NOVIEMBRE CULTO, COLORIDO Y ESPERANZADOR
Elena Conde Guerri
Parece que en nuestra tradición mediterránea el mes de noviembre quedó asociado a lo triste y a lo lúgubre. Los días menguantes en rápida carrera, el clima fastidioso (al menos antes), el recuerdo y honra a nuestros difuntos. Influencia de los Romanos, sin duda, porque en este mes se abría por tercera y última vez el mundo subterráneo o de los muertos al de los vivos, el llamado mundus patet. El día 8 aquéllos se comunicaban con los vivos vagando por la ciudad y anhelando la luz y el calor que sus subterráneos gélidos y fantasmales les negaban para siempre. La acción progresiva del cristianismo logró convertir estos rituales en esperanza salvífica de los que dormían en el Señor y, al igual que Él, resucitarán y vivirán. Viviremos con Él. No en vano, este mes se inaugura con la conmemoración de todos los gozosos vivientes, que deben ser ya una caterva infinita y la naturaleza del lugar donde nos esperan se escapa a nuestro corto entender escatológico, al menos el mío.
Pero hoy no quiero centrarme en estos aspectos tan conocidos. Quisiera ofrecer una visión bien distinta del mes de noviembre que nunca fue deprimente para mí sino fecundo en sí mismo y antesala de un calendario lleno de buenas promesas. Hay que transitar por él recordando todo lo hermoso que nos dio y nos sigue dando personalizado en protagonistas de los distintos campos del tejido histórico. Ya por conocimiento personal, ya con ayuda de los medios, el rastreo no es difícil. Seleccionarlo es privativo de cada cual. En noviembre nació Marie Sklodowska Curie, Premio Nobel de Física por sus hallazgos e investigaciones sobre el radio, ante cuya esencia femenina nos rendimos todos con orgullo por el bien que hizo para la medicina del futuro. Y nació también Winston Churchill, a quien siempre admiré muchísimo pues, mal a quien pese, fue jabato incombustible en la defensa a toda costa de la democracia frente al intento de unificación geopolítica de un nazismo que hubiera sepultado a Europa en las tinieblas malignas destructoras del individuo. Si Churchill fue Nobel en 1953, Albert Camus lo fue en 1957, con su literatura espléndida pero amarga y nihilista producto sin duda del bebedizo devastador que siempre dejan las pandemias bélicas. Fiodor Dostoyewsky, cuyo bicentenario celebramos este año, André Malraux y Lope de Vega (quien dedicó su hermoso soneto místico sobre la yedra al fraile San Diego de Alcalá), fueron también nativos de noviembre al igual que, en el campo sanador de la composición musical, nuestro Joaquín Rodrigo, alumbrado un 22 de noviembre como en luminosa predestinación de la Patrona de la Música aunque él quedara ciego de niño.
Noviembre culto y también hermoso, donde unos nacen y otros mueren. Ambos actos son consustanciales a la naturaleza humana pero opino que el morir nos identifica mejor. Cómo se muere puede desvelar hasta escondrijos de oro de un itinerario vital que se inició en el momento de nacer, donde trabajó mucho más la biología materna que la nuestra propia. Al morir, nos enfrentamos solos y, si estamos lúcidos, nos echamos con toda nuestra libertad en el abrazo eterno del Padre misericordioso. Los santos sabían bastante de esto y por ello el día de su muerte era el de la verdadera vida, el dies natalis. De muchos santos pretéritos se ignora el día de su nacimiento pero se conoce el de su muerte o tránsito. Noviembre es aquí esplendoroso y también muy franciscano, como bien refleja este Blog. Parece que la armonía en su vida y comportamiento entrelazase a todas estas personas, personas como nosotros antes de descubrir su santidad. Sigo las fechas del calendario litúrgico al uso: San Martin de Tours (día 11), soldado romano, rompía su capa en jirones para abrigar a los pobres. San Diego de Alcalá (13), Patrón de los Legos Franciscanos, y Santa Isabel princesa de Hungría por nacimiento y soberana de Turingia por matrimonio(17) , Patrona de la Orden Franciscana Seglar, se escaqueaban silenciosamente de sus obligaciones propias para auxiliar y abrazar a enfermos y menesterosos de toda índole. Su fama pronto se extendió como meta de edificación y el arte fue generoso con ellos. Iconografías rotundas cuyas formas y colores entran por los ojos para incitar a los creyentes a su mímesis para mayor gloria de Dios. La escultura de madera policromada del santo franciscano, impresionante, realizada por Gregorio Fernández , hoy en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid o, en su caso, los frescos-joya de Simone Martini sobre escenas de la vida de la Santa que decoran la Basílica inferior de San Francisco en Asís. Noviembre también acogió la dormición de santos intelectuales y teólogos, como Duns Scoto (8) o el Papa León Magno (10) que emplearon sus altas capacidades para frenar la herejía o interceptar a los bárbaros invasores, respectivamente. Dicho mejor de la otra manera, para consolidar y potenciar la ortodoxia dando también un puesto de honor a la Madre de Dios o propiciar el bautismo paulatino y también la romanización de las gentes extrañas y belicosas que pisaban ya las murallas de Roma.
Mes generoso éste de noviembre. No un simple pasajero en tierra de nadie, entre el otoño y el inicio del invierno, sino un residente estable con personalidad propia, garante de que es posible que las distintas herencias de quienes nacieron o murieron en él a lo largo del tiempo sigan dando frutos, de ciencia, de paz, de armonía y santidad. Todos ellos son compatibles y es necesario que maduren en el mismo cestillo. No olvidemos nunca que el ominoso Muro de Berlín cayó un 9 de noviembre de 1989. La opresión de la libertad, don sagrado concedido al hombre, había lastrado injustamente a miles de personas en una mazmorra imaginaria y clónica, férreamente troquelada, que reavivaba viejos fantasmas. De ahí que las antiguas y rotundas consignas de Churchill jamás fueran aleatorias. Sin libertad no puede haber progreso ni alegrías, ni siquiera santidad. Quizá por ello, la elección del 10 de noviembre como Día Mundial de la ciencia para la paz y el desarrollo o del día 20 como el Universal del niño, que son el futuro y de ahí nuestra responsabilidad de su tutela, salud y educación vivan donde vivan. La luz es posible por derecho propio en un mes que alboreará a diciembre con el pasito progresivo de sus días hacia más luz, en la convergencia redentora de la Luz perpetua nacida de una mujer preservada por la Gracia. La esperaremos sumergidos en los colores y aromas de las camelias, de los ciclámenes y el azafrán, todos propios de noviembre, bajo un roble protector e imbatible en el cromatismo rojizo y dorado de sus hojas otoñales. Noviembre no es árido, presume de su propia paleta. Meditaremos que algunos santos de este mes quedaron por siempre vinculados a las flores más hermosas. Los panecillos y las joyas limosneras mutaron en rosas en el sayal de San Diego y en el halda de la Santa de Hungría. Ángeles del cielo depositaron sobre la cabeza de Santa Cecilia (22) y su esposo Valeriano, unánimes en el celo por su castidad, coronas de rosas entrelazadas con azucenas que exhalaban un perfume embriagador. Sólo ellos podían verlas. Los demás percibían sólo el aroma pero sus torpezas e incredulidad pagana les vedaban el deleite de la imagen. Sólo cuando convirtieron el corazón fueron capaces de ver. ¿Taumaturgias irreales propias de la poesía de las leyendas hagiográficas o símbolos reales de que sólo la pureza del corazón puede alcanzar a ver lo que realmente es esencial, trascendente y nos acerca a Dios?. Lejos de todo nihilismo y con mirada transparente, con confianza absoluta en Aquél que nos envió a su propio Hijo para hacer de nosotros un hombre nuevo, seguiremos caminando bajo los robles de noviembre y, quien lo desee, con un ejemplar del Cántico de las Criaturas.