El Hijo se hizo carne. Cristología Fundamental.

Gabino Uríbarri Bilbao
El texto se divide en tres secciones: Diagnóstico que expone la estructura que tiene la Cristología, y abarca dos capítulos del texto: 1º Corrientes actuales de la Cristología. En ella se estudian la investigación exegética sobre la vida y doctrina del Jesús de los Evangelios, la relación con el pluralismo religioso de la cultura occidental, la incidencia del Concilio de Calcedonia y la relación entre Cristología y Pneumatología, pues el Espíritu, que cristificó a Jesús de Nazaret, es el don que nos concede ser hermanos suyos e hijos del Padre, filiación intensificada por la oración, potenciando nuestra evangelización y nuestra libertad en la obediencia. El texto cuida la metodología, habida cuenta de la exégesis de los Evangelios, de los dogmas cristológicos, de la cultura, etc.; uso e interpretación de Calcedonia, contenido de la Cristología y relación entre el Jesús histórico, su identidad y la forma como le conocemos y amamos. En el c. 2 se indican los temas a tratar en la Cristología: biografía de Jesús, qué aspectos predominantes de la cultura pueden dialogar con la filiación divina de Jesús en cuanto «cumbre del proceso de apropiación y de recepción del mensaje de Jesús, aspecto nunca deslindable del mensajero y de su autoridad» (55).
La segunda sección titulada Discusión contiene las tres fases de la investigación sobre el Jesús histórico con el preámbulo sobre los planteamientos de Reimarus y Strauss, la Teología liberal con sus biografías de Jesús, y la imposibilidad de elaborar una biografía —historie — de Jesús escrita por el primer Nobel de la Paz A. Schweitzer. La búsqueda del Jesús histórico, más allá del escepticismo Bultmann, estudia una alternativa que esté alejada, o en contradicción flagrante con las cuatro historias narradas por los Evangelios canónicos, asumidas por la ortodoxia cristiana y mayoritariamente seguidas y creídas a lo largo de la historia del cristianismo. El empleo certero y justo de los métodos históricos es de una ayuda imprescindible para alcanzar este fin, además de tomar sin prejuicio los componentes válidos que se encuentren en cualquier fuente, canónica o no canónica, sin absolutizar ninguna. La consideraciones dichas relacionan y aprecian en su conjunto los tres aspectos básicos que giran en torno a Jesús: la historicidad de algunos dichos y hechos; la comunidad que ha sido su depositaria y su transmisora, y la redacción de los escritores que los han servido a todas las generaciones posteriores. Los métodos de investigación, al final, han enseñado que, si se aprende a relacionar el Jesús de la historia y el Jesús confesado por las fuentes conocidas, se potencia la posibilidad de saber más de él que si se excluye por principio el ropaje y la razón última del porqué se ha puesto por escrito su vida, su ministerio y su significación. Es inviable deconstruir por completo al Jesús de la fe para alcanzar un Jesús biografiado con extrema objetividad, o según los hechos realmente acaecidos, y menos aún mantener su significación por la fe olvidando su vida situada en un contexto histórico concreto. Lo primero llevaría a crear tantas imágenes de Jesús como imaginación tengan los estudiosos, distanciándose de la historia; lo segundo a un fundamentalismo muy peligroso al alejarse de la racionalidad. No obstante esta intensa y dilatada investigación, debemos ser consciente que es imposible describir y narrar el Jesús real. No interesó transmitirlo a las comunidades primeras, más centradas en su identidad y efectos salvadores y presencia del Reino en la historia.- El Autor defiende la unión de naturalezas en la Persona divina del Verbo, acercándose más al monofisismo que al nestorianismo: «… es decir, una comprensión que asegure a todo trance la unión que parta de la hipóstasis trinitario del Verbo» (259).
La tercera sección llamada Propuesta se relaciona la Cristología de la Encarnación del Logos o de la Palabra, presencia divina en la historia, y la problemática que se siguió sobre las dos naturalezas unidas en la Persona filial divina. La Cristología del Espíritu aparece en la misma Encarnación, en el Bautismo, los misterios de la vida de Jesús y posterior desarrollo y expansión en el cristianismo del Imperio. La percepción y profundización de la incidencia del Espíritu en la Encarnación, misión de Jesús y resurrección hay que relacionarla con la soteriología: la salvación de la creación y de la humanidad siempre está en el horizonte de Jesucristo, que nos dona el Espíritu que nos hace hijos de Dios y hermanos de Jesús y fuente de nuestra santidad. También el Espíritu hace posible la relación con la Trinidad en la encarnación de la Palabra, y, por otro lado, también relaciona la Cristología con la antropología: Jesucristo es el nuevo Adán: «Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos» (Rom 8,29).
El texto lo ha elaborado el Autor con escritos anteriores; se nota en repeticiones y cierta carencia de una exposición lineal tanto en el Jesús histórico como en las reflexiones conciliares, que podría haber seguido el buen mensaje de B.E. Daley: «Es necesario, pues, estudiar, desarrollar y exponer la «teología clásica más allá de las lentes que emplea la definición de Calcedonia y, al mismo tiempo, a través de ellas». De aquí que Daley sintetice las cristologías de los Padres hasta la controversia iconoclasta, ofreciendo un panorama mucho más enriquecedor que la fórmula conciliar» (Cristo, el Dios visible, 48-49, en Carth 37 (2021) 292.
Ediciones Sígueme 2021, 379 pp., 15 x 23 cm.