IV DOMINGO DE ADVIENTO

P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta

Derrama, Señor, tu gracia en nuestros corazones, para que, quienes hemos conocido, por el anuncio del ángel, la encarnación de Cristo, tu Hijo, lleguemos por su pasión  y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor.

Es una oración de petición muy en consonancia con el inicio y el fin de nuestra fe. Conscientes de haber recibido en el bautismo la fe en Dios, en la oración le pedimos que “derrame su gracia sobre nosotros”. La gracia ya la poseemos; lo que ahora le pedimos es que la aumente.
El haber conocido por el anuncio del ángel Gabriel que el Hijo de Dios se encarnó en el seno de María, es ya inicio de que vamos por buen camino. Pero conocer la verdad no nos exime de seguir buscándola y profundizando en ella, para que poseyéndola más y más lleguemos a alcanzar su plenitud según nuestra capacidad.
La Iglesia, nosotros, al afirmar la encarnación del Hijo de Dios, afirmamos también que uno de los motivos de esta admirable obra de Dios es la redención de toda la humanidad. La encarnación está estrechamente unida a la pasión y cruz de Jesús, por la cual llegamos a la gloria de la resurrección.
Cercana ya la Navidad, nada mejor que pedirle al Señor esta abundancia de gracia para que la podamos celebrar con alegría espiritual desbordante (cf. colecta tercer domingo).

María esperaba con inefable amor de madre
el nacimiento de su Hijo

Oración sobre las ofrendas
El mismo Espíritu, que cubrió con su sombra y fecundó con su poder las entrañas de María, la Virgen Madre, santifique, Señor, estos dones que hemos colocado sobre tu altar. Por Jesucristo nuestro Señor.

El Espíritu Santo y la aceptación de María del ofrecimiento que se le hacía, hizo posible la encarnación del Hijo de Dios en ella. Como una nueva “encarnación” se realiza sobre el altar siempre que celebramos la Eucaristía. Y para esta “nueva encarnación” hemos colocado sobre el altar los dones de pan y vino.“Sabemos que no puede existir el cuerpo, si previamente no ha sido consagrado por la palabra. Y nada tenemos ni vemos corporalmente en es mundo del Altísimo mismo, sino su cuerpo y su sangre” (San Francisco de Asís, Carta a los clérigos)

“Mi corazón saltará de gozo por tu salvación;
cantaré al Señor por el bien que me ha hecho,
con himnos de alabanza” (San Francisco de Asís)

Oración después de la comunión
Dios todopoderoso, después de recibir la prenda de la redención eterna, te pedimos que crezca en nosotros tanto el fervor para celebrar dignamente el misterio del nacimiento de tu Hijo, cuanto más se acerca la gran fiesta de la salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

¿Quién podrá darle a Dios Padre las gracias que Él se merece por habernos regalado a su Hijo? Sin embargo, ahora, en este momento en el que lo hemos recibido, le pedimos crecimiento de fervor, sentir gozo que nos entusiasme, de tal modo que nos impulse a “celebrar dignamente el misterio del nacimiento de su Hijo”. Su recuerdo y celebración no debe quedar sólo en sentimientos pasajeros, en fervores de rocío, sino que, introducidos por el mismo Dios en el misterio de la Navidad, crezca en nosotros el amor agradecido. Es nuestra fiesta de la salvación: Cristo nace y nosotros renacemos. La oración nos avisa: está ya cercana la fiesta; crezca también nuestro deseo y fervor.
Dijo Jesús al entrar en el mundo: “He venido, Señor, a cumplir tu voluntad”
A María le dijo Isabel: “Dichosa tú, que has creído,
porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.
A nosotros se nos dice: Creced en la fe para cumplir la voluntad de Dios.

 

 

 

 

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