Inmaculada Concepción. Oraciones de la Eucaristía

P. Ruiz Verdú OFM
Oración colecta
Oh Dios, que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María, preparaste a tu Hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo, la preservaste de todo pecado, concédenos, por su intercesión, llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración dirigida a Dios Padre. Es Él quien, por obra del Espíritu Santo, ha realizado la extraordinaria maravilla que solemos llamar “María Inmaculada”. Dios había anunciado, en los tiempos del Paraíso, que una mujer nunca estaría sujeta al poder del diablo, del enemigo de Dios. Y llegada la “plenitud de los tiempos”, como nos dice San Pablo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley. Esta mujer, María, nunca sería contada entre los que nacemos privados de la gracia de Dios. Su Concepción fue Inmaculada, sin pecado. No podían vivir juntos en María el pecado y Jesús, el Hijo de Dios. Y en esta lucha venció el Hijo de Dios; y como Dios podía hacerlo, triunfó la gracia, y así fue exenta de pecado la mujer sería la Madre de Jesús.
Escucha a María:
«Me llena de gozo el Señor,
mi alma se alegra con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de triunfo,
me ha cubierto con túnica de victoria,
y me ha enjoyado con sus joyas» (Is 61,10).
Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, este sacrificio de salvación que te ofrecemos en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, y así como a ella tu gracia la preservó limpia de toda mancha, por su intercesión líbranos de todas las culpas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Juan Duns Escoto piensa que la afirmación de que todos hemos sido hechos pecado para que todos necesitáramos la gracia de Jesucristo para salvarnos (CF Rom 5,12), proviene de que Cristo es un mediador perfecto, al ser perfecto Dios y perfecto hombre. Por consiguiente, la mediación para la salvación debe cubrir todos los campos posibles para que la redención alcance toda la realidad y supere toda posibilidad de salvación de cualquier otro mediador. Esto se alcanza cuando, no solo libera del pecado, sino también es capaz de preservar a una persona de él. Es lo que sucedió con su Madre. Jesucristo preservó a María de toda mancha original y así ejerció la mediación universal de la salvación más perfecta posible, ya que es más fácil reconducir a un pecador a Dios que impedir que una persona pueda ofender a Dios y separarse de Él; es más fácil liberar del pecado actual que crear la misma imposibilidad de pecar; y se agradecerá más a Jesucristo su acción sobre María, su Madre, porque ha mostrado su mediación en el más alto grado, ratificando su capacidad infinita de salvación.
Ninguno del ser humano
Como vos se pudo ver;
Que a otros les dejan caer
Y después les dan la mano.
Mas vos, Virgen, no caíste
Como los otros cayeron,
Que siempre la mano os dieron
Con que preservada fuiste.
(LH Laudes)
Oración después de la comunión
Señor, Dios nuestro, que el sacramento recibido repare en nosotros las consecuencias de aquella culpa de la que preservaste a la Virgen María en su Concepción Inmaculada. Por Jesucristo, nuestro Señor.
María, como hemos escuchado en el Evangelio, es la «llena de gracia», porque el hijo que va a dar a luz y concebido por el Espíritu es la fuente de su «gracia». Maria recibe a Jesús por fe, porque se ha fiado del Dios y ha cumplido su voluntad. Y con amor lo acoge, lo educa con José y lo entrega al mundo. Los cristianos seguimos la estela de María: acogemos a Jesús por fe, lo vamos haciendo nuestro a lo largo de nuestra vida cuando somos coherentes con nuestra vocación de amor a los demás, y somos capaces de marginar el pecado cuando nuestra vida se transforma en servicio. Y María es el camino que debemos recorrer por el poder mediador de su Hijo para llegar a la patria celeste.
¡Tú esperabas!
Todos la llamamos Madre,
la Mujer llena de gracia!