Enséñanos a orar. El libro de los Salmos.
Lectura cristiana.

Xabier Pikaza
El libro de los Salmos se ha compuesto entre los siglos IX al II a.C. y es usado por los judíos y cristianos religiosos. Se ha intentado sustituirlos tanto el judaísmo ―los Hodayot, pertenecientes a la tradición esenia; los salmos de Salomón, con acento nacionalista y militar; las Dieciocho bendiciones, que serán un texto oficial en el judaísmo―, como en el cristianismo ―los himnos transmitidos en las cartas paulinas y Hebreos; las bendiciones del Apocalipsis; los tres salmos de Lucas 1-2, y algunas oraciones recogidas en los Hechos de los Apóstoles―, sin embargo se han mantenido como la oración comunitaria fundamental de la liturgia judía y cristiana. El Cristianismo conserva los Salmos para fundamentar la oración en la Palabra revelada y condenar la negación de Marción de los textos del AT en la revelación cristiana. En segundo lugar se mantienen los Salmos para acentuar la dimensión histórica y relación esencial con la oración de Jesús y de sus discípulos y de las primeras comunidades judeocristianas. También para que se sitúe ante los ojos divinos el sentido del dolor, el pecado y el mal como la atención de los marginados y excluidos de la sociedad (20). A ello se añade que, al ser la forma básica de la oración judía, Jesús la resume en al Padrenuestro (cf Lc 11,2-4; 6,9-13) como oración fundamental del cristianismo y síntesis de todos los Salmos.
Los 150 Salmos tienen una introducción contextual, histórica y temática antes de la lectura de cada uno. Después se explican los términos clave del Salmo, citando los versos que les corresponden y, por último, una reflexión y actualización a la espiritualidad cristiana actual. Tomamos como ejemplo el Salmo 51 (50), tantas veces rezado en las oraciones comunes y personales de los judíos y cristianos. No se trata de un Salmo de penitencia o conversión, sino que se alaba y confiesa al Dios que perdona. El pecado hiere y mata al prójimo y también rechaza a Dios tanto en sí mismo contemplado como en su presencia en la Creación y en los hombres (cf Mt 25,31-56). Se explican los términos Misericordia (vv. 3-11): experiencia de Dios de un pecador que ya ha sido perdonado de su pecado; ya no permanece en él gracias a la voluntad divina de salvación (vv 3-4); también el pecador reconoce la culpa, porque «solo quien ha sido transformado, limpiado, purificado por Dios puede confesarse en verdad pecador» (vv. 51-56); la dimensión humana del pecado inscrito en nuestra historia humana desde Adán y Eva, pero a pesar de la fragilidad Dios le da la firmeza, la gracia, la fidelidad y la misericordia (vv. 7-8) y hace capaz de crear un corazón puro y un espíritu firme y generoso (vv.12-19). El creyente perdonado, ahora es testigo ante la comunidad del perdón divino (v.14) en contra de los que quieren reconstruir a Israel de forma violenta (v. 16; cf Sal 50,16-20; Mt 23,35). En fin, un corazón humillado vale más que los sacrificios rituales, situándose en un camino en el que, más adelante, continuarán los profetas y Jesús (Os 6,6-7; Mt 9,10-13; 12,1-8; Jun 4,21). En definitiva, es un Salmo muy rico en la espiritualidad interior y en la relación de Dios misericordioso con todos los hombres; está más allá de la justicia y la venganza ante el mal, actitudes que se fijan también en Dios. Con todo, habría que superar las barreras del nacionalismo con sus improntas militares y sociales, o de hacer hincapié en una penitencia más propia de Juan Bautista que de Jesús, como excluir la humillación humana como la forma más agradable a Dios; en fin, sería mejor asumir y responder la relación gratuita y libre del amor de Dios (269-270).
El Vocabulario es muy interesante y rico (735-808), cuya finalidad es situar mejor el contenido y el mensaje de los Salmos, en una línea teológica (735). Citamos el término Bendición: es fundamental en los salmos; con ella se alaba y da gracias al Señor, se recibe su bendición, como también el creyente bendice al Señor. Hay tres salmos de bendiciones: del Señor a toda la tierra; bendición de un padre de familia (128,4-6); bendición del cambio de turno de levitas en el templo (134,3). Los Salmos de Bienaventuranza tienen un carácter sapiencial y de confianza en el Señor y se une a la piedad y felicidad personal y social, a la riqueza y a la salud, muy diferentes a las bienaventuranzas de Jesús (cf Lc 6,20-26; Mt 5,1-11). Las formas literarias de los Salmos son: Himnos de alabanza; salmos reales; cantos de Sión; súplica individual; acción de gracias individual; confianza individual; súplica colectiva; acción de gracias colectiva; confianza colectiva; salmos didácticos , de tipo litúrgico; salmos proféticos e históricos y salmos sapienciales. Juicio: estos salmos entienden la vida como un juicio permanente, de ahí su proclama de inocencia ante Dios y ante los jueces del tribunal del templo de Jerusalén. Estos salmos transmiten las razones de las personas que se consideran inocentes ante las acusaciones de los demás o ante Dios. Liberación: defienden estos salmos la libertad y la justicia contra todo tipo de opresión y persecución a los huérfanos, viudas y extranjeros. Junto a esto están los 7 salmos de liberación personal: 23,30,91,121,125,126,127; describen una triple dimensión de la libertad: ante sí mismo, ante los demás y ante Dios. Misericordia: es el atributo fundamental de Dios; constituiría su naturaleza divina; es el ser divino que se entiende muchas veces como piedad, ternura y comunión de amor entre los hombres, o perdón para los pecadores o salvación para los opresores.― Es una obra muy importante para la piedad cristiana, pues ayudaría sobremanera al rezo colectivo y personal de la Liturgia de las Horas que hacen tantos colectivos y personas religiosas de la Iglesia.
Verbo Divino, Estella (Navarra) 2023, 827 pp., 16 x 24 cm.