Del profeta Ezequiel 37,12-14.
Así dice el Señor:-«Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago». Oráculo del Señor.
La misión de Ezequiel en estos momentos de su actividad profética era crear esperanza en el pueblo exiliado. Esto explica la visión de los huesos de 37,1-11, e interpretada en los v.12-14, que corresponde a la lectura de hoy. El profeta tenía que infundir nuevos ánimos en sus oyentes, un tanto perplejos y perdidos por la situación que tenían que vivir. Los huesos secos son la metáfora de las tribulaciones y sufrimientos que disminuyen la fuerza vital y corroen las raíces de la existencia (Sal 31,11). Los v.12-14 radicalizan la imagen, pasando de la metáfora de los huesos al sepulcro. El profeta les anuncia que Dios abrirá sus tumbas y los sacará de este ámbito de muerte: el exilio. La lectura de hoy pertenece a los oráculos que pretendían alentar al Israel de aquel tiempo: Ez 33-37.
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8,8-11.
Hermanos: Los que están en la carne no pueden agradar a Dios.Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.
Rom 8 gira en torno al tema de la novedad de la vida animada por el soplo del Espíritu. El tema se desarrolla en tres etapas: la ley del Espíritu y la libertad de los hijos (v.1-7); el compartir los sufrimientos y la gloria (v.8-30), y el amor de Dios y de Cristo por nosotros (v.31-39). “Permanecer en la carne” significa en este caso estar ya muertos y paralizados por la fuerza del pecado; parafraseando la primera lectura, vivir la corrupción del sepulcro. La vida del creyente, animada por el Espíritu, asume las connotaciones de una resurrección continua, un camino luminoso entre las maravillas de Dios. El Espíritu es el gran protagonista de Rom 8. Lectura en la fe: La persona fácilmente puede verse a sí misma desde su área personal, a veces considerada intocable, pero que puede conducir a un espíritu mezquino, aunque paradójicamente uno puede estar contento consigo mismo. La palabra divina nos recuerda que aunque nos empeñemos también existe otro ánimo en nosotros que no debemos dejar apagarse: el nivel del espíritu de Dios.
Lectura del santo Evangelio según San Juan 11,1-45.
En aquel tiempo […] las hermanas [de Lázaro] le mandaron recado a Jesús, diciendo: -Señor, tu amigo está enfermo. Jesús, al oírlo, dijo: -Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: -Vamos otra vez a Judea.
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. […] Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: -Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. Jesús le dijo: -Tu hermano resucitará. Marta respondió: -Sé que resucitará en la resurrección del último día. Jesús le dice: -Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? Ella le contestó: -Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.
Jesús, […] muy conmovido preguntó: -¿Dónde lo habéis enterrado? Le contestaron: -Señor, ven a verlo. Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: -¡Cómo lo quería! Pero algunos dijeron: -Y uno que le ha abierto los ojos , a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste? Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba. (Era una cavidad cubierta con una losa). Dijo Jesús: -Quitad la losa. Marta; la hermana del muerto, le dijo: -Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días. Jesús le dijo: -¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: -Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tú me has enviado. Y dicho esto, gritó con voz potente: -Lázaro, ven afuera. El muerto salió, los pies y las manos atadas con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: -Desatadlo y dejadlo andar. Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
COMENTARIO
1.-Contexto. Jesús inicia el viaje a Jerusalén con sus discípulos, donde será crucificado (Jn 7,1-8). En esto le llega la noticia de la gravedad de su amigo Lázaro. Y su muerte la va a convertir en la revelación de la verdadera Vida. Jesús tarda dos días para ir a Betania, el tiempo suficiente para que Lázaro muera y provocar el signo de su resurrección. Un signo que se engrandece con el reproche de la familia, amigos y vecinos de Lázaro y la descomposición de su cuerpo. Estamos de nuevo observando el doble plano que expone el Evangelista: el agua de la samaritana y la vista del ciego de nacimiento; con Lázaro: su vida corporal y su vida espiritual o de resurrección. Jesús ora al Padre, el origen de la vida y de la salvación. Y desde Él resucita a Lázaro ante la admiración de todos. Como la samaritana, los vecinos de Samaría, el ciego de nacimiento, los que han contemplado la salida del sepulcro de Lázaro, creen en Jesús como Mesías. Y otros determinan su muerte, precisamente al que es y representa la Vida (cf. Jn 12,10-11).
2.- Mensaje. La muerte y descomposición del cuerpo de Lázaro es el sacramento del pecado, que aleja a los hombres de Dios y, por consiguiente, se distancian de quien es el dador de la toda vida. El pecado es el que origina la muerte, al enfrentar a los humanos y trazar una historia de violencia y destrucción por doquier. Jesús, «la resurrección y la vida» ha venido para que «tengamos vida y la tengamos en abundancia» (Jn 10,10). Y esta vida comienza aquí y ahora, no hay que esperar al final de los tiempos cuando el Señor clausure la historia, como cree Marta. Jesús le enseña y nos comunica que la vida la trae él, es él la relación de amor misericordioso divino. Por eso no sólo está cuando Dios crea todas las cosas: todo lo ha hecho por él, sino cuando las recrea perdonando los pecados, curando a los enfermos, dando de comer y señalando los caminos donde debemos encontrarnos los hombres.
3.- Acción. Dios, como lo revela Jesús, es vida: el universo, las plantas, los animales, los hombres, los espíritus. Y la defiende porque forma parte de su ser. Por eso sufre cuando cualquier criatura existente padece y muere. Es lo que simboliza el llanto de Jesús. Ello nos invita a tres tareas fundamentales: la primera es crear y transmitir la vida con la institución y defensa de la familia en la que nacen los hijos. Además tenemos que crear los medios para defender la vida, como son el pan, el agua y la formación y establecer las dimensiones de justicia y libertad para que esa vida sea realmente humana. Y la vida también son los campos, el mar, la atmósfera, el universo, los pájaros, las plantas, los animales. La segunda es recrear la vida allá donde se ha muerto, o está herida, o no ha crecido porque se le impide o no ha sabido o no se le ha enseñado desarrollarse. Las tercera es aprender y saber llorar cuando se nos escapa o rompe relaciones de amor que hemos vivido: unos padre