XXII DOMINGO T.O.

 

P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta
Dios todopoderoso, de quien procede todo bien perfecto, infunde en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, acrecientes en nosotros lo que es bueno y lo conserves constantemente. Por nuestro Señor Jesucristo.

Las oraciones litúrgicas nos recuerdan con frecuencia el poder y la misericordia de Dios. Es el fundamento de nuestra confianza. Y aunque parezca que nuestra petición sea hecha con exigencia, no son nuestros méritos lo que ponemos ante su presencia, ante su vista para que los vea, sino a su Hijo Jesucristo, que intercede siempre por nosotros (“por Jesucristo nuestro Señor”).
Ese “mandato” que le dirigimos a Dios (“aparta”), no se apoya en nuestras “buenas obras”, sino en su “poder y misericordia”, porque creemos que Dios siempre está dispuesto a hacer el bien.
¿Y qué es lo que le pedimos? Que aparte de nosotros todos los males, “toda adversidad”, todo aquello que es contrario a su voluntad y que nos separaría de conseguir lo que a Él le pertenece. Y como somos “cuerpo y espíritu”, le decimos que ambos estén siempre dispuestos, como dos buenos amigos, a aspirar libremente a los bienes de Dios.
Llegue hasta ti mi súplica, Señor; inclina tu oído a mi clamor;
porque tú eres mi pastor y contigo nada me falta.

Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Dios nuestro, que esta ofrenda sagrada nos alcance siempre tu bendición salvadora, y se cumpla en nosotros lo que celebramos en esta liturgia. Por Jesucristo nuestro Señor.

Cuando llega el momento en la celebración eucarística de adentrarnos en el misterio de Cristo: su muerte y resurrección, nos vemos obligados a pedirle a Dios que la ofrenda que hemos puesto en el altar sea abundantemente bendecida por Él, de tal manera que por ella nos sea dada la salvación. Si Cristo Jesús instituyó la Eucaristía; si en ella y por ella se queda con nosotros, es para que, alimentados por ella, nos vayamos transformando a imagen de Jesús. En la Eucaristía es el mismo Jesús que se nos da.
Obra de Dios Padre en favor de sus hijos.
Ten piedad de mí, Señor,
porque tú eres bueno y clemente,
misericordioso con los que te invocan.

Oración después de la comunión
Saciados con el pan de la mesa celestial, te suplicamos, Padre, que este alimento de nuestra caridad nos fortalezca y nos impulse a servirte en los hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jesús es nuestro alimento, el pan con el que Dios Padre nos alimenta. Después de comulgar es el momento más apropiado para dialogar con Dios y pedirle con máxima confianza y sincera humildad lo que deseamos. En este domingo, la oración de la Iglesia nos señala una petición muy concreta: que la Eucaristía, alimento de la caridad, fortalezca nuestro ánimo, nuestra voluntad, nos dé decisión valiente para cumplir el mandamiento del amor, la caridad, a pesar de las dificultades que en la vida ordinaria se nos presentan. Un amor fiel para con todos nuestros hermanos, que, como nosotros, son amados de Dios. El amor que es servicio al prójimo, sea cual fuere este prójimo y es servicio a Dios, porque nunca el amor puede separarse de Dios. “Dios es amor”.
Cuantas veces lo hicisteis con uno de estos pequeños,
lo hicisteis conmigo, nos dice Jesús.

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