El Señor os dé la paz!
Me resulta gozoso compartir, en esta fecha entrañable de la fiesta de Santa Beatriz, unas palabras con vosotras, que evocan ese principio  fundamental de la espiritualidad franciscana: LA FRATERNIDAD. Ella forja, sostiene y motiva nuestra vida consagrada.
El Papa Francisco ha presentado un valiosísimo instrumento para la reflexión y para motivarnos en el esfuerzo de hacer realidad este valor ineludible para nosotros. El pasado día 4 de octubre, en la ciudad de Asís, en el marco de la fiesta de nuestro padre San Francisco, firmó y publicó la carta encíclica “Fratelli Tutti”, es decir “Hermanos todos”. Esta
frase está tomada de la forma en que San Francisco se dirige a sus propios hermanos para animarlos a
seguir a Jesucristo. La intención de la carta – el Papa lo deja claro desde el inicio – es reflexionar sobre “la fraternidad
y la amistad social”, y se cimienta en la reflexión desde la fe y el anuncio del Evangelio, con valores y principios desde los cuales se debería construir una sociedad cercana al proyecto de Dios. Se ha inspirado en la espiritualidad del santo de Asís
para anunciar al mundo entero la posibilidad de la utopía: un mundo regido por la fraternidad. A través de la encíclica nos ofrece “oportunidades extraordinarias” para seguir “ahondando el sentido de una manera nueva de ser Iglesia”, con todo lo que ello implica, de modo que las personas, las estructuras y los recursos estén en función del cuidado de la vida. Nos da la
clave siempre antigua y siempre nueva de leer el Evangelio y la propuesta de Jesús, para “que todos tengan vida y la tengan en abundancia”. Imagina una sociedad sin “descartes”,  reconciliada de todas sus heridas y al servicio de los pobres y excluidos. Para el Papa Francisco, se debe dar fin a la “cultura del descarte”, es decir, a la cultura, tan aferrada en toda la humanidad, que excluye, que desecha a las personas cuando éstas nos parece que no aportan nada a la sociedad.
Igualmente nos invita a pensar de forma creativa el futuro, sin doctrinas ni principios fijos, con la única posibilidad de gestar “los nuevos cielos y la tierra nueva” fundados en la hermandad y amistad. Así, tal vez podríamos imaginar lo que
significaría una sociedad donde la economía está organizada de forma que, al considerar a todos los seres humanos como hermanos, pueda gestar dinamismos diversos, estructuras distintas.
El Papa propone eliminar el dogmatismo de la dinámica económica basada en el consumo, producción y generación de riqueza. Para un mundo nuevo se necesita una forma de pensar nueva; el Evangelio diría que se necesitan “odres nuevos para el vino nuevo” y la encíclica “Fratelli Tutti” invita a repensar todo desde y para la fraternidad.
Inspirado en la parábola “del buen samaritano”, el Papa propone como criterio para la verdadera fraternidad el servicio a los pobres, marginados y  excluidos; pero no como un servicio paternalista y asistencialista, sino como un compromiso
que hace correr el riesgo de ayudar, de salir de nosotros mismos: dar de lo nuestro, compartir el sufrimiento; es decir, entrar en una verdadera  solidaridad que provoca el acompañamiento del que ha sido herido por la historia y la cultura del
descarte, del egoísmo, de la ambición. El principio de la verdadera fraternidad está en hacerse
prójimo del otro.
Creo que, aunque es una encíclica social, empobreceríamos la reflexión si no “bajamos” a nuestro mundo real, es decir a nuestros ambientes y actitudes. Las sociedades están hechas de personas y si las personas no cambiamos, las
sociedades, la comunidad, no cambiará; por eso, me atrevo a pensar que nuestras comunidades sienten el anhelo de la fraternidad, como san Francisco imaginó.
Inspirados por el pensamiento de Francisco y la forma de vida legada por santa Beatriz, pensemos en la construcción de la propia fraternidad; es decir, en el establecimiento de relaciones entre nosotros sin dogmatismos, convirtiendo a quien
está a nuestro lado, a quien se acerca a nosotros, en mi hermano, en mi prójimo; forjando un espíritu de perdón y reconciliación, creando un ambiente de oportunidades y comunicación donde evitemos exclusiones y “descartes”.
Como miembros de esta espiritualidad, estáis llamados a responder al don de construir fraternidad; a forjar un grupo de mujeres que se reconocen como hijas amadas del Padre y, por tanto, hermanas, que caminan juntas, que comparten la vida, que se perdonan y sueñan por hacer de este mundo, un lugar distinto, una levadura de fraternidad. Nosotros, pues, también
compartimos el significado que el Papa Francisco impulsa en su encíclica. Desde la ventana de la Fratelli Tutti. Me agrada el sabor a Evangelio que atraviesa la encíclica y la llamada a iniciar cualquier debate desde los verbos que aparecen en el capítulo seis: acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto, todo eso se resume en el verbo “dialogar”. Para encontrarnos y ayudarnos mutuamente necesitamos dialogar… Me basta
pensar qué sería el mundo sin ese diálogo paciente de tantas personas generosas que han mantenido unidas a familias y a comunidades” (FT.198). Pienso que es desde el diálogo, desde ser Iglesia en comunión, propositiva, al servicio,
comprometida, como podemos tener un proyecto de construir una sociedad abierta más justa, libre, acogedora, solidaria, diversa… Ese fue el sueño de Beatriz, que ofreció su vida en servicio para que las actitudes de María siguiesen vivas y latentes en medio del mundo. Vuestra opción de vida es fecunda y plena si tomáis conciencia de ello, porque el hecho de creer en Dios y de adorarlo no os garantiza de que esteis viviendo como Dios quiere. Debe llevaros a una coherencia de vida.
El Papa nos ha presentado una foto fidedigna del hoy social desde la dolorosa pandemia de la Covid-19 que atraviesa nuestro mundo, y que ha afectado de forma muy dolorosa a miles de personas, de forma singular a las personas mayores
y a las más vulnerables. Francisco ha remarcado las heridas que hace tiempo sufre nuestra sociedad y que, en este tiempo han quedado al descubierto, causadas, muchas veces, por la mala gestión política y económica, por el aumento del desempleo, la especulación financiera, el abuso tecnológico del poder… Las heridas que sobrellevan las personas migrantes, el racismo que aumenta con agresividad en nuestra sociedad. La discriminación de las mujeres, la esclavitud y la trata de personas con fines de explotación, …La encíclica nos enmarca el problema, nos propone retos y nos compromete desde la coherencia a ir priorizando respuestas como Iglesia en salida situada en las periferias desde la mística de la comunión universal y el cuidado de la creación.
A lo largo del capítulo tercero nos invita a  tomar partido y a determinar cuál es nuestra opción de vida para reconstruir este mundo que nos duele. ¿Con quién te identificas? Según Francisco: “… hay dos tipos de personas: las que
se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo; las que se inclinan reconociendo al caído y las que distraen su mirada y aceleran el paso. En efecto, nuestras múltiples máscaras, nuestras etiquetas y nuestros disfraces se caen: es la hora de la verdad. ¿Nos inclinaremos para tocar y curar las heridas de los otros? ¿Nos inclinaremos para cargarnos al hombro unos a otros? Este es el desafío presente, al que no hemos de tenerle miedo. En los momentos de crisis la opción se vuelve acuciante: podríamos decir que, en este momento, todo el que no es  salteador o todo el que no pasa de largo, o bien
está herido o está poniendo sobre sus hombros a algún herido” (FT.70).
La encíclica inspira y anima a recrear el Reino desde las verdaderas relaciones, a vivir en esperanza, a reconstruir en común. En un momento en el que la distancia social se está haciendo norma, Francisco señala que “Nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar. Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad” (FT. 87).
El compromiso y el reto que hemos de plantearnos Muchos números pueden inspirar compromisos y retarnos a seguir profundizando a partir de ese sentirnos hombres y mujeres que hacen propia la fragilidad de los demás en creciente apertura de amor que se expresa en gratuidad y servicio. El Papa nos insta a vivir la esperanza que “habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos
históricos en que vive. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda; de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia
y el amor … La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna…”. Ese fue el sueño de Beatriz de Silva que, guiada por el Espíritu, ideó una forma de vida en la cual María Inmaculada es el prototipo
ideal de toda concepcionista. Para ese camino de identificación hemos de:

• abrirnos a la santa operación del Espíritu del Señor para crecer en la relación con el Señor.
• seguir la forma de vida que se ha expresado en el carisma de nuestra familia espiritual y superar el apego a nuestra forma de ver y actuar.
• crecer en magnanimidad, madurando de tal manera que no seamos de espíritu susceptible que se ofende por nada o por cualquier cosa, incapaces de disimular o soportar cualquier falta.
• desarrollar una generosidad de corazón que nos ayude a superar un espíritu quisquilloso al que le gusta contradecir, imponer su idea; o un espíritu independiente, que se erige como árbitro supremo del talento y de la virtud.
• pedir un corazón humilde que sane en nosotros el espíritu suspicaz que rumia en su corazón y cree que cada palabra está dirigida intencionalmente a él; o el del descontento, que se molesta por toda indicación que se le dé.
• pedir un corazón pacificado, que ayude a no imponer las propias opiniones y a superar el negarse a adherirse a las de los demás, por correctas que sean, solo porque no las concibió o no las expresó primero.
• crecer en el bien, que nos protege de una actitud burlona, que siempre quiere mostrar en broma el defecto del otro.
• dejar espacio para los demás, superando la tentación de monopolizar la conversación, sin dejar libertad para expresarse y mostrar el conocimiento de los otros.
Que a través de la lectura de la encíclica Fratelli Tutti os abráis al diálogo serio y comprometido, que sabe vivir el equilibrio entre la persona y la comunidad y se decanta en favor de la construcción de una sociedad fundada en el sueño de la fraternidad universal, comenzando por vuestro propio entorno.
Queridas Hermanas Concepcionistas, os saludo con el corazón de un hermano en este primer encuentro que puedo tener con vosotras, como ministro general de la Orden de los Hermanos Menores. Os prometo especial cuidado y solicitud, para que el vínculo evangélico y carismático franciscano entre nosotros crezca y nos haga testigos del Evangelio y levadura de
fraternidad en nuestro difícil y magnífico tiempo que la Providencia nos da para vivir.
Recomiendo a los frailes de la Orden y mi servicio a vuestras oraciones.
¡Feliz fiesta de Santa Beatríz!

www.ofm.org  En Roma el 16 de agosto de 2021. Fr. Massimo Fusarelli, OFM. Ministro general y siervo
Prot. 110615

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