XXIV Domingo T.O.

P. Ruiz Verdú OFM
Oración colecta
Míranos, Dios nuestro, creador y Señor del universo, y concédenos servirte de todo corazón, para experimentar los efectos de tu amor.
En la oración colecta de hoy le pedimos a nuestro Dios que nos mire con ojos de misericordia. La mirada de Dios es siempre salvadora: nos mira para que descubramos cómo es nuestra conducta en relación con Él. Sentir la mirada de Dios es un don del mismo Dios, pues ella nos ilumina en nuestro caminar hacia Él. Debemos estar agradecidos. La mirada de Dios no nos quita la libertad en nuestro obrar, más bien nos ayuda a ser más libres, pues aceptar su mirada es alegría para nuestro corazón y ánimo para seguir siendo cristianos, pues Dios es el «creador y Señor del universo; es guía nuestra vida. Y le pedimos también que nos conceda «servirle de todo corazón», con sinceridad y ánimo confiado. Y sentir así su amor actuando en nosotros.
«Si vivimos, vivimos para el Señor;
si morimos, morimos para el Señor»
(Rom 14,8)
Oración sobre las ofrendas
Escucha nuestras súplicas, Señor, y recibe con bondad la ofrenda de tu pueblo, para que los dones presentados en honor de tu nombre sirvan para la salvación de todos.
Comenzamos con una petición: que el Señor se digne escuchar favorablemente nuestras peticiones. ¿De qué clase son las peticiones que presentamos al Señor cuando nos reunimos para celebrar la Eucaristía? ¿Qué relación hay entre el pan y el vino que hemos puesto sobre el altar y nuestras súplicas? Cada uno de nosotros habrá presentado las suyas, tal vez las que más le preocupan. Sin embargo, la oración de la Iglesia nos invita a que presentemos aquéllas que sirven para la salvación de todos. Es petición en favor de todos. Es por todos los que celebramos el misterio pascual de Jesús, por quienes Jesús se ofreció al Padre en la cruz. Y por los que se hace presente en el altar, dándose en comida y bebida.¿Quién es Jesús para ti? ¿De qué le sirve a uno decir que es cristiano, si sus obras no son las de un cristiano?
“Poned en práctica la Palabra
Y no os contentéis con oírla ,
engañándoos a vosotros mismos”
(Sant 1,22)
Oración después de la comunión
Te rogamos, Dios nuestro, que el don celestial que hemos recibido impregne nuestra alma y nuestro cuerpo, para que nuestras obras no respondan a impulsos puramente humanos sino a la acción de este sacramento.
La oración que dirigimos a Dios después de la comunión es de acción de gracias y de petición. Hoy queremos que el fruto espiritual del sacramento eucarístico que hemos recibido no sólo favorezca nuestra alma, sino que se extienda también a nuestro cuerpo.
Uno de los frutos de la Eucaristía es la salud de nuestro cuerpo, dar vigor a nuestra debilidad, reanimar nuestra esperanza, alegría y fortaleza en el dolor, porque nos une al sufrimiento de Cristo y a su fortaleza. Y no sólo eso, nos une de un modo especial a su resurrección y glorificación.
Por todo ello, si con fe recibimos a Cristo, nuestro cuerpo participa realmente de su Persona, haciéndonos uno con él; todo lo cual repercute en nuestro cuerpo, pues no podemos separar el cuerpo del alma.
Le hemos pedido al Señor que en nosotros siempre permanezcan los frutos del sacramento, -el sentimiento es fugaz-, pues necesitamos ser firmes en la fe.
Señor, crea en nosotros un corazón semejante al tuyo,
para que siempre caminemos según tu querer
y no nos inquietemos por las dificultades del camino.