Si la palmera supiera…

Francisco Javier Díez de Revenga

El 23 de diciembre de 1962 se estrenaba en Madrid en el Teatro María Guerrero la única obra dramática del poeta Gerardo Diego (Santander, 1896-Madrid, 1897):El cerezo y la palmera. Retablo escénico en forma de tríptico. Una reciente edición,en Rialp, en su colección Doce Uvas, a cargo del catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha Francisco Crosas, que se ha encargado del prólogo y las notas,ha puesto de actualidad esta obra que obtuvo el Premio Calderón de la Barca de teatro de 1960 y por ello mereció estreno y representación en tan prestigioso coliseo madrileño.

Integrada en la tradición española de las representaciones de Navidad, que se inicia con el Auto de los Reyes Magos, y continúa con las obras de Gómez Manrique hasta llegar al gran Lope de Vega, fusiona poesía, arte dramático, música y plasticidad escénica en un conjunto verdaderamente singular y muy olvidado, como señala Francisco Crosas en su prólogo, al señalar que se trata de un excelente «auto navideño de muchos quilates».

El propio Gerardo Diego explicó que la obra está organizada en forma de tablas para que sea a la vez poética y teatral, pero también como un retablo de pintura que represente el nacimiento de Jesús. Las tablas laterales se corresponden con los símbolos del cerezo y la palmera, que dan título a la pieza,y la acción se establece en tres jornadas o tres partes que tienen lugar en Galilea, en Belén, y en Nabatea y Egipto, con dos ángeles intérpretes que señalan, predicen o exaltan lo que va a ocurrir o está sucediendo.

Hay un poema, integrado en este retablo navideño, que ha conocido singular fama y celebridad en el ámbito de la obra poética de Gerardo y en el de los villancicos navideños, el conocido como villancico de La palmera, que incluye el poeta como conclusión del retablo y pone en boca de los personajes Ángel I y Ángel II: «Si la palmera supiera / que sus palmas algún día… /Si la palmera supiera / por qué la Virgen María /la mira… / Si ella tuviera… /Si la palmera pudiera… / La palmera…»

Hay muchas variantes de este poema, desde que se creó en 1938. Y una de ellas está relacionada con nuestra región, con las fiestas de la Virgen de Agosto y el Misterio de Elche, y con una historia entrañable en relación con las andanzas y viajes del poeta por España. Gerardo Diego deja un texto manuscrito durante su visita al Huerto del Cura, en Elche, el 16 de agosto de 1943, hace ahora ochenta años, que se conserva en el libro de autógrafos de la institución. Escrito a pluma, en tinta verde, contiene una distinta ordenación de los versos del villancico y una variante respecto a los dos textos editados por el poeta, sin duda porque Gerardo lo escribió de memoria recordando su poema, impresionado por sentirse rodeado de palmeras: «Si la palmera supiera / por qué la Virgen María / suspira cuando la mira, / Si la palmera supiera / que sus palmas algún día… / … si la palmera supiera / … la palmera …». El poeta, al recordar su villancico, añade un nuevo sentimiento atribuido a la Virgen y concentrado en el verbo «suspira»

En la cronología de Gerardo Diego, elaborada por su hija Elena, figura en 1943 lo siguiente: «Agosto: Invitado como huésped de honor viaja a Elche a las representaciones del Misterio».Y sabemos mucho de esta visita suya a Elche en 1943. Asistió a las representaciones del Misterio los días 13 y 15 de agostocomo huésped de honor. En 1943, la festa se desarrolló en varios días. Y este año, excepcionalmente, el día 16 se celebró un acto público en la basílica con el voto de Elche en defensa el misterio de la Asunción de la Virgen.

Gerardo presenció todos los actos y permaneció en Elche hasta el día 18. Ese día escribe el artículo que publicaría un año después en la revista del Misteri Festa d’Elig, en el que recordaría la significación de la festa y destacaría: «La portentosa unidad del «Misterio», su magnífica arquitectura total con elementos tan diversos en el tiempo y en el espacio, están tan logrados que un poderoso sobrecogimiento toma posesión de nosotros desde el comienzo y no nos abandona hasta la arrebatadora apoteosis final». El 15 de agosto de 2013 el Huerto del Cura conmemoró el septuagésimo aniversario de la visita de Gerardo Diego y descubrió una placa con el texto del villancico, tal como Gerardo Diego lo había escrito en el álbum de autógrafos de la institución ilicitana.

 

 

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