NATIVIDAD DEL SEÑOR. MISA DE MEDIANOCHE

P. Ruiz Verdú OFM
Oración colecta
OH, Dios, que has hecho resplandecer esta noche santísima con el resplandor de la luz verdadera, concédenos gozar también en el cielo a quienes hemos experimentado este misterio de luz en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.
Al inicio del Evangelio, escribe san Juan sobre la Encarnación de la Palabra: «En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió» (Jn 1,4-5). La Palabra viene desde el seno de la Trinidad y traslada la gloria del Señor e ilumina toda la creación. Ahora podemos comprender que todo cuanto existe sale del corazón bondadoso del Señor y su amor está presente en cada árbol, en cada ave, en cada animal, en cada persona. Por eso dirá más tarde el mismo Jesús: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12).
Jesús ilumina nuestras actitudes fundamentales. Ilumina nuestros fallos y pecados para que seamos conscientes de ellos y los rechacemos; ilumina nuestros valores y virtudes para potenciarlos. Es lo que pedimos de todo corazón en esta noche del Señor cuando adoramos su Palabra encarnada en un niño en brazos de María y José. Por eso, la vida, cualquier clase de vida que se da en la inmensa creación, es sagrada, y la gloria de Dios que se traslada a la historia la ilumina para que la fomentemos, la defendamos de todo mal y la unamos su Creador.
Adoran pastores
en sombras al Sol,
que niño ha nacido
de una Virgen, Dios
Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, la ofrenda de la fiesta que hoy celebramos para que, por este sagrado intercambio, seamos semejantes a aquel en quien nuestra naturaleza está unida a la tuya. Por Jesucristo, nuestro Señor.
No basta ofrecer pan y vino, es necesario que Cristo Jesús se convierta en pan y vino, en ofrenda agradable, para que Dios Padre la acepte. Pero también es conveniente que nosotros nos hagamos ofrenda agradable a Dios uniéndonos al pan y vino ofrecidos para que Dios Padre nos encuentre semejantes a su Hijo. Es el sagrado intercambio: Cristo Jesús, al tomar nuestra naturaleza humana nos ha unido de modo admirable a la de Dios Padre.
Hijos de Dios somos por Cristo Jesús.
Esta es la grata noticia.
Vivamos la alegría, cantemos,
alabando al Señor
Oración después de la comunión
A cuantos celebramos alegres el nacimiento de nuestro Redentor, concédenos, Señor Dios nuestro, llegar así a la perfecta comunión con él mediante una vida santa. Por Jesucristo, nuestro Señor.
¡Mucha alegría en esta noche! Pero la que le pedimos al Señor después de la comunión es distinta de la que nos ofrece y nos da el ambiente social. No es una diversión que atonta, sino la alegría que anuncian los ángeles a los pastores: la alegría de la paz. Por esta paz, que viene del cielo, llegaremos “a la perfecta comunión con Jesús, nuestro Redentor, mediante una vida santa”. ¡De esto se trata: que lo amemos con un amor entrañable; y para alcanzar esto se nos regala en la comunión!
¡Cuántos silbos, cuántas voces
tus campos, Belén, oyeron,
sentidos bien de sus valles,
guardadas mal de sus ecos!
Pastores las dan, buscando
el que, celestial Cordero,
nos abrió piadoso el libro
que negaban tantos sellos.
(Luis de Góngora)