Las Bienaventuranzas
Mateo (5,3-11) y Lucas (6,20-23) comienzan el Sermón con las Bienaventuranzas. Jesús anuncia que el Reino pertenece a los pobres, a los hambrientos y a los que lloran, por eso son dichosos, o bienaventurados. Declara las paradojas como si fuera un nuevo Moisés que desciende del Sinaí revestido de autoridad. Así proclama el nuevo proyecto de Dios sobre su pueblo, que son palabras de vida (Hech 7,38).
Dichosos los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece (Lc 6,20). Pobre es el que está escondido o el oprimido que tiene que mendigar para sobrevivir y, por tanto, no se le tiene en cuenta en las relaciones sociales. No es el pobre que trabaja por lo que sea. El pobre pasa de maldito a la cercanía de Dios. Dios se ha fijado en su desamparo, lo que hace que se fíe y confíe en Él. La paradoja de que los pobres serán dichosos no es por la pobreza, pues ésta no constituye un estado de felicidad, sino porque Dios va a reinar de inmediato: Yo sé que el Señor defiende al oprimido y hace justicia al pobre (Sal 140,13). Entonces recuperará su dignidad humana. De aquí la satisfacción, el gozo inmenso e interior que se manifiesta de una forma objetiva en compartir los bienes en este mundo como preámbulo de la dicha definitiva, cuando Dios instaure su Reino y dé la salvación a sus elegidos. Jesús lo demuestra: los pobres son los primeros a los que se les anuncia esta era de gracia y los primeros que hay que invitar frente a los que presuntamente tienen derecho al banquete, como sucede con Lázaro (Lc 16,19-31) o con aquellos que son capaces de cambiar de vida como Zaqueo (Lc 19,1-10).
Mateo añade que la felicidad es también para los pobres de espíritu (Mt 5,3). Del estado de pobreza se desplaza el sentido a la actitud humana de inferioridad: la humildad. Entonces la sumisión de los pobres a Dios se contrapone a la arrogancia de los prepotentes que cierran su corazón a las necesidades de su prójimo y se alejan de la voluntad divina. Está en la línea de la humildad que se exige a los que desean entrar en el Reino en contra de la vanidad de los escribas. La tercera bienaventuranza de Mateo: Dichosos los desposeídos, porque heredarán la tierra (5,5) es una concreción de la de los pobres y una cita del Sal 37,11. Prays se relaciona con la afabilidad (Mt 11,29) y está lejos de la violencia (Mt 21,5). Los pobres de espíritu y los desposeídos comprendidos como tolerantes comportan una triple dirección: hacia Dios siendo obedientes y sumisos, hacia la tierra utilizando sus bienes, y hacia el prójimo evitando cualquier brote de rechazo o alejamiento. Recibirán el Reino, porque constituyen en la actualidad el auténtico interés de Dios; poseerán la tierra, porque gozarán en el futuro de los bienes que lleva consigo el Reino: *disfrutarán de una gran prosperidad+, como termina el v.11 del Salmo 37. Por una causa y por otra vivirán la paz de la gente afable, modesta, benigna, en definitiva, la que experimenta la humilde confianza en Dios y no se irrita por el progreso de la maldad.