Sexto Dolor 

 

María recibe el Cuerpo de Jesús al ser bajado de la Cruz

«Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro noble del Sanedrín, que también aguardaba el reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro» (Marcos 15,42-46)

Muerto Jesús, se procede a su entierro. Todos los Evangelios coinciden en un nombre para cumplir esta misión: José, procedente de Arimatea, la actual Rantís, un pueblecito situado a 30 km. al nordeste de Jerusalén. Él pide el cadáver a Pilato y se encarga de la sepultura: «Ya anochecía; y como era el día de la preparación, víspera del sábado, José de Arimatea, consejero respetado, que esperaba el Reino de Dios, tuvo la osadía de presentarse a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que ya hubiera muerto. Llamó al centurión y le preguntó si ya había muerto. Informado por el centurión, le concedió el cuerpo a José. Éste compró una sábana, lo bajó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca. Después hizo rodar una piedra a la boca del sepulcro» (Mc 15,42-46par).

José es un «consejero», es decir, una persona respetada por su pueblo debido a su piedad, a su influencia social, o a sus posesiones. También puede significar que pertenece al Sanedrín, como dice Lucas, pero entonces se obliga a aclarar de inmediato que no interviene en la condena de Jesús (Lc 23,51). En cualquier caso no procede de Galilea y no ha venido a Jerusalén siguiendo a Jesús, como los Doce o las mujeres citadas antes. De hecho nadie de sus seguidores se apresta a ayudarle a enterrar a Jesús. Que sea «justo y honrado» (Lc 23,50) corresponde a una persona influyente y abierta a las nuevas propuestas que entraña el Reino, como tantos piadosos judíos, al estilo del letrado que coincide con Jesús sobre el mandamiento del amor a Dios y al prójimo y al que le dice: «No estás lejos del reino de Dios» (Mc 12,28-34). Para Juan, José es «un discípulo clandestino», 19,38(161); para Mateo es ya decididamente un «discípulo» y «adinerado» (Mt 27,57), ampliando la propuesta de Marcos. Con ello justifica Mateo que entierra a Jesús «en un sepulcro nuevo que se había excavado en la roca» (Mt 27,60), hecho que confirman Lucas (23,53) y Juan (19,41). A pesar de que José de Arimatea no sea un discípulo, se hace cargo del cuerpo de quien oficialmente es un excluido y condenado por la sociedad y el Imperio, aunque sea su nivel social lo que le permite acceder a Pilato para pedirle el favor. He aquí una de las claves por las que se recuerda en las comunidades cristianas su acción generosa y su progresiva inserción entre los seguidores de Jesús.

Así, pues, los soldados bajan a Jesús de la cruz y le entregan el cuerpo a José, toda vez que su muerte adquiere carácter oficial al saber Pilato por el centurión que ya ha fallecido. José actúa solo en apariencia, aunque se supone que es ayudado por algunos criados. No se nombra a nadie del entorno cercano a Jesús, porque los discípulos andan huidos, las mujeres y familia desaparecen de la escena al prohibirse cualquier acción sobre el reo muerto que dignifique su entierro, como es costumbre en la cultura judía. No se limpia el cuerpo de Jesús ni se le unge antes de enterrarlo.

 

 

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