Cristo ha resucitado.
La Resurrección en el final de la Pasión de Marcos

L.A. Montes Peral
El texto forma una unidad con una obra anterior del Autor publicada en esta misma editorial en el año 2016: Dios mío, Dios mío, ¡por qué me has abandonado? La crucifixión de Jesús en la Pasión de Marcos. Ahora estudia el texto de Mc 16,1-8 donde se relata la tumba vacía y la Resurrección de Jesús por Dios Padre, que es un relato compuesto por la crucifixión y muerte, tumba vacía y resurrección. Ellos iluminan y dan significado a la pasión y muerte en cruz, sobre todo en la identidad de Jesús: «el Crucificado es el Resucitado. Y el Resucitado es el Crucificado» (18). La obra se divide en cuatro partes: los aspectos literarios de Mc 16,1-8; comentario teológico; historia y la espiritualidad de la Resurrección.
El libro se sitúa entre las coordenadas kerigmáticas y cultuales de la primitiva comunidad de Jerusalén. Del escrito transmitido por la tradición, el Evangelista añade, probablemente, cuatro párrafos: la mujeres van a embalsamar a Jesús muy temprano; cuando las mujeres entraron a la tumba y vieron a un joven vestido de blanco… les dijo… id a decírselo a los discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo —para Marcos Galilea tiene relevancia teológica : bautismo, tentaciones, anuncio del Reino, etc.—; salieron huyendo… y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían —en realidad no fue así: si tenemos el relato, es que lo dieron a conocer. — El relato tiene los apartados siguientes: 1º Presentación de las tres mujeres: son las mismas que están presentes en la fase final de la vida de Jesús y testigos de la peor forma de morir en aquellos tiempos; ahora van a embalsamar el cadáver y se encuentra con un personaje desconocido; 2º transmisión del mensaje del enviado divino a las mujeres, que también lo es para los lectores del Evangelio, y con la obligación de transmitirlos a Pedro y a los discípulos; 3º la reacción de las mujeres que les invade un temor sagrado. Las tres partes se fundan sobre dos pilares: el mensaje de la resurrección y su trasmisión a las mujeres.
La segunda parte versa sobre la interpretación de todo el relato. Pasado el sábado, el día que se consagra al Señor porque fue el que descansó después de los seis días de la creación, viene el primer día de la semana en el que se inicia otra creación: la Resurrección, la nueva vida que le da Dios Padre a su Hijo. Y son testigos directos las mujeres, que desde la muralla vieron donde habían enterrado a Jesús (cf Mc 15,40), y ahora se apresuran a embalsamar el cuerpo para que no se corrompa rápidamente. La piedra la encuentran apartada de la entrada, por eso acceden al sepulcro con facilidad. La sorpresa de ver al personaje que les anuncia la resurrección simboliza el nuevo mundo que Dios Padre ha iniciado, que hace cambiar la historia de Israel y la de la humanidad: no deben tener miedo; Jesús no está porque Dios Padre lo ha resucitado —no han robado el cadáver o lo han cambiado de lugar (Jn 20,11-18)—. Así se cierra las tres etapas históricas de Jesús: vida, crucifixión y resurrección. Las mujeres son testigos de todo ello y de su presencia en la comunidad cristiana. «El misterio del Abba, Padre (14,36), ha quedado revelado y desvelado en la Resurrección de su Hijo» (126).
Las dos últimas partes estudian a las mujeres que siguen el mandato del Ángel: que vayan a Galilea para decirles a los discípulos y a Pedro que el Crucificado ha resucitado. La fe, la esperanza y la caridad, la vida religiosa y la experiencia y la comprensión de la identidad de Jesús «pasan ineludiblemente por el encuentro con el resucitado y por el crisol del Evangelio, anunciado durante su vida terrena» (128). Desde el principio ha sido el objetivo y la intencionalidad del Evangelista. La tumba vacía, el mensaje del ángel y el regreso de las mujeres al origen de la revelación del Padre misericordioso en el entorno del lago de Galilea concluyen la primera redacción de la vida y doctrina de Jesús de Nazaret escrita para todos los cristianos de todos los tiempos.— La incidencia de la Resurrección en la vida de la Iglesia abarca tres dimensiones que deben estar presentes en ella, para que permanezca la espiritualidad de la vida nueva que Dios ha dado a su Hijo. Y lo debemos vivir con estos aspectos: El trinitario. La Trinidad es la que envía a Jesús, que la revela en su existencia y manda a los discípulos que se predique en su nombre para salvación de todos. Después en la perspectiva cristológica: Jesús resucita en todo su ser; no es que su alma perdure para siempre, como dicta nuestra cultura griega; o que sea revivificado, como lo fue Lázaro o la hija de Jairo. Por último la Resurrección nos afecta a todos los creyentes; por ella iniciamos en nuestra historia una vida nueva que se prolongará por toda una eternidad.— Es un texto muy clarificador y sobre todo cuando se le une a la obra citada de la crucifixión. Con los dos libros el Autor hace cumplida cuenta de la salvación que el Señor nos dona por la Muerte y Resurrección de su Hijo (cf Rom 6,1-14).
San Pablo, Madrid 2021, 229 pp., 14,5 x 21,5 cm