SANTA ÁNGELA DE FOLIGNO


Fray Contardo Miglioranza OFMConv
curiamsa@sicoar.com.ar


            Ángela de Foligno, por los altos quilates de sus experiencias místicas y de su doctrina, ha sido proclamada «maestra de los maestros’, «maestra de los teólogos» y «mística por antonomasia». Se considera a Ángela de Foligno inspiradora de importantes aspectos doctrinales de Santa Teresa de Jesús. Y hasta se llega a establecer entre ellas un paralelo: «Ángela y Teresa son indiscutiblemente dos reinas en el campo de la espiritualidad: Teresa a través dé la enseñanza detallada y completa de los caminos de la oración; Ángela a través de la exploración del más allá»*.
«De la vida mística —sintetiza brillantemente otro autor— Teresa es la gran fenomenóloga, mientras Ángela es la gran metafísica». «En la pléyade de las grandes místicas de las que está sembrada la historia de la Iglesia, Ángela brilla con un esplendor singular, único, por la intensidad de su experiencia, la profundidad de
sus conceptos y la atrevida vivacidad de su expresión.
Sus escritos no han sido, quizás, superados en belleza. Por su magisterio, ha sido objeto de encendida admiración de parte de santos, doctores, sumos pontífices y escritores de la talla de san Francisco de Sales, Bossuet, Fénelon, san Alfonso de Ligorio,Benedicto XIV…
Innumerables ediciones italianas, francesas, holandesas, alemanas e inglesas a lo largo de los siglos atestiguan en los lectores un ansia y un interés creciente de empaparse en las puras fuentes de su espiritualidad, la que se halla alimentada por las más deslumbradoras visiones místicas, sostenida por una reflexión profunda y embellecida por la coherencia y la autenticidad de un heroísmo hasta la santidad.
En español, luego de la edición príncipe del año 1510 por obra del Card. Francisco Jiménez de Cisneros y de otras dos alrededor del año 1600, la nuestra, si no nos equivocamos, es la cuarta versión y edición del libro de Ángela. Y confiamos que, gracias al primaveral reverdecer de actividades franciscanas, nuestro trabajo impulsará nuevos estudios y hará macollar amplios vástagos de nuevas ediciones y monografías.
«Ángela correspondió plenamente a, la misión que Dios le confió de nutrir las generaciones
cristianas de esa sabiduría divina de la que fue depositaría». Haré en ti grandes cosas en presencia de los pueblos— le había insinuado la voz interior— y en ti será conocido y alabado mi Nombre de parte de muchas naciones. El interés siempre vivo por sus escritos, ahora más que nunca, es una señal manifiesta de la actualidad perenne de su mensaje de vida. Un libro que nace del corazón y va al corazón no perece, porque es un eco de la Vida y del Amor».


Bosquejo biográfico


La historia exterior de Ángela es el marco de su historia divina. Nace en Foligno (Umbría) a unas tres leguas de Asís en el año 1248 en el seno de una familia opulenta. Crece fornida y robusta, de talla superior a la normal, de rostro redondo y rosado. Sus sentimientos son nobles y altivos; su inteligencia, despierta e inquieta; su espíritu, positivo y concreto; su voluntad, dominadora; su lenguaje, ágil, brillante y a menudo burlón. Tiene de la vida ideas precisas. No sabe escribir, pero sabe leer y entiende el latín. Sobre todo, tiene un corazón ardiente.
Ama la comodidad, el bienestar y el lujo. Tiene gustos exquisitos por la elegancia. Es, en fin, una gran dama que triunfa en el mundo gracias a sus prendas y a su coquetería. Muy pronto se casa y tiene hijos. Quizás el matrimonio no le depara la felicidad soñada. Pero lo que aflige a su corazón es un gran vacío interior. Dios, poco o nada, entra en su vida. Su cristianismo es el de muchos, banal y superficial. Hasta había tomado la costumbre —lo confiesa ella misma— de acercarse de manera indigna a los sacramentos.
A los treinta y siete años se siente llamada por Dios. Su respuesta es inmediata. Pero tiene la conciencia torturada por el pecado. Ante todo siente la necesidad de liberarse del enredo moral en que se halla. El dulce Francisco de Asís la guía en esos primeros pasos. Su primer confesor es el franciscano Fray Arnaldo, pariente, compatriota y futuro redactor de sus confidencias.
La conversión de Ángela provoca la incomprensión y la hostilidad de la madre y de los demás familiares. Lejos de retroceder, Ángela se afirma cada vez más en el camino emprendido. «La elección total de Dios la coloca en la disposición interior de perderlo todo por Dios: madre, esposo, hijos, bienes. Dios le toma la palabra y al poco tiempo sucede la muerte de todos sus seres queridos, quedando sola en el mundo.
Pese a las rebeldías y a las resistencias de todo su ser, poco a poco el despojo al que Dios la llama llega a ser total y le facilita la consagración a Dios a través de los votos de terciaria franciscana. La generosidad de Ángela conmueve el corazón de Dios, quien le dirige esta estremecedora pregunta: «¿Qué quieres?». Ángela contesta con la audacia de un alma apasionada: «No quiero oro ni plata; y aunque me dieras el mundo entero, yo no quiero nada más que a ti».
Luego Dios la alienta con una pasmosa promesa: «Apresúrate, porque, cuando hayas cumplido todo, toda la Trinidad vendrá a ti». Esa promesa se cumple en la gran peregrinación a Asís para el novenario de las fiestas de san Francisco. Estamos antesde setiembre del año 1291. Durante la peregrinación, y más aún dentro de la
misma basílica del Santo, Ángela experimenta la presencia, las palabras y la acción de Dios en ella, o sea experimenta la plena y extasiante inhabitación de Dios en su alma. Ante esa invasión de lo sobrenatural, el cuerpo es incapaz de resistir y cede. Es entonces cuando se manifiestan algunos raros fenómenos psicosomáticos, como crisis de llanto y de nervios, espasmos, desfallecimientos y gritos.
La indignación se apodera de los frailes de los peregrinos presentes. Ignorando lo que pasa en el interior de Ángela, todos desaprueban el escándalo y juzgan severamente a la sierva de Dios como histérica y epiléptica o, en el peor de los casos, como endemoniada. Más tarde. Fray Arnaldo, después de haber obligado a Ángela a hablar y a manifestarle sus secretos, al oír esas prodigiosas revelaciones, se siente transido de vergüenza, estupor y miedo: vergüenza por haber criticado tan dura y precipitadamente los fenómenos de Ángela, estupor ante esas extraordinarias manifestaciones espirituales y miedo por la sospecha de alguna posible intervención diabólica.
Fray Arnaldo comienza a hacer unas anotaciones con el deseo de someterlas en consulta a algún maestro más experto de las cosas espirituales. Pero, poco a poco, luego de los más severos controles que lo honran a él y nos benefician a nosotros, ese recelo desaparece por completo, para hacer triunfar los puros esplendores de la verdad y los inefables gozos de la experiencia de Ángela.
La composición del Memorial de Arnaldo, que forma la primera parte del libro, dura cuatro años (1292-1296). Más adelante, llegada a las cumbres de la más insondable contemplación mística. Ángela no confía más a sus hijos sus experiencias íntimas. Si alguno la interroga, sólo atina a contestarle: «¡Mi secreto para mí!». Esos vislumbres de cielo son anticipo y arreboles de la felicidad eterna.
Muy pronto esa rica y prodigiosa vida mística comienza a dar abundantes frutos en los hijos espirituales de Ángela. Dios se lo había prometido: «Tú tendrás hijos». Innumerables personas, humildes y doctas, laicas o eclesiásticas, deseosas de seguir sus huellas, acuden a Ángela y forman su familia. Y Ángela dispensa a todos los dones de la sabiduría y de la doctrina de que Dios la había colmado..

            En medio del llanto inconsolable de sus hijos que la invocan con entrañable cariño: «¡Madre!», el 4 de enero de 1309 el alma de Ángela fue arrebatada a la tierra y llevada al seno de la adorable Trinidad.

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